“Amazonia: nuevos caminos para la iglesia y una ecología integral”, nombre dado al Sínodo de los obispos sobre la Amazonía, llegó a su fin luego de tres semanas de reuniones, planteamientos y análisis entre la comunidad religiosa y la población indígena amazónica, que abarca territorios de Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela y Guyana Francesa.

En este sínodo, palabra derivada del griego que significa caminar juntos, y el cual fue convocado por el Papa Francisco, participaron 184 obispos, misioneros y laicos de los de los países de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) y representantes de las 400 comunidades indígenas amazónicas, quienes plasmaron en un documento final la apuesta por la defensa de la tierra y el cuidado de la cultura de los pueblos de la Amazonia.

Entre el 6 y 27 de octubre, este encuentro llevado a cabo en el Vaticano también contó con la participación de más de 87.000 personas, además de numerosos grupos de otros sectores eclesiales y académicos y organizaciones de la sociedad civil.

La Amazonia es una región esencial para la distribución de las lluvias hacia otras partes de Sudamérica que contribuye a los grandes movimientos de aire alrededor del planeta. Foto: Archivo Semana

SEMANA SOSTENIBLE destaca los principales hallazgos de este informe, constituido por 120 puntos estratégicos elaborados mancomunadamente entre los participantes, y el cual fue presentado por la Asamble Especial para la región Panamazónica. Este trabajo tuvo su inicio en enero de 2018, cuando el Papa Francisco visitó por primera vez la Amazonia y se percató de su preocupante estado de vulnerabilidad.

Todos los participantes expresaron una conciencia aguda sobre la dramática situación de la Amazonia, lo que significa la desaparición del territorio y sus habitantes. La selva amazónica es un corazón biológico para la tierra, la cual se encuentra en una carrera desenfrenada a la muerte. El Sínodo destacó la integración de la voz de la Amazonia con la voz y el sentir de los pastores participantes, algo que conduce a la iglesia a nuevos caminos de presencia, evangelización y diálogo intercultural en la región”, cita el informe final.

Un pulmón asfixiado

La Amazonia es una región esencial para la distribución de las lluvias hacia otras partes de Sudamérica que contribuye a los grandes movimientos de aire alrededor del planeta. El ciclo del agua amazónico es un eje que conecta ecosistemas, culturas y el desarrollo del territorio, del cual dependen indígenas, campesinos, afrodescendientes, mestizos, colonos, ribereños y habitantes de los centros urbanos. 

Sin embargo, es la segunda área más vulnerable en el mundo con relación al cambio climático, razón por la cual el Sínodo la cataloga como una hermosura herida y deformada y un lugar de dolor y violencia. 

“Entre sus amenazas están la apropiación y privatización de la naturaleza; concesiones madereras; caza y pesca; megaproyectos como hidroeléctricas, monocultivos, carreteras, hidrovías, ferrocarriles y proyectos mineros y petroleros; deforestación; contaminación por la industria extractiva y basureros; y sobretodo el cambio climático”. 

Advierte que la Amazonia también padece por la contaminación, narcotráfico, grupos armados, alcoholismo, violencia contra la mujer, explotación sexual, tráfico y trata de personas, turismo sexual, pérdida de la cultura originaria e identidad y asesinato de líderes y defensores. “Todo esto impulsado por intereses económicos y políticos de los sectores dominantes, con la complicidad de algunos gobernantes y autoridades indígenas”.

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Casi 17 por ciento de los bosques amazónicos ya desaparecieron por causa de la deforestación, flagelo que tiene en jaque su biodiversidad y papel de amortiguador contra el cambio climático. “La ciencia y tecnologías avanzadas para una bioeconomía innovadora de bosques en pie, son fundamentales para salvar al bosque tropical”.

En el documento final del Sínodo, la iglesia manifestó su interés de actuar frente a la crisis socioambiental que padece la Amazonia. Su mayor apuesta es la ecología integral, una propuesta que parte del conocimiento de los pueblos y un diálogo de saberes para encontrar modelos de desarrollo justos y solidarios. 

Una de las causas principales de la destrucción en la Amazonia es el extractivismo predatorio. La ecología integral involucra a la justicia dentro de las discusiones sobre el ambiente, y es el único camino posible y viable para salvar la región. La iglesia anima a la comunidad internacional a disponer de nuevos recursos económicos para su protección y promoción de un modelo de desarrollo justo y solidario con las comunidades y pueblos”.

