Las áreas protegidas se han convertido en zonas apetecidas para el desarrollo de actividades tanto legales como ilegales y Parque Nacionales Naturales no tiene la capacidad para proteger y salvaguardar a sus funcionarios.

Así lo asegura, la bióloga marina, doctora en ecología y medio ambiente, Sandra Vilardy, para quien el Estado debe mejorar, ampliar y fortalecer sus capacidades en esta entidad, aumentar el número de personas trabajando en estos ecosistemas y fortalecer los mecanismos de control trabajando de manera articulada no solo con las comunidades, sino con los distintos organismos de la fuerza pública: policía, ejército y la armada. 

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Considera que es urgente encontrar fórmulas que permitan proteger y salvaguardar la integridad de los guardaparques, porque lamentablemente a los ambientalistas se les ve como un palo en la rueda del desarrollo y es importante que el país haga un esfuerzo por eliminar esa estigmatización. Estas son sus apreciaciones. 

Semana Sostenible: ¿Qué significa para el país que los guardaparques estén siendo asesinados?

Sandra Vilardy: Este es el país de la biodiversidad y en el que sus áreas protegidas han ido creciendo fundamentalmente motivadas por las políticas de conservación y el hecho de que asesinen a las personas que se encargan de proteger ese patrimonio es una pérdida invaluable no solamente para Colombia sino para el planeta. Lamentablemente los guardaparques están teniendo una carga laboral enorme, pues Parques Nacionales es una entidad que tiene recursos insuficientes para cuidar las áreas protegidas y salvaguardar a sus funcionarios. Por cada guardaparques amenazado o asesinado el país pierde no solo a un trabajador, sino a un capital humano y un conocimiento del territorio que muy pocas personas tienen.

SS: ¿Por qué tanta amenaza a los ambientalistas? ¿Qué intereses tocan? 

SV: Todos sabemos que en este país hay un serio problema de tierras y del control y uso de las mismas no solo para actividades lícitas, sino que también hay muchas economías asociadas a la ilegalidad que utilizan la complejidad del territorio para actuar. El tráfico de armas, el de drogas y la posibilidad de apropiarse de algunas áreas específicas, han tenido muchas veces como escenarios los ecosistemas, entre ellos las reservas naturales. Esto lleva a que cuidar la biodiversidad tenga efectos negativos para algunas actividades, especialmente las ilegales que tienen detrás poderes económicos muy grandes y que no se compadecen con la debilidad institucional que tiene Parques Nacionales. 

SS: ¿Cuál es el panorama en torno a este tema en la Costa?

SV: Lamentablemente, la Costa Caribe es un territorio en el que en algunas zonas cercanas a los parques nacionales, la actividad asociada al narcotráfico es muy evidente. Recordemos que buena parte de esa mercancía que se va al exterior, se saca por las zonas costeras y ahí se tiene el caso de la Sierra Nevada y el Tayrona, que son corredores que históricamente han sido utilizados para el desarrollo de economías alrededor de actividades ilegales y los parques nacionales se vuelven un activo muy importante para ese tipo de actividades porque la posibilidad y la capacidad estatal para controlar esos territorios es mínima. Por esta razón los traficantes ya sea de droga, de armas o de otro tipo de bienes siempre han encontrado en estos ecosistemas un activo geográfico importante. Esto es lo que sucede también en otras áreas, que no necesariamente son protegidas, como es el caso de las costas de Córdoba y de Sucre, muy asociadas al desarrollo de actividades ilegales. 

SS: ¿Qué sucede en el caso puntual de la Sierra Nevada? 

SV: Esta es un área muy vulnerable y con los volúmenes de producción de coca que tiene en este momento el país, estas se consolidan como rutas de salida que están generando disputas en el territorio y lamentablemente estas situación se presenta en áreas de mayor biodiversidad como es la Lengüeta, el Parque Nacional Sierra Nevada y las áreas aledañas al Tayrona. Es una zona que pareciera no tener gobernabilidad y que está muy marcada por el poder corruptor que tiene el narcotráfico. Son estructuras históricas, que conocen muy bien el territorio y lamentablemente no es posible controlarlas, porque los poderes son completamente desequilibrados.  

Sandra Vilardy. Foto: Pilar Mejía

SS: ¿Cómo se le podría hacer frente a esta situación? 

SV: Considero que hay varios pasos a seguir. Primero, el Estado debe mejorar, ampliar y fortalecer sus capacidades en Parques Nacionales, aumentar el número de personas trabajando en estos ecosistemas y fortalecer los mecanismos de control de las áreas protegidas. También debe articular de una mejor manera el trabajo entre Parques Nacionales y la Policía, además del Ejército, pues hay zonas en las que la presencia del unidades de esta fuerza pública debe ser permanente y en las zonas costeras articularse con la Armada Nacional. 

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Hay un problema estratégico del cuidado que le brinda el Estado a sus ecosistemas. Es necesario empoderar a las comunidades, pero también las alcaldías y gobernaciones deben trabajar de forma más decidida para garantizar la seguridad de quienes cuidan la biodiversidad. De la misma forma, la sociedad debe seguir generando mecanismos de solidaridad, no solo con los guardaparques, sino con los campesinos, indígenas y comunidades afro, que también se encargan de cuidar y proteger el patrimonio natural.

Lamentablemente a los ambientalistas se les ha visto como un palo en la rueda del desarrollo y este país debe hacer un esfuerzo por tratar de eliminar esa estigmatización y poder revalorizar el papel de la biodiversidad no solo para las comunidades,  sino también para el desarrollo económico y romper con esa dicotomía perversa entre que la conservación afecta el desarrollo, pues la verdad es todo lo contrario. Es un hecho que ante la crisis climática y todo lo que está viviendo el planeta, la biodiversidad es una de las tablas de salvación y de adaptación para el futuro que nos espera. Entonces, el país sí debería mejorar en los discursos desde el gobierno, pero también tenemos que hacerlo como sociedad.