Mide 97 centímetros, tiene 56 años y padece acondroplasiaun tipo de trastorno genético óseo poco común que se careteriza por producir en las personas brazos y piernas cortas y cabeza grande. A simple vista esta podría parecer de una historia triste, pero no. Es la historia de un guerrero, que con su ímpetu como armadura y su conocimiento como estantarte, ha logrado ganarle la batalla a los obstáculos de la vida. 

Roberto Pardo Ángel es una fiel muestra de que la grandeza no la hace la estatura, sino el don de gente. Este biólogo marino, egresado de la Universidad del Valle, es una de las personas que más sabe en Colombia sobre estrellas de mar y erizos de la Costa Pacífica colombiana. Su tesis de grado sobre la biogegrafía de los equinodermos le valió para obtener el Premio Nacional de Ecología Hernando Patiño. 

"Cuando le dije a mi familia que quería estudiar biología marina me dijeron que no, que esa era una carrera para gente grande y que por mi tamaño me podrían comer los tiburones", indicó Roberto en medio de risas. "Decían que esa no era una carrera para el futuro, que estudiara administración o algo así, pero yo insistí porque ese era mi sueño", comenta.

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Su gusto por el mar y las especies que allí habitan, las adquirió desde muy pequeño. Al observar los libros y escuchar las conversaciones que sostenían sus tíos Leonor Ángel y Édgar Ramírez mientras estudiaban biología marina, su interés y pasión por esta disciplina fue creciendo. Finalmente, su lucha le otorgó una gran victoria. Sus padres aceptaron que estudiara esa carrera. "Haga lo que usted realmente quiera", dijo mi madre Beatriz Ángel. 

"Desde muy temprana edad mi familia me impulsó mucho a ser amante de la flora y fauna, y por eso programas como Naturalia, con Gloria Valencia de Castaño, eran de mis favoritos", sostiene este bogotano. 


Pese a su enfermedad, Roberto jamás se ha dado por vencido. Foto: archivo particular. 

Al igual que Jacques Cousteau, uno de sus autores predilectos, Robertico, como le llaman las personas más allegadas a él, es amante de la aventura, la investigación y la exploración. "¿Se imaginan si Jacques Cousteau hubiera sido colombiano y midiera 97 centímetros?. Bueno, es una buena manera para hablar de mí, de lo que me apasiona", señaló este entusiasta hombre que hace unos años recibió la Mención de Honor por la Investigación y Conservación de los Recursos Naturales del Litoral Pacífico Colombiano, otorgada por el Comité de Historia del Pacífico (COHISPA).

Otra de sus obsesiones ha sido la enseñanza sobre el cuidado y protección de la riqueza natural y cultural de Colombia. "Empecé en 1993 en un proyecto piloto de un jardín infantil. Luego, durante 14 años, continúe acompañando a miles de turistas a ver ballenas jorobadas cuando fui director científico del programa de avistamiento de ballenas de un hotel de Buenaventura y luego con la Corporación Autónoma de la región, pero esta vez en el control de observación de las mismas", manifestó Pardo, quien considera que su misión es crear conciencia en los niños. 

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En su trabajo como docente se ha desempeñado, además, en diferentes instituciones como el Zoológico y el Museo de Ciencias de Cali. También ha acompañado misiones como la realizada para el reconocimiento del Santuario de Fauna y Flora de Malpelo como Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco. Desde hace 15 años viene trabajando con Parques Nacionales Naturales de Colombia en reservas naturales como Gorgona, Farallones y Santa Marta. 

"La falta de educación y cultura es lo que más me afecta en la labor de ser guardabosques. Me duele, además, la deforestación de todos los bosques de Colombia. Están acabando con la riqueza natural y cultural del país, sin tener en cuenta los servicios ecosistémicos que nos brindan", expone.

Pardo asegura que gracias a sus estudios y trabajo logró aprender a bucear y a montar a caballo, así como a recorrer mares y montañas, tres cosas que quiere continuar haciendo. "Mi estatura nunca me ha impedido hacer lo que me gusta", asegura. 

Roberto requiere de una mano amiga 

Los movimientos de Roberto son cada vez más limitados, al punto que ahora se ha visto obligado a usar un caminador para trasladarse en casa y una silla de ruedas para realizar diligencias en la calle. 

En el 2008 le diagnosticaron artrosis degenerativa en la cadera, enfermedad que ha ido avanzando y que sumada a una displasia de cadera, lordosis y escoliosis, le han impedido seguir transitando libremente por los paisajes que tanto quiere. En este momento, de hecho, labora vía teletrabajo desde Barranquilla. 

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Luego de varias citas médicas, en la EPS le informaron a Roberto que no contaban con una persona especializada para realizar operaciones de reemplazo de cadera y hueso y que, además, no asumirían el costo de ninguna intervención quirúrgica de carácter particular.

"Por esa razón he visitado uno de los mejores ortopedistas que tiene amplia experiencia en el tema de reemplazo de cadera y hueso. Después de ver mis exámenes, llegó a la conclusión de que mi cirugía sí era posible ya que existen en el mercado juegos de prótesis de diferentes tamaños. La operación debe ser pronto ya que al parecer mis huesos están muy frágiles y en cualquier momento pueden sufrir una fractura", manifiesta.  


Actualmente Roberto trabaja en el Grupo de Comunicación y Educación Ambiental de Parques Nacionales. Foto: archivo particular. 

Sin embargo, la intervención quirúrgica tiene un costo elevado. Son aproximadamente 40 millones de pesos, que incluyen la cirugía, el postoperatorio en la clínica, una enfermera de apoyo, terapias y medicamentos. "Infortunadamente mis honorarios no me permiten cubrir dicho costo y, además, no me facilitan un préstamo por ese valor debido a mi condición", dice. 

Pese a los obstáculos, Roberto no se vara. El hombre dicidió embarcarse en una nueva aventura: solicitar apoyo a la gente para que donen recursos en su cuenta de ahorros número 30065174820 de Bancolombia. 

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"La cirugía está programada para el 15 de enero de 2020. Mucha gente ya ha donado y les agradezco mucho. Me tiene abrumado ver la solidaridad. Volver a escuchar y hablar con personas que hacía años no conversaba, me da fortaleza", comenta. 

Así las cosas, Roberto seguirá batallando, demostrando toda su grandeza, con su ímpetu como armadura y su conocimiento como estantarte.