Aunque indicó que no podrá modificar inmediatamente el modelo de desarrollo destructivo y extractivista imperante, sí tiene la necesidad de denunciar la violación de los derechos humanos y la depredación de los recursos naturales, al igual que asumir campañas de desinversión de compañías extractivas (incluidas las instituciones eclesiales) y apoyar una transición energética radical.

No es inagotable

Para evitar que la senda del desarrollo y los modelos económicos siga mermando la biodiversidad y atacando a los pueblos amazónicos, el Sínodo estima que es preciso buscar modelos económicos alternativos y sostenibles, pero con un sólido sustento espiritual. 

“Junto con los pueblos amazónicos, solicitamos que los estados dejen de considerar a la Amazonia como una despensa inagotable. Deben desarrollar políticas de inversión que tengan como condición el cumplimiento de estándares sociales y medioambientales, de la mano con las comunidades amazónicas y las diferentes instituciones científicas”. 

La Amazonia también padece por la contaminación, narcotráfico, grupos armados, alcoholismo, violencia contra la mujer, explotación sexual, tráfico y trata de personas, turismo sexual, pérdida de la cultura originaria e identidad y asesinato de líderes y defensores. Foto: Archivo Semana.

El Sínodo le apunta a que el nuevo paradigma de desarrollo sostenible sea socialmente inclusivo, combinando conocimientos científicos y tradicionales para empoderar a las comunidades, en su mayoría mujeres, y hacer que esas tecnologías sirvan para el bienestar y protección de los bosques. “Los criterios comerciales no deben estar por encima de los medioambientales y de los derechos humanos”

Propone generar alternativas de desarrollo ecológico integral desde las cosmovisiones de las comunidades y rescatando la sabiduría ancestral. “Apoyamos proyectos que proponen una economía solidaria y sostenible, circular y ecológica. Hay que promover experiencias de cooperativas de bioproducción, reservas forestales y consumos sostenibles”.

La iglesia como cuidadora 

La iglesia tendrá un papel de aliada en la defensa de la Amazonia, rol que le permitirá fortalecer el apoyo y participación y promover una calidad de vida ética y espiritual de las personas de la región. “Debemos formar agentes pastorales y ministros ordenados con sensibilidad socioambiental. Queremos una iglesia que promueva un estilo de vida en armonía con el territorio y reconozca la sabiduría de los pueblos sobre la biodiversidad”.

En cuanto a las políticas energéticas, el Sínodo envió un SOS: “deben reducir la emisión de gases relacionados con el cambio climático. Todas las empresas tienen que establecer sistemas de monitoreo de la cadena de suministro para garantizar que la producción sea ambientalmente sostenible y social. Necesitamos respetar el derecho al agua limpia”.

El informe contiene un compromiso por parte de la iglesia para acompañar a los pueblos amazónicos en el registro, sistematización y difusión de datos sobre sus territorios. “Queremos crear ministerios para el cuidado de la Amazonia, que tengan como función cuidar el territorio junto con las comunidades indígenas. Uno de ellos atenderá a los desplazados de sus territorios hacia las urbes”.

Pecado ambiental

Una de las conclusiones más mediáticas del Sínodo fue definir como pecado ecológico a todas las acciones u omisiones contra Dios, el prójimo, la comunidad y el ambiente. 

“Es un pecado contra las futuras generaciones que se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción del ambiente, transgresiones contra los principios de interdependencia y la ruptura de las redes de solidaridad entre las criaturas y contra la virtud de la justicia”, aseguraron los obispos.

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Propone crear ministerios especiales para el cuidado de la Amazonia y la promoción de la ecología integral a nivel parroquial y en cada jurisdicción eclesiástica, que tengan como funciones el cuidado del territorio y las aguas.

Es necesario crear un fondo mundial para cubrir parte de los presupuestos de las comunidades que promueven el desarrollo integral y sostenible de la Amazonia, para así protegerlas del ansia depredadora. Debemos reducir el consumo excesivo, la producción de residuos sólidos, la dependencia de los combustibles fósiles y el uso de plásticos”.

El Sínodo hace un llamado global a la siembra de árboles, cambio de hábitos alimenticios (exceso de consumo de carne y peces) y una búsqueda de alternativas sostenibles en agricultura, energía y movilidad. “Crearemos un observatorio socioambiental pastoral para fortalecer la lucha en la defensa de la vida, el cual realizará un diagnóstico del territorio y sus conflictos socioambientales en cada iglesia local y regional”.

