En una laguna del páramo de Las Nieves, ecosistema que hace parte del Parque Nacional Natural de las Hermosas, el río Amoyá da sus primeras gotas de vida para luego zigzaguear por 141 kilómetros del municipio de Chaparral hasta entregarle sus aguas al río Saldaña.

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La cuenca hidrográfica del río Amoyá, que abarca 146.484 hectáreas, es considerada como una de las mayores fábricas de agua del departamento del Tolima, un hervidero biodiverso que a pesar de pertenecer al Macizo Colombiano, se ha visto afectado por las actividades agrícolas, pecuarias e industriales y el incremento poblacional.

El río Amoyá es uno de los afluentes más importantes del departamento del Tolima. Foto: IGAC.

Para frenar la hecatombe ambiental, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) y la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) firmaron un convenio para estudiar minuciosamente los suelos de la cuenca y así conocer la calidad, capacidad y limitaciones de sus tierras. 

Durante 10 meses, profesionales del IGAC recorrieron la zona montañosa del río Amoyá, trabajo de campo que arrojó como resultado el primer estudio semidetallado de suelos, a una escala 1:25.000, en una de las cuencas del departamento del Tolima.

La cuenca del río Amoyá es una de las mayores fábricas de agua del territorio tolimense. Foto: IGAC.

Uno de los principales hallazgos del estudio es que por tratarse de una cuenca con pendientes fuertes, el desarrollo de las actividades agrícolas debe ser específico y limitado, realizando prácticas de manejo que faciliten la conservación de los suelos.

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Aproximadamente 53.000 hectáreas de la cuenca presentan suelos cuya fertilidad natural es baja, por lo cual el desarrollo de sistemas productivos debe contar con un análisis de suelos más detallado (escala 1:10.000), para así establecer los requerimientos nutricionales de los cultivos y las especies que se adapten a esas condiciones.

Los suelos de la cuenca se han visto afectados por la sobrecarga agrícola. Foto: IGAC.

Según Olga Lucía López, directora general del IGAC, con este estudio la autoridad ambiental del Tolima cuenta con una carta de navegación para la toma de decisiones en aspectos que van desde el desarrollo sostenible y la gestión del riesgo, hasta la adaptación al calentamiento global. 

“Además, al conocer de antemano el tipo de suelos y el manejo que se les debe dar, se verán beneficiados tanto los recursos naturales como los ingresos y la calidad de vida de los habitantes de esta zona”, señaló López.

El IGAC y Cortolima presentaron los principales hallazgos del estudio de suelos de la cuenca. Foto: IGAC.

Por su parte, Olga Lucía Alfonso, directora de Cortolima, indicó que este insumo técnico servirá para para dar marcha al desarrollo del Plan de Manejo y Ordenación de Cuencas Hidrográficas (POMCA).

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“A partir de este estudio, la corporación hará un ordenamiento más acertado y sostenible entre el ambiente y la productividad de la tierra del municipio de Chaparral, en busca de dirimir los conflictos que ocurren por el uso del suelo”.

Alfonso recalcó que el estudio de suelos permitirá dar prioridad a las áreas de conservación, la producción agrícola desde las buenas prácticas, la mitigación del riesgo y los efectos del cambio climático, y la conservación del recurso hídrico como recurso indispensable para la vida y el desarrollo de las comunidades.

Cortolima busca blindar los ecosistemas estratégicos de la cuenca del río Amoyá. Foto: IGAC. 

El nuevo estudio de suelos constituye una línea base para el ordenamiento integral del territorio. Según el IGAC, a partir de los aportes técnicos y la cartografía generada, se especializan y caracterizan las áreas con potencial productivo.

“También se identifican aquellas zonas que deben ser protegidas, recuperadas o restringidas con el fin de garantizar el manejo adecuado del recurso suelo, principio fundamental para la buena salud de los ecosistemas locales”.