Los menonitas, un grupo religioso conocido por el trabajo de la tierra para cultivar, ya habitan en varias zonas de las selvas de la Amazonia occidental. Así lo revelan una serie de mapas, datos y análisis de imágenes satelitales del Proyecto Monitoreo de la Amazonia Andina (MAAP), iniciativa liderada por Amazon Conservation y Conservación Amazónica de Perú.

Según el portal web de MAAP, tres colonias de menonitas, asentadas en algunas porciones de selva de Perú y Bolivia, intervinieron más de 7.500 hectáreas de selva, cifra que indica una pérdida de bosques superior a 10.000 campos de fútbol.

En los puntos rojos fueron identificadas las tres colonias de menonitas en Perú y Bolivia. Mapa: MAAP.

Río Negro, la colonia religiosa encontrada en Bolivia, está ubicada en el sureste del departamento del Beni. El MAAP asegura que es la más antigua, con reportes de su presencia desde 2005. Sin embargo, la tumba de bosque viene en aumento en los últimos años. 

El proyecto de monitoreo calculó que esta colonia religiosa ha talado 5.000 hectáreas boscosas desde el 2017 (500 hectáreas en 2019), es decir se trata de la que más ha tumbado verde de los tres grupos identificados.

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Aunque hay varias colonias menonitas en el sur de Bolivia, la río Negro es una de las primeras identificadas en este departamento amazónico. La mayoría de la pérdida del bosque causada por este grupo fue entre 2017 y 2018. Este año han acabado con 500 hectáreas”, menciona el análisis.

Estos mapas muestran la pérdida de bosque causada por los menonitas en tres sitios de Perú y Bolivia desde 2017. Mapas: MAAP.

En Perú fueron identificadas dos colonias menonitas: Tierra Blanca y Masisea, las cuales, a pesar de ser relativamente nuevas, han causado considerables impactos ambientales. 

El MAAP calcula que estos grupos han causado la deforestación de 2.500 hectáreas de bosque desde 2017 en Perú, de las cuales más de 1.400 hectáreas corresponden a este año.

La colonia Tierra Blanca está ubicada al sur de la región Loreto, cerca de la localidad de Tierra Blanca, donde los religiosos abarcaron 1.700 hectáreas de bosque en tres años para cultivar. Por su parte, en Masisea, al norte de la región Ucayali (localidad de Masisea), los menonitas tumbaron 810 hectáreas.

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“En las colonias peruanas la deforestación ha llegado hasta el límite de una zona natural protegida, el Área de Conservación Regional Imiría. Además, la tala de bosque ya está al interior de dos comunidades nativas: Buenos Aires y Caimito, y de la Concesión de Conservación de la Universidad Alas Peruanas (UAP)”, apunta el informe.

Según los registros de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT), una de estas colonias está registrada como Asociación Colonia Menonita Cristiana Agropecuaria Masisea, inscrita en junio del 2017.

Los bosques de Bolivia son víctimas de la ampliación de la frontera agropecuaria. Los menomitas son conocidos como expertos en cultivar. Foto: Eduardo Franco Berton (RAI). 

Riesgos

Para Daniel Aristizábal, coordinador del equipo de planicie de la Amazonia y pueblos en aislamiento de Amazon Conservation Team Colombia (ACT), la presencia de menonitas en la región representa un problema para los bosques tropicales más abundantes del planeta y toda la biodiversidad que albergan, al igual que un riesgo para las comunidades indígenas que allí habitan.

“Por lo general, estas sectas o cultos son segregaciones evangélicas o mesiánicas que tienen una visión de un paraíso en la tierra. Tienen una ética protestante que se caracteriza por trabajar más para ser más exitosos y así ser mejor bienvenidos en el cielo. Cuando estos grupos ingresan a zonas como la Amazonia, implementan lógicas extractivas y prácticas productivas que no hacen parte del territorio, como monocultivos y ganadería. Esto trae un fuerte impacto sobre los ecosistemas, porque no hacen un cultivo rotativo como las chagras indígenas”.

La llegada de grupos religiosos a la Amazonia causa que los indígenas se desplacen hacia otros sitios para no perder su identifidad ancestral. Foto: Juan Arrendondo (Alianza ACT-PNN). 