Diálogo, un nuevo camino

La conversión pastoral será samaritana y en diálogo con los indígenas, campesinos, afrodescendientes y migrantes de la Amazonia, lo que según el Sínodo supondrá una espiritualidad de la escucha y el anuncio. 

“Queremos ser una iglesia amazónica y samaritana. Los discípulos misioneros están llamados a salir al encuentro de todos, especialmente de los pueblos originarios, los pobres y los excluidos de la sociedad. Seremos una iglesia servidora, kerigmática y educadora”.

El Sínodo hace un llamado global a la siembra de árboles, cambio de hábitos alimenticios y una búsqueda de alternativas sostenibles en agricultura, energía y movilidad. Foto: Reuters vía DW

Los obispos concluyeron que la variedad pluriétnica, pluricultural y plurireligiosa de la Amazonia demanda una actitud de diálogo abierto, reconociendo a los pueblos indígenas, ribereños, campesinos, afrodescendientes, grupos religiosos, organizaciones de la sociedad civil, movimientos sociales populares y el Estado.

“La Amazonia es una amalgama de credos, en su mayoría cristianos. Esta realidad nos abre caminos de comunión, como traducciones de la Biblia a las lenguas locales. Las religiones indígenas y cultos afros merecen ser conocidas y entendidas en sus propias expresiones y en su relación con el bosque. Es necesario que las iglesias amazónicas desarrollen iniciativas de encuentro, estudio y diálogo, las cuales sean respetuosas con estos pueblos”. 

Mundo diverso

La Amazonia, también llamada Panamazonia, cuenta con más de 33,6 millones de habitantes, de los cuales entre 2 y 2,5 millones son indígenas. Está conformada por la cuenca del río Amazonas y sus tributarios, extendiendo su dominio sobre nueve países. 

Los pueblos indígenas amazónicos, que viven en armonía con la naturaleza, los seres humanos y el ser supremo, están intercomunicados con el cosmos y tienen una conectividad con el agua, territorio, naturaleza, cultura, Dios y las diversas fuerzas espirituales. Buscan mejores condiciones de vida y disfrutar de un desarrollo sostenible.

Según el documento final del Sínodo, para los indígenas de la Amazonia no existen fronteras, por lo cual se mueven por todo el territorio. Sin embargo, han sido víctimas del desplazamiento forzado, factor que los ha llevado a habitar en las zonas más pobres y peor urbanizadas de las ciudades. La zona también sirve como corredor migratorio de refugiados. 

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El desplazamiento indígena exige una atención pastoral transfronteriza capaz de comprender el derecho a la libre circulación de estos pueblos, dice el informe. “Esa movilidad humana en la Amazonia revela el rostro de Jesús Cristo empobrecido y hambriento, expulsado y sin hogar. Estas comunidades han vivido desde hace miles de años cuidado su tierra. Los nuevos caminos de la evangelización deben construirse en diálogo con estos conocimientos”.

Cambios en la evangelización

Para respetar a las culturas y los derechos de los pueblos amazónicos, la iglesia rechaza de tajo la evangelización de estilo colonialista, y considera que la clave está en un proceso que promueva la vida de la iglesia con una identidad y rostro amazónico.

“La tarea evangelizadora de la iglesia debe incluir procesos claros de inculturación de nuestros métodos y esquemas misioneros, es decir una armonización del cristianismo con las culturas de los pueblos. Proponemos que los centros de investigación y pastoral, en alianza con los indígenas, estudien, recopilen y sistematicen las tradiciones de los grupos étnicos para favorecer un trabajo educativo que parta de su identidad y cultura”.

Pero antes de eso, considera necesario conocer a la perfección sus lenguas, creencias, aspiraciones, necesidades y esperanzas, además de la construcción colectiva de procesos educativos con la identidad cultural amazónica como eje transversal.

Indígenas en la iglesia

El Sínodo cataloga de urgente el darle a la pastoral indígena un lugar específico dentro de la iglesia, un hito que permitiría desarrollar una propuesta evangelizadora en medio de las comunidades indígenas. 

