La Serranía de Chiribiquete, el Parque Nacional Natural más grande de Colombia y la reserva de biodiversidad más extensa del continente Americano, combina la magia de los recursos naturales amazónicos, el pensamiento ancestral de las comunidades indígenas y la rareza única de animales y plantas que solo habitan entre la densa selva húmeda.

Las decenas de expediciones científicas realizadas dentro de esta área protegida, que suma más de 4,2 millones de hectáreas y la cual fue declarada por la Unesco como patrimonio mixto de la humanidad el año pasado, han arrojado resultados que la convierten en uno de los principales hervideros biodiversos del mundo.

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Hasta 2018, los expertos habían identificado 4.854 ejemplares de animales dentro Chiribiquete, pertenecientes a 1.676 especies. De este total, 32 fueron en su momento un total misterio para los científicos, por lo cual las catalogaron como posibles nuevas especies para la ciencia. En cuanto a flora, el inventario llegó a 2.138 especies (66 por ciento de las presentes en toda la Amazonia).


Hasta el 2018, los expertos habían identificado 4.854 ejemplares de animales dentro Chiribiquete, pertenecientes a 1.676 especies. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Una nueva expedición científica liderada por la Fundación Puerto Rastrojo, llevada a cabo este año, acaba de arrojar nuevos resultados para la denominada Maloca del Jaguar, sitio que cuenta con cerca de 70.000 pictogramas en varios muros de los tepuyes pintados por pueblos indígenas hace más de 12.000 años

En el sur de Chiribiquete, por la cuenca de la quebrada Puerto Abeja y en zonas aledañas a los ríos Mesay y Cuñare, se llevaron a cabo inventarios de flora, aves y mariposas diurnas en ecosistemas terrestres asociados a los tepuyes, como bosques de tierra firme, bosques inundable y herbazales. 

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También fueron instaladas ocho cámaras trampa en la cuenca de la quebrada Puerto Abeja para corroborar la presencia de mamíferos y establecidas 18 estaciones para muestreo de peces en los ríos Mesay y Cuñare.

Los resultados son contundentes: 960 individuos de animales y plantas correspondientes a más de 328 especies, de las cuales 683 fueron plantas (de 152 especies), 97 aves (35 especies) y 97 mariposas diurnas (50 especies).

Las cámaras trampa, puestas en zonas de bosque inundable, arrojaron la presencia de 71 mamíferos, como jaguares, dantas, zainos y osos hormigueros, además de 12 especies de aves como paujil, tente y panguana. 


El jaguar fue uno de los 71 mamíferos que pudo ser observado por las cámaras trampas instaladas en Chiribiquete. Foto: Parques Nacionales Naturales.  

“El nuevo inventario evidenció una alta presencia de mamíferos en el sector de Puerto Abeja, algo que indica su buen estado de conservación. Por ejemplo, la presencia del jaguar, considerada una especie sombrilla, implica la existencia de poblaciones de otras especies como roedores de mediano tamaño, venados y puercos”, dijo Parques Nacionales.

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En cuanto a peces, fueron registradas 91 especies, destacándose una nueva para la ciencia (Hyphessobrycon sp. n. “Chiribiquete”), otra desconocida para Colombia (Anchoviella juruasanga), un registro único para el país (Anchoviella juruasunga) y dos especies vulnerables: pintadillo-rayado y amarillo.

El paujil es una de las 12 especies de aves encontradas en el sur de Chiribiquete. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia. 

“Debido a la variedad de ecosistemas acuáticos en los que se adelantaron los muestreos, como aguas blancas, claras o negras, ácidas y bajas en nutrientes, se evidencia que la abundancia de especies no se distribuye uniformemente en el área. Es más, dominan algunas que se pueden considerar propias de las quebradas que nacen en los tepuyes y de los ríos Mesay, Amú, y Cuñaré”, anotó Parques.

Estos nuevos resultados se suman a los ya registrados en las expediciones anteriores. La expedición científica fue adelantada en el marco de los procesos de gestión del proyecto Corazón de la Amazonia, y contó con apoyo de Amazon Conservation Team Colombia, Universidad Javeriana, Instituto Sinchi, indígenas de los resguardos Mesai, Aduche, Monocha y Nonuya de Villa Azul y vecinos de la zona sur del área protegida.

Rodeado por la motosierra

La desmesurada biodiversidad de Chiribiquete tiene un enemigo poderoso y que aún no cuenta con rostro para atacarlo: la deforestación, flagelo que se alimenta de sus bosques amazónicos para apropiarse de las tierras o meter ganado.

El área protegida está ubicada en dos de los departamentos más afectados por la motosierra, Guaviare y Caquetá, y municipios que durante décadas se han caracterizado por la tumba de bosque: San José del Guaviare, Miraflores, Calamar, San Vicente del Caguán, Solano y Cartagena del Chairá.

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En 2017, antes de la segunda ampliación de su área, Chiribiquete perdió 36 hectáreas de bosque, año en el que no figuró entre las áreas protegidas más deforestadas según datos del Ideam. Un año después, en 2018, se destapó la tragedia: 2.191 hectáreas de bosque amazónico fueron arrasadas por las mafias deforestadoras.


La deforestación es una de las principales amenazas que tiene la Serranía de Chiribiquete. Foto: archivo particular.

La hecatombe del verde en Chiribiquete durante 2018 fue denunciada constantemente por los sobrevuelos de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible y la Gran Alianza contra la Deforestación de la REVISTA SEMANA.

El arco de la deforestación también tiene en peligro a dos pueblos indígenas aislados que podrían habitar en la parte sur de Chiribiquete. Hay fuertes indicios de que en estas zonas viven los carijona y murui, etnias que llevan huyendo de los hombres blancos desde la época de la conquista.