Jairo Luis Palacio nació hace 45 años en Montería, capital del departamento de Córdoba. Cuando estaba en el colegio en su interior despertó una pasión por los árboles. Las formas de las hojas, las texturas de los troncos y la biodiversidad que se camuflaba entre lo espeso del verde lo deleitaban. También le daba curiosidad cómo surgían desde lo profundo de la tierra centenares de cultivos, como el ñame y la yuca. 

Por eso decidió convertirse en ingeniero agrónomo, carrera que culminó en la Universidad de Córdoba en el año 2001, un año después de una de las tragedias más desgarradoras en Colombia: la masacre de El Salado, un corregimiento del municipio del Carmen de Bolívar, que hace parte de la zona conocida como los Montes de María.

Yo estaba en los últimos semestres de mi carrera cuando más de 400 hombres de los Bloques Norte y Héroes de las Autodefensas se tomaron el corregimiento durante dos semanas, poniendo fin a la vida de más de 100 campesinos, quienes fueron torturados, degollados y decapitados. Ese lamentable episodio me marcó. Siempre quise ir a la zona para ayudar a que la gente sobreviviente pudiera resurgir”, recuerda con tristeza Jairo.

En Colombia no hay más de un millón de hectáreas de bosque seco tropical. Los Montes de María es uno de los pocos sitios donde ha sobrevivido. Foto: Jhon Barros.

Con el cartón de universitario en sus manos, este hombre alto con piel trigueña se fue a trabajar comoa agrónomo en el Urabá antioqueño, donde estuvo varios años. Luego hizo parte del programa de familias guardabosques impulsado por el gobierno nacional, el cual le permitió recorrer varias zonas apartadas del país.

En 2011 le llegó una propuesta para trabajar por la gente de los Montes de María, la cual aceptó de tajo. “No lo pensé dos veces. Los coletazos de la violencia habían perdido su impacto y la zona ahora era un territorio de reconciliación. Por eso decidí irme al Carmen de Bolívar para apoyar a las personas que fueron golpeadas por esas tragedias, aportar mi conocimiento como profesional y poner mi grano de arena en el resurgimiento del territorio”.

Ayudar a un pueblo herido

Jairo fue contratado para trabajar un proyecto forestal de la empresa Argos, que pretendía impulsar el uso de especies maderables en 6.300 hectáreas del Carmen de Bolívar, uno de los territorios de los Montes de María.

“Estuve cuatro años con la compañía, lo que me permitió conocer historias desgarradoras de la población que la verdad no me gusta recordar. Al poco tiempo, la Fundación Crecer en Paz me llamó para ser parte de una estrategia de proyectos productivos con los campesinos del Carmen”.

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En los Montes de María conoció el amor y tuvo a su único hijo de cuatro años, mientras le ayudaba a los campesinos a realizar una producción sostenible en sus fincas, es decir que dejaran talar y quemar y conservaran la biodiversidad del bosque seco.

Al poco tiempo llegó el Fondo Patrimonio Natural a poner en marcha el proyecto de corredores de conservación y producción en el Carmen de Bolívar, el cual pretendía conectar los relictos de bosque y mejorar la economía de la población”.

Jairo lleva más de ocho años trabajando por la gente y los bosques de los Montes de María. Foto: Jhon Barros.

Ambas fundaciones identificaron un alto potencial para consolidar una reserva natural de la sociedad civil en 500 hectáreas boscosas y trabajar en un equilibrio entre la naturaleza y los proyectos productivos de los campesinos. “Empezamos a cambiar la cultura tradicional de preparar la tierra en la región, que consiste en quemar y deforestar para cultivar, lo que mata al suelo”.

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Por medio de planificaciones prediales en las fincas y capacitaciones sobre el buen uso del suelo y los recursos naturales, más de 80 familias del Carmen han mejorado su producción y destinado zonas en sus predios para conectar los relictos de los bosques. 

“Ya sumamos 87 hectáreas de bosque conectadas, las cuales se sumarán a las 500 de la reserva natural. El frijol cuarentano es el producto estrella, tanto así que Patrimonio Natural logró que Crepes & Waffles comprara las cosechas sin intermediarios, lo que ha beneficiado el bolsillo de los campesinos”, anota Jairo.

Los habitantes del Carmen de Bolívar quieren consolidar una reserva natural de la sociedad civil con más de 500 hectáreas de bosque seco. Foto: Felipe Villegas.

En este trabajo por los bosques de los Montes de María, Jairo se encargó del uso de tecnología para identificar las zonas que van a ser parte de los corredores de conservación, es decir donde hay bosque seco primario, además de las áreas en las fincas que deben ser reforestadas. 

Logramos que las familias campesinas dejaran de civilizar la tierra o dejarla pelada. Muchos agricultores ya no tenían zonas para cultivar, porque todas las habían quemado y talado. Ahora la producción se concentra en una misma área, la cual es abonada con productos orgánicos”.

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Los Montes de María también avanza en el tema apícola. Jairo le ha ayudado a los campesinos del Carmen a instalar apiarios dentro de sus predios. “Las abejas son enemigas de los agroquímicos, por lo cual estamos trabajando en disminuir esas sustancias. Estos insectos están en vía de extinción, a pesar de ser los polinizadores y generadores de vida”.

Jairo no tiene planes de abandonar el territorio. Aunque es cordobés siente que su corazón le pertenece al Carmen de Bolívar y a su gente. “Acá ya eché raíces. Conocer a tanta gente con esas ganas de vivir y salir adelante no tiene precio. El trato de la población y su confianza son muy bonitos. Aunque no olvidan el pasado, están dispuestos a perdonar y continuar luchando por su hermoso territorio”.

"No pienso irme del Carmen de Bolívar. Me enamoré de su gente y del bosque que tanto cuidamos", asegura Jairo Palacio. Foto: Jhon Barros.

Aliados del bosque seco

Además del proyecto de corredores de conservación y producción del Fondo Patrimonio Natural en Montes de María, la zona ha contado con presencia de otras organizaciones que le han ayudado a las comunidades del bosque seco tropical.

Según Inés Cavelier, coordinadora del proyecto de Patrimonio, desde hace siete años en este territorio del Caribe colombiano se han gestado varias estrategias como el proyecto de paisajes de conservación de USAID, áreas protegidas del PNUD y cadenas de valor apoyadas por Crepes & Waffles, al igual que proyectos de la Fundación SEMANA, Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Humboldt. 

El objetivo de esta red de organizaciones siempre ha sido consolidar un modelo de producción sostenible que incluya la ampliación de coberturas de bosque seco y la creación de cadenas de valor y servicios relacionadas con la comercialización”, anotó Cavelier.