Colombia es el país con mayor diversidad de aves en Sudamérica. Pero, también con el número más alto de especies amenazadas. Una relación proporcional, que en cualquier caso ha mejorado gracias a acciones que van desde el aumento en los operativos policiales hasta la mayor conciencia de la personas.

La organización inglesa Trafic, con el apoyo de WWF realizaron un nuevo estudio sobre el comercio de aves en América Latina, que abarca desde finales de la década de 1960 hasta 2016. El informe brinda una descripción general del comercio de aves en Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam. El recuento de su regulación y sus resultados como herramienta de conservación de especies y hábitats.

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La principal conclusión a la que llegaron es que a nivel general, el comercio ilegal internacional de aves sudamericanas se ha reducido a su nivel más bajo en décadas, aunque esto “se debe principalmente a que las especies de aves más buscadas por los coleccionistas ya existen en la mayoría de los países consumidores”, indica el estudio A vista de pájaro: lecciones de 50 años de regulación y conservación del comercio de aves en los países amazónico.

“Las complejidades del comercio de aves han sido subestimadas: para asegurar un futuro para las aves en la región cada vez más amenazadas necesitamos estrategias integrales que busquen con urgencia detener o revertir la destrucción del hábitat, complementándolo con incentivos económicos para la generación de ingresos locales a través del turismo y el uso sostenible de los recursos naturales. Esto ofrece el mejor camino hacia adelante para la extraordinaria diversidad de las aves en América del Sur", concluyó Bernardo Ortíz vo-Halle.

Y es que de acuerdo a los hallazgos del experto, la pérdida de hábitat sigue siendo la mayor amenaza para las especies de aves en los países Amazónicos.

Oferta y demanda histórica

Los mercados urbanos de la región eran grandes centros del comercio de aves. Desde mediados del siglo XIX se explotaron toneladas de plumas y pieles de aves, sobretodo colibríes y tangaras, que fueron utilizadas para la industria de la moda.

Por ejemplo, durante un breve período antes de la Primera Guerra Mundial, un comerciante de Londres importó 400 mil colibríes y otras 360 aves de Brasil. Mientras en 1932, unos 25.000 colibríes fueron cazados en el estado brasileño de Pará y enviados a Italia para adornar cajas de chocolate. Décadas después, desde mediados de 1950 (cuando se establecieron conexiones aéreas rutinarias, principalmente a través de Miami) y hasta la fecha, alrededor de un millón de aves fueron capturadas para ser exportadas como mascotas desde todos los países Sudamericanos.

Según el estudio de Trafic y WWf, en los últimos 15 años, anualmente son decomisadas en Brasil entre 30 mil y 35 mil especies de aves listas para el comercio ilegal. Muchas de estas aves están destinadas a "competiciones de aves canoras", donde los espectadores apuestan dinero por los resultados de cuántas canciones o frases cantará un pájaro en un tiempo determinado.

La actividad también es popular y legal en Guyana y Surinam, y como consecuencia de esto, se producen incautaciones regulares de estas aves, especialmente de semilleros, en comunidades de expatriados que viven en Estados Unidos, Canadá y Europa.

La apertura de un mercado ilegal

Brasil, de hecho, en 1967 fue el primer país en prohibir el comercio de fauna silvestre lo que abrió la puerta a la ilegalidad allí y en el resto de naciones que se unieron a esta iniciativa.

Los cariocas optaron por tener algunas especies en cautiverio y buscar su reproducción así, y con esto evitar su extinción. Sin embargo, para Ortíz-von Halle, el remedio pudo ser peor que la enfermedad.

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"Brasil ha producido la situación opuesta de un monopolio de mercado: ha puesto involuntariamente el derecho de aprovecharse del comercio de sus especies nativas en manos de cualquier otro país que decida beneficiarse de ellas", escribe el autor del informe.

En los años 80, hasta 10 mil guacamayos jacintos (Anodorhynchus hyacinthinus) fueron exportados. Muchos terminaron en instalaciones de cría en cautiverio en otros países. Como resultado, las poblaciones silvestres de la especie fueron diezmadas, aunque en algunos sitios de Brasil se está recuperando gracias a acciones sostenidas de conservación.

Pájaros de exportación

Los animales y algunas plantas constituyen un mercado del que pocos hablan, pero que genera amplios movimientos financieros para algunos países. Teniendo en cuenta esto, y para evitar que alguna especie desaparezca por su sobreexplotación, se creó la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

Entre 2000 y 2013, Perú exportó comercialmente más de 37 mil aves incluidas en la CITES, lo cual representa la quinta parte de las especies exportadas de los países Amazónicos. La mayoría, loros aratingas codilleranas (Psittacara frontatus) y calancates cara rojas (Psittacara mitratus).

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Entre 2000 y 2016, Guyana exportó 145 mil aves pertenecientes a 24 especies incluidas en el Apéndice II de CITES -la más exportada fue la Amazona de alas naranjas (Amazona amazónica). Esta misma ave es la más exportada por Surinam: 74.890 aves, entre 2000 y 2013. En Guyana, se calcula que unas 20 mil personas, un 5% de la población rural del país, se benefician de esta actividad económica. Aunque ambos países han establecido cuotas anuales de capturas máximas, estos cupos aún carecen del sustento científico necesario para garantizar el manejo sustentable de las poblaciones cosechadas.

Aunque las prohibiciones han provocado la desaparición de la venta de aves en las calles de casi todas las ciudades de Sudamérica, una buena parte de ese comercio se ha ocultado. Perú, tanto como receptor y fuente de especies de aves silvestres, es el mayor desafío regional, aunque Brasil sigue teniendo un grave problema con el comercio interno de aves canoras, a pesar de los esfuerzos que hacen las autoridades para aplicar la ley.

El caso colombiano

En Colombia, anualmente, entre 30 mil y 50 mil animales son confiscados por las autoridades, de los cuales alrededor del 20-25% son aves. Los animales confiscados llegan los zoológicos y los centros de rescate creados por la autoridad ambiental.

En 2002, se lanzó la estrategia nacional de lucha contra el comercio ilegal de especies silvestres. El trabajo de la policía ambiental y las autoridades judiciales ha mejorado significativamente, la calidad y los impactos de las intervenciones para combatir el comercio ilegal de vida silvestre ha mostrado resultados.  

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El aviturismo, por su parte, cobra cada vez más fuerza como alternativa de conservación. Un estudio de 2016 que presentó Conservative Strategy Fund encontró que al menos 14.987 turistas estarían interesados en venir a Colombia para observar aves.Eso representaría un ingreso de más de 26.000 millones de pesos al año. Por esta razón, desde hace algunos años, varios colombianos han empezado a dedicarse a este negocio. Algunos propietarios rurales han adaptado sus terrenos para el avistamiento de aves, especialmente en la zona Andina, donde se registra la mayor cantidad de especies.