“Sigue siendo necesario crear o mantener una opción preferencial por los indígenas. Para esto, es necesario establecer y consolidar diocesanos de pastoral indígena con una acción misionera renovada, que escuche, dialogue y con una presencia permanente. La iglesia indígena contará con sacerdotes y ministros propios en comunión con la iglesia católica”.

En la vasta selva amazónica hay indicios de 185 pueblos indígenas aislados, etnias que llevan huyendo del hombre blanco desde la conquista española y portuguesa. Foto: Archivo Semana.

Otras conclusiones del documento es que la iglesia está llamada a dar respuestas a la despoblación del campo y la creación de una pastoral en la periferia de los centros urbanos para atender el fenómeno de las migraciones y el desplazamiento forzado. 

“Es preciso crear equipos misioneros, coordinados con las parroquias y demás instituciones eclesiales, ofreciendo así liturgias inculturadas y en las lenguas de los migrantes”.

¿Y los aislados?

En la vasta selva amazónica hay indicios de 185 pueblos indígenas aislados, etnias que llevan huyendo del hombre blanco desde la conquista española y portuguesa. De ese total, 70 ya fueron confirmados, dos de ellos en Colombia: los yuri y passés.

Para el Sínodo, estos pueblos han padecido de abusos y violaciones sistemáticas, las cuales provocaron su migración a lugares más inaccesibles, buscando protección, procurando preservar su autonomía y optando por evitar sus relaciones con los blancos. 

“Hoy continúan con una vida amenazada por la invasión de sus territorios desde diversos frentes. Por su baja demografía, están expuestos a la limpieza étnica y a la desaparición”.

Cuando visitó la Amazonia el año pasado, el Papa Francisco dijo que los pueblos aislados son los más vulnerables entre los vulnerables. “Sigan defendiendo a estos hermanos. Su presencia nos recuerda que no podemos disponer de los bienes comunes al ritmo de la avidez de consumo”.

La defensa de los aislados no exime de responsabilidad pastoral a las iglesias locales. “Debemos manifestarnos en acciones específicas por la defensa de sus derechos, concretadas en acciones de incidencia para que los estados asuman la defensa de sus derechos mediante la garantía legal e inviolable de los territorios que ocupan”.

La iglesia propone que las poblaciones vecinas a los territorios de los aislados sean sensibilizadas sobre el respeto de estos pueblos y la importancia de la inviolabilidad de sus territorios. 

El rostro joven

En cuanto a los jóvenes de diversas culturas, grupos étnicos y de colonizadores en la Amazonia, en Sínodo denuncia que están en riesgo por pobreza, violencia, enfermedades, prostitución, suicidio, explotación sexual y uso y tráfico de drogas. 

“La iglesia debe acompañarlos para hacer frente a toda situación que destruya su identidad. La Amazonia rural se está despoblando y las ciudades se enfrentan a problemas de delincuencia juvenil, falta de trabajo, luchas étnicas e injusticias sociales. Debemos ser una presencia profética entre los jóvenes, ofreciéndoles acompañamiento y educación”.

Los obispos manifestaron que en la selva no solo la vegetación está entrelazada sosteniendo una especie con otra. Los pueblos que la habitan se interrelacionan entre sí en una red de alianzas. Foto: Archivo Semana

Para los religiosos, la iglesia amazónica quiere reconocer a los jóvenes como profetas de esperanza, comprometidos con el diálogo y ecológicamente sensibles. “Hay que promover nuevas formas de evangelización a través de los medios sociales, ayudar al joven indígena a lograr una sana interculturalidad y hacer frente a la crisis de antivalores”.

Apuntan que es preciso incidir en las políticas públicas y promover iniciativas que mejoren la calidad de vida en el mundo rural, al igual que crear una red itinerante que reúna los esfuerzos de los equipos que dinamizan la fe de las comunidades en la Amazonia.

Cultura ancestral, una prioridad 

La Amazonia es un epicentro de pueblos milenarios y ancestrales, una premisa que para la iglesia debe predominar. “Nuestra conversión debe ser cultural, respetando y reconociendo los valores e interculturalidad de los pueblos. La realidad pluricultural exige tener una mirada que incluya a todos los grupos y que sus identidades sean reconocidas, respetadas y promovidas por la iglesia y la sociedad”.

Los pueblos amazónicos deben ser un interlocutores válidos para el diálogo y el encuentro. “Solo una iglesia misionera e inculturada hará surgir las iglesias particulares autóctonas, con rostro y corazón amazónicos y enraizadas en sus culturas y tradiciones propias”.

