Las esbeltas garzas blancas, tortugas charapas y babillas que habitan las extensas sabanas inundables del Vichada, sitios también gobernados por las palmas de moriche, tienen una nueva compañía de ojos verdes, afilados colmillos y poderosa piel: 30 caimanes llaneros juveniles con cuerpos que no superan los 100 centímetros de longitud.

Hace unos días, la Fundación Palmarito, organización ambiental que desde 2011 cuenta con un programa de reproducción y crianza de esta especie de reptil en el Bioparque Wisirare del municipio de Orocué (Casanare), lideró la liberación de estos animales en la laguna Caimán, ubicada en el Parque Nacional Natural El Tuparro.

Debido a la cacería del siglo pasado, la población del caimán llanero en la Orinoquia de Colombia y Venezuela disminuyó un 99 por ciento. Foto: Fuerza Aérea.

Con la ayuda de funcionarios Wildlife Conservation Society (WCS), Parques Nacionales Naturales, la Fuerza Aérea y Corporinoquia, la fundación realizó la quinta liberación de caimanes llaneros en la Orinoquia colombiana, sumando un total de 180 reptiles que fueron criados en cautiverio.

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Para alcanzar la libertad, estos caimanes de dos años de vida y a los cuales les instalaron radio emisores en los lomos para monitorear su desplazamiento en el futuro, vivieron una travesía de siete horas por aire, agua y tierra. 

La Fundación Palmarito ha logrado liberar más de 180 caimanes llaneros en la Orinoquia colombiana. Foto: Fuerza Aérea.

Su viaje inició en el Bioparque Wisirare, donde fueron puestos en guacales de madera. Luego, varios carros los llevaron hasta una pista de aterrizaje de la Fuerza Aérea en el casco urbano de Orocué.

Allí los esperaba la aeronave C-208 Caraván de la Fuerza Aérea, la cual sobrevoló la llanura colombiana durante dos horas hasta llegar a la base del Grupo Aéreo del Oriente en Marandúa, ubicado en el municipio de La Primavera en Vichada. 

Por tierra, agua y aire fue la travesía de los 30 caimanes llaneros antes de ser liberados en una laguna en el Parque El Tuparro. Foto: Fuerza Aérea. 

Un camión los transportó hasta las orillas del río Tomo, donde los guacales fueron puestos en una gran lancha para llevarlos por más de tres horas hasta su destino final: la laguna Caimán, bautizada así hace unos años cuando fue catalogada como el nuevo hábitat del caimán llanero, especie que solo habita en la Orinoquia colombo venezolana.

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La presencia de esta especie endémica del llano colombo venezolano en estos sitios de la Orinoquia es fundamental para la conservación de los recursos naturales. El caimán evita que los ríos y caños se sequen, ya que con sus desplazamientos no permiten que los sedimentos se depositen en el fondo de los cursos del agua. También aumentan la población de peces al controlar las pirañas”, dijo Rafael Antelo, director científico de Palmarito.

El caimán llanero está prácticamente extinto en Colombia y Venezuela. Palamarito reproduce a la especie en cautiverio para que no desaparezca. Foto: Mauricio "Pato" Salcedo / WCS.

El salvavidas del caimán

La llamativa piel del caimán llanero, que alcanza a medir hasta 4,3 metros de largo, lo tienen al borde de la extinción. En 1920, en las extensas sabanas que comparten Colombia y Venezuela habitaban cerca de tres millones de estos animales, de los cuales hoy en día no sobreviven más de 2.000 ejemplares.

La población empezó a cazarlos para venderle las pieles a los traficantes y así fabricar bolsos, cinturones, billeteras y zapatos. La masacre del caimán llanero, un animal que en edad adulta pesa 330 kilos, fue salvaje. Con palos varillas, hachas, mazos, alambres y cabuyas, los habitantes de los Llanos los capturaban para luego cercenarlos y aplastar sus cráneos. 

El caimán llanero solo habita en la Orinoquia colombo venezolana. La cacería para transformar su piel el bolsos y carteras, lo dejó al borde de la extinción. Foto: Jhon Barros.

Estados Unidos, Japón y algunos países de Europa recibieron toneladas de pieles exóticas por más de tres décadas, tiempo suficiente para que su población se redujera un 99 por ciento. Su erradicación de las llanuras colombo venezolanas fue tan apoteósica que hoy en día hay más osos pandas en China que caimanes llaneros en esta zona.

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En 1997, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) declaró a esta especie nativa de la Orinoquia como en peligro crítico de extinción, y la etiquetó como uno de los 12 vertebrados más amenazados en todo el planeta. 

El triste panorama del caimán llevó a la Fundación Palmarito a tomar medidas. En 2011 le propuso a la gobernación de Casanare tomar las riendas del Bioparque Wisirare, una llanura de 1.300 hectáreas donde habían nueve caimanes adultos provenientes de la estación biológica de la Universidad Nacional en Villavicencio.

Cuando los caimanes cumplen dos años de edad y miden 100 centímetros, ya están listos para ser liberados. Foto: Brenda Guerrero.

El objetivo de Palmarito era poner en marcha un proyecto para impulsar la cría en cautividad de la especie con los nueve caimanes (siete hembras y dos machos), para luego introducir a los reptiles juveniles en áreas protegidas de la Orinoquia.

En Wisirare, cada macho alfa fue ubicado en una zona similar a su hábitat natural con tres y cuatro hembras respectivamente. El ideal era que se reprodujeran y luego criar a los pequeños caimanes hasta que alcanzaran la edad suficiente para sobrevivir en libertad.

Más de 400 caimanes

Desde que arrancó el programa de Palmarito, es decir hace ocho años, los caimanes adultos han logrado procrear más de 400 crías, de las cuales hoy en día más de 180 han sido liberadas en reservas naturales de Casanare, Arauca y Vichada, como el Parque Nacional El Tuparro y la Reserva Natural La Aurora en Paz de Ariporo.

Palmarito ha invertido más de 3.000 millones de pesos en este programa, que cuenta con socios como el grupo GHL, la gobernación de Casanare, Corporinoquia, WCS, Ecopetrol, Conconcreto, Fondo Patrimonio Natural, Parques Nacionales y la Fuerza Aérea”, dijo Antelo.

Más de 3 millones de caimanes vivían en la Orinoquia de Colombia y Venezuela en 1920. Hoy no sobreviven más de 2.000. Foto: Fuerza Aérea.

Una vez al año, las hembras entierran los huevos en las playas de arena construidas alrededor de sus hogares, casi siempre en horas de la noche. “Los caimanes se reproducen entre octubre y diciembre. Los huevos, que son puestos en enero, pueden llegar a 42 por cada hembra. Luego, trabajadores del bioparque ingresan a las zonas de reproducción para retirar los huevos y llevarlos al área de incubación. Nacen de 28 centímetros de longitud y habitan por un año en unas piscinas pequeñas”, anotó el biólogo español.

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Cuando los caimanes cumplen los dos años de vida y superan los 100 centímetros de largo, Antelo los prepara para la liberación en las zonas inundables de la Orinoquia. No sin antes realizarles varios chequeos veterinarios y luego instalarles los radio emisores. 

La primera liberación de caimanes llaneros fue en 2015 en El Tuparro. “Fue la primera reintroducción de esta especie en todo el país, un hito que nos costó mucho alcanzar. Algunos creen que los caimanes son agresivos, pero en verdad tienden a huir de las personas”, puntualizó Antelo.

En los aviones de la Fuerza Aérea han viajado los más de 180 caimanes llaneros que Palmarito ha logrado criar en el bioparque. Foto: Fuerza Aérea.