Aristizábal dijo que estos grupos religiosos son cohesionados y unidos por su visión religiosa, lo que les ha permitido crear una estructura social organizada que les permite ser muy efectivos sembrando conjuntamente. “Son como una cooperativa eficiente que responde a un mandato religioso. Como cuentan con capital extranjero, ingresan a la Amazonia a comprar tierras, algo que desplaza a los indígenas por las nuevas prácticas culturales y religiosas”.

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El desplazamiento indígena por la presencia de estos grupos religiosos no es violento o a la fuerza. “En Perú ya han pasado varios casos en sus resguardos. Al ver una gran población religiosa de estas sectas, muchos de los cuales ya son hasta líderes, los indígenas han preferido irse para no tener vecinos incómodos y con prácticas extrañas como beber masato. Esto causa una pérdida significativa de los territorios indígenas”.

En Colombia

Según el coordinador de ACT, en Colombia hay registros de menonitas en la Orinoquia. Aunque en la Amazonia no hay reportes de su presencia, la región sí cuenta con otros grupos religiosos igual de peligrosos para los indígenas de la zona: los denominados ‘israelitas‘.

Hemos visto a grupos de israelitas por varias zonas selváticas del Amazonas, por el río Putumayo, cerca a la frontera con Perú. Muchos son peruanos, aunque algunos provienen de Antioquia y Tolima. Viven según lo que dice la biblia, en especial el Antiguo Testamento. Visten túnicas y velos y son excelentes trabajadores. En el país hacen cultivos extractivos, como caña, panela y arroz a gran escala, y además crian cabras”. 

El experto manifestó que estas comunidades religiosas no son violentas y están en zonas de reserva forestal, cerca a algunos resguardos. “El riesgo es que desplacen a los indígenas por sus prácticas religiosas y extractivas”.

Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible, indicó que los ojos de Colombia deben estar puestos sobre estos grupos religiosos, en especial en los identificados en Perú y Bolivia. “Tarde o temprano, estos menonitas ingresarán a la Amazonia colombiana, un nuevo riesgo para sus habitantes y ecosistemas”.

Los grupos de israelitas identificados por ACT están cerca al hogar de los indígenas aislados del Parque Nacional Puré. Foto: Cristóbal von Rothkirch (Alianza ACT-PNN).

Ojo con los aislados

En la Amazonia, una vasta región con más de 838 millones de hectáreas de nueve países sudamericanos, hay serios indicios de que habitan 185 pueblos indígenas en aislamiento, etnias que empezaron a huir de las enfermedades y castigos de los hombres blancos desde la época de la conquista española y portuguesa.

A la fecha, cerca de 70 de estos pueblos aislados ya fueron confirmados, su mayoría en tierras brasileñas y peruanas. En Colombia fue corroborada la presencia de dos etnias, los yuris y passés, que viven en las densas selvas del Parque Nacional Natural Puré, en el Amazonas.

El experto de la ACT aseguró que en el caso de Colombia, donde además de los yuris y passés hay otros 18 posibles casos de indígenas aislados en la Amazonia, el mayor riesgo es lo que podría pasar si se encuentran con algún grupo religioso.

Hace dos años, las comunidades indígenas cercanas a los hogares de los aislados evitaron que misioneros americanos los contactaran. Foto: Juan Arrendondo (Alianza ACT-PNN). 

“El parte positivo es que los religiosos no buscan el contacto con los aislados. No es su objetivo encontrarlos. Sin embargo, los denominados israelitas presentes en Colombia son vecinos de los aislados, una presencia que afecta los recursos naturales y las zonas que les proveen alimento. Lo realmente preocupante es que si hay un contacto entre ambos bandos, no sabemos qué pueda pasar. Nos preocupa que ya estén cerca a la zona de los aislados”.

Aristizábal informó que los aislados viven en constante riesgo por otros grupos religiosos norteamericanos. “En 2015 y 2016, en dos ocasiones, unos cristianos estadounidenses trataron de contactar a los aislados. La comunidad de la zona evitó que esto sucediera, pero es una amenaza que sigue latente. Los misioneros extranjeros que tratan de contactarlos es una preocupación enorme”.