La apicultura en el mundo es un sector clave no solo por su aporte al fortalecimiento de las economías, sino por lo que representan las abejas en materia medioambiental y el papel que juegan en la polinización y preservación de ecosistemas, así como en garantizar la seguridad alimentaria de millones de personas. 

Ahora, en momentos en que la economía está tan golpeada, producto de la pandemia, los apicultores colombianos consideran que esta es una actividad potencial que puede convertirse en una respuesta a mediano y largo plazo para revertir la tendencia de indicadores de desempleo y pobreza.

En Colombia, el número de colmenas ha ido en aumento en los últimos años. Mientras en 2010 había 89.000, el año pasado cerró con una cifra de 140.000. Sin embargo, la realidad es que un alto porcentaje de las mismas no es rentable, un panorama similar al de Latinoamérica, en donde menos del 40 por ciento alcanza la rentabilidad y la producción de la cantidad mínima de miel, que es de 25 kilogramos anuales, según dice Marnix Doorn, director del proyecto Salud Apícola 2020 Latam.

“Aunque entendimos que, para la apicultura, lo más importante es trabajar de manera articulada, y reconocemos el esfuerzo que se ha hecho, no solo a nivel gubernamental, sino también como sociedad civil; es momento de pensar en la recuperación económica del país", dijo Fabio Diagranados, presidente de la Federación Colombiana de Apicultores y Criadores de Abejas (Fedeabejas). 

A su juicio, es importante ver esta coyuntura como una oportunidad para reinventarse y explorar alternativas que ayuden al sector a encaminar su productividad.  "Sobre apicultura sabemos mucho y aunque tenemos miles de familias trabajando en esto, la falta de profesionalización genera que más del 78 por ciento no lleve un registro de su actividad lo que afecta directamente su productividad.”, afirmó Fabio Diazgranados.

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El directivo manifestó que en el territorio nacional, más del 70 por ciento del consumo de miel proviene de mieles falsificadas o adulteradas producidas industrialmente. "Un desarrollo apícola nos permitirá suplir la demanda interna y adicionalmente, desplazar el mercado de productos que imitan la miel".

Fabio Diazgranados, presidente de Fedeabejas, lidera la iniciativa para consolidar al sector en los próximos años. Foto: Fedeabejas

De importador a exportador

En su concepto, el país podría posicionarse como exportador de miel y polen de alta calidad, ya que se ofrecería un producto de gran riqueza multifloral, gracias a que el territorio alberga todos los climas y microclimas durante cualquier época del año dentro de todos los pisos térmicos existentes en la geografía colombiana. 

Actualmente, no se vende al exterior ninguno de los productos que se extraen de las colmenas y, por el contrario, el volumen de importación es alto y el precio es una de las principales preocupaciones de los empresarios que se dedican a esta actividad, pues se está registrando mucha presión de mieles foráneas que ingresan de forma ilegal al país, especialmente a través de la frontera con Venezuela a muy bajo costo.

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En este propósito, el gremio estableció un Plan de Fomento y Desarrollo Apícola 2020-2026, cuyo objetivo es alcanzar un millón de colmenas, en el transcurso de los próximos cinco años.  "Sin embargo, el potencial actual sobrepasa los dos millones de colmenas. En otras palabras, contar con un millón de colmenas en una primera etapa para así fomentar la apicultura del país, fortalecer el gremio, aprovechar activamente nuestro potencial productivo y propiciar la conservación de las abejas y el medio ambiente", aseguró el directivo.  

La idea con esta iniciativa es buscar financiación que permita la implementación de una apicultura profesional, sustentable y sostenible, desarrollando los pilares fundamentales sobre los que se soporta esta actividad: genética, sanidad, nutrición y manejo.}

En Colombia hay registradas unas 140.000 colmenas. 

Este proyecto pretende dotar con 500.000 colmenas en los primeros dos años, a los apicultores actualmente registrados y en los tres años siguientes teniendo en cuenta las capacitaciones previas, entregar las 500.000 restantes a los nuevos apicultores que quieran formar parte de la iniciativa. 

La iniciativa fue dada a conocer en su momento al anterior ministro de Agricultura, Andrés Valencia y posteriormente al actual, Rodolfo Zea. Sin embargo, dadas las actuales condiciones el tema quedó sobre la mesa sin que se haya logrado avanzar. 

El panorama no es fácil, pero los empresarios colombianos le apuestan a trabajar y seguir el ejemplo de países como Chile o Argentina, en donde esta actividad es sólida e importante en el engranaje económico. En el primer caso, se trata de una nación en donde hay cerca de 5.000 apicultores; mientras en el segundo, el número de productores registrados es de 11.500 y las colmenas suman 2,5 millones.

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En Argentina esta actividad genera divisas por más de 180 millones de dólares anuales. Por ello, los esfuerzos que se realicen para incentivar la apicultura a lo largo del territorio colombiano cobra más sentido, un objetivo que podrá cumplirse trabajando de forma conjunta con el Gobierno Nacional, los gobiernos departamentales y los agricultores que, también, se ven beneficiados con la polinización.

Transferencia de conocimiento

Sin embargo, aún falta camino por recorrer en la profesionalización de esta actividad. Mayda Verde, investigadora del Instituto Fraunhofer Chile Research, considera importante que desde el gobierno central se  fomente la relevancia de este sector, sus implicaciones en el campo, especialmente en la agricultura, y generar acciones que ayuden a la constante transferencia de conocimiento sobre buenas prácticas, recomendaciones y recolección de información clave para esta industria.

Considera que armonizar el desarrollo agrícola con el apícola implica establecer regulaciones legales y técnicas para ambos sectores productivos, capacitando a los agricultores para el manejo responsable de los agroquímicos.

Adicionalmente, precisa que sin el inventario de todas las colmenas y la ubicación geográfica de los apiarios no es posible hacer la gestión sanitaria y ambiental de la apicultura. 

La ejecuación del proyecto le permitiría al país pasar del séptimo al tercer lugar en América Latina, por encima de Brasil, Uruguay, Chile y Cuba, tanto en número de colmenas como en producción de miel y polen.