Los obispos manifestaron que en la selva no solo la vegetación está entrelazada sosteniendo una especie con otra. Los pueblos que la habitan se interrelacionan entre sí en una red de alianzas. “El pensamiento de los indígenas ofrece una visión integradora de la realidad capaz de comprender las múltiples conexiones existentes entre todo lo creado”. 

Iglesia femenina

En el Sínodo, los representantes de la iglesia aseguraron que quieren ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en el ámbito religioso amazónico, algo que ya había anunciado en Papa en su visita a la Amazonia. 

“No reduzcamos el compromiso de las mujeres en la iglesia, sino que promovamos su participación activa en la comunidad eclesial”, dijo el Papa en su momento.

Esto coincide con la sabiduría de los pueblos ancestrales, la cual afirma que la madre tierra tiene rostro femenino. “En el mundo indígena y occidental la mujer es la que trabaja en múltiples facetas. Es necesario que ella asuma con mayor fuerza su liderazgo en el seno de la iglesia, y que ésta refuerce su participación en los consejos pastorales de parroquias y diócesis, o incluso en instancias de gobierno”.

Sumado a esto, el documento recalca que es necesario fomentar la formación de mujeres en estudios de teología bíblica, teología sistemática y derecho canónico, valorando así su presencia en organizaciones y liderazgo dentro y fuera del entorno eclesial. 

“Los presbíteros de las iglesias en la Amazonia contarán con una formación con rostro amazónico, inserta y adaptada en la realidad. Proponemos un plan de formación en línea con los desafíos de las iglesias locales y la realidad de la región, que aborde la ecología integral, la ecoteología y la antropología cultural amazónica”.

Guerra por la tierra

En sus conclusiones, el Sínodo advierte que la codicia por la tierra es un detonante de conflictos como el etnocidio, asesinato y criminalización de los movimientos sociales y sus dirigentes. Buena parte de los territorios indígenas está desprovista de protección, y los ya demarcados son invadidos por la minería, deforestación, proyectos de infraestructura, cultivos ilícitos, latifundios y ganadería extensiva.

“Ante esto, la iglesia será una aliada de los pueblos amazónicos para que denuncien los atentados contra la vida de las comunidades, los proyectos que afectan al medioambiente, la falta de demarcación de sus territorios y el modelo económico de desarrollo depredador”.

La vida de estos pueblos está amenazada por la destrucción, explotación ambiental y violación de sus derechos territoriales. “Es preciso defender los derechos a la libre determinación, la demarcación de territorios y la consulta previa. La defensa de la vida, comunidad, tierra y derechos de los pueblos indígenas es un principio evangélico”.

Salud y educación

En las zonas sin asistencia del Estado, la iglesia propone asumir la tarea de promover la educación en salud preventiva y ofrecer asistencia sanitaria. Además, cataloga como importante promover la socialización de conocimientos ancestrales en el campo de la medicina tradicional propia de cada cultura.

“En la Amazonia hay una fragilidad en la educación de los indígenas, con una calidad deficiente y deserción escolar frecuente, más que todo en las niñas. Es preciso exigir a los gobiernos la implementación de una educación pública, intercultural y bilingüe, y potenciar espacios de comunicación para promover una conversión ecológica integral”. 

La iglesia creará una red de comunicación eclesial panamazónica y una escolar de educación bilingüe para la Amazonia, ambas con la identidad cultural y lingüística de los pueblos.

Universidad 

En el documento final del Sínodo quedó consignada la creación de la Universidad Católica Amazónica, que estará basada en la investigación interdisciplinaria, inculturación y diálogo intercultural.

“Las actividades de investigación, educación y extensión deben incluir programas de estudios ambientales y étnicos. La formación de docentes, enseñanza y producción de material didáctico debe respetar las costumbres y tradiciones de los indígenas. Le pedimos a las universidades católicas de América Latina que nos ayuden en esto”.

También creará un organismo episcopal que promueva la sinodalidad entre las iglesias de la región, para así delinear el rostro amazónico de la iglesia y continuar la tarea de encontrar nuevos caminos para la misión evangelizadora. “Las comunidades amazónicas manifestaron que la liturgia debe valorar su cosmovisión, tradiciones, símbolos y ritos originarios”.