El sábado pasado, hacia las 12 del medio día, Daniel Gómez revisaba el bosque que tiene en El Jardín, su finca ubicada en la vereda Guardapolvos del municipio de Codazzi, en el piedemonte de la Serranía del Perijá a cuatro kilómetros del casco urbano. Así lo hace todos los fines de semana desde hace cinco años, cuando compró el predio que alberga 14 hectáreas de bosque seco tropical, un ecosistema casi extinto en Colombia.

De repente, Royman, el cuidador de la finca, sintió un olor a quemado y sus ojos empezaron a arder. Luego de comunicarle los síntomas a su patrón, le dijo que alguien estaba quemando monte muy cerca del predio. La teoría se materializó a los pocos minutos. “Divisamos una humareda como de 25 metros de alto que venía de un predio vecino. Sentí un escalofrío por todo mi cuerpo, ya que un incendio forestal en esta época del año podría acabar el bosque que he conservado con tanto esfuerzo”, recuerda Daniel.

Este hijo del Valle de Upar de 49 años de edad y su ayudante se dirigieron hacia el nacimiento de la humareda. Encontraron un extenso terreno de monte calcinado por el fuego, al parecer, una quema intencional en el predio vecino para empezar a cultivar maíz. Pero lo más preocupante fue que las llamas ya estaban dentro de la finca de Daniel y marchaban hacia sus 14 hectáreas de bosque seco tropical, conformadas por árboles de carreto, guáimaro, guácimo, tananeo, santa cruz, ceiba, guarumo, cañaguate, gualanday, trupillo, orejero, resbala mono, cedro y palmas amarga, de vino y corozo.

“Por los fuertes vientos característicos durante esta época del año, las cenizas y chispas fluyen por el aire y pueden quemar cualquier terreno. Con la ayuda de mi ayudante logramos ahogar las llamas presentes en mi finca, abriendo líneas con machete para que el fuego no siguiera su curso. Pero el daño ya estaba hecho. Además de calcinar varias zonas donde pastan las 23 vacas que tengo, cerca de dos hectáreas de bosque que se habían regenerado y estaban en proceso de crecimiento fueron consumidas por el fuego”, informó Gómez.

Aunque las llamas desaparecieron de su finca hacia las 10 de la noche del pasado 9 de marzo por el trabajo de Daniel y su trabajador, la angustia de ambos continúa creciendo. “No demoran en llegar las lluvias. Por eso los campesinos aceleran a quemar todo rastro de vegetación para sembrar maíz, sin importarles si su accionar acaba con el hogar de animales y plantas. Además, ese cultivo no es rentable: el año pasado, cinco campesinos de una de las fincas vecinas destinaron seis meses para la cosecha, que a lo último solo les generó como 1,2 millones de pesos”.

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Luego de controlar las llamas en su pecunio, Daniel regresó a su casa en Valledupar, donde vive con su esposa y sus dos hijos mayores. “Casi no puedo dormir por la angustia de que el fuego regrese. Si la candela logra entrar en el bosque tupido que he conservado durante cinco años, el daño ambiental será incalculable. Allí tengo cuatro nacederos de agua y además es hogar de animales como iguanas, monos, armadillos, ñeques, zainos, guacamayas, tucanes, venados, tigrillos y jaguares”.

Daniel asegura que el panorama actual de la Serranía del Perijá en el municipio de Codazzi es apoteósico. “Todos están quemando. Parece que la montaña fumara y hay decenas de parches calcinados similares a un cenicero. En la región somos pocos los que protegemos los relictos de bosque seco tropical. La mayoría solo piensa en sembrar maíz y tiene la creencia de que quemando la vegetación los suelos se vuelven más fértiles. Lo que más rabia me da es que todo el esfuerzo se pierde y las autoridades municipales y departamentales poco hacen. Desde hace más de un mes Codazzi está ardiendo y los bomberos brillan por su ausencia. Si acaban con mi bosque pondrán fin a lo que quiero dejarles a mis hijos, un sitio lleno de bosque conservado”.

El trabajo de conservación del bosque seco tropical de este vallenato fue reconocido meses atrás por la Gran Alianza Contra la Deforestación como uno de los héroes del bosque colombiano. Daniel le compartió a SEMANA los videos de la candela en su finca y las devastadoras imágenes que dejó el paso del fuego.

Codazzi en alerta

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha detectado 978 puntos de calor desde el pasado viernes 8 de marzo en el departamento del Cesar, de los cuales cerca de 244 fueron identificados en inmediaciones del municipio de Codazzi.

El Instituto informó que aunque en los últimos días se ha registrado un aumento en los volúmenes de lluvias en algunas zonas del país, persisten las condiciones de alerta por incendios en las regiones Caribe, Andina y Orinoquia. Codazzi está en el grupo de los sitios con una probabilidad muy alta de presentar incendios en los próximos cinco días.

Sumado a esto, Codazzi hace parte de los 10 municipios del Cesar catalogados por el Ideam bajo alerta roja por la amenaza inminente de presentar incendios forestales. El listado lo conforman Codazzi, Becerril, Bosconia, El Copey, El Paso, La Paz, Manaure Balcón del Cesar, Pueblo Bello, San Diego y Valledupar.

Un héroe del bosque

Desde que era niño, Daniel Gómez soñó con tener una finca llena de árboles para colgar un chinchorro entre los troncos y divisar las estrellas. Hace cinco años, después de mucho ahorrar, cumplió su anhelo juvenil: compró una parcela de 26 hectáreas en la zona rural de Codazzi, de las cuales cerca de 14 están repletas de bosque seco tropical y con cinco nacederos.

La bautizó El Jardín e inmediatamente mandó a hacer dos letreros con un mensaje de advertencia a los depredadores del verde: “El árbol verde que cortes hoy será el aire que le faltara a tu hijo mañana. Prohibida la tala”.

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Su proyecto de vida es conservar a como dé lugar su bosque seco tropical, uno de los pocos relictos que queda en el país. Según el Instituto Humboldt, de las 9 millones de hectáreas de este ecosistema que tenía Colombia, no sobreviven más de 720.000.

Varios vecinos del sector han intentado sepultar su sueño. “El primer trabajador que contraté taló varios árboles para vender la madera. Además cazaba animales de la zona. Ese fue un duro golpe para mi. Habitantes de La Frontera, un barrio de invasión en Codazzi, también ingresan a talar. He visto árboles altos caídos y cortados con motosierra o machete, además de huellas de disparos para cazar la fauna”.

Sumado a las constantes amenazas por parte de los pobladores de la zona rural de Codazzi al bosque de El Jardín, hoy los incendios forestales trasnochan a Daniel, que en Colombia ya superan los 900 desde mediados de noviembre del año pasado.  “No son naturales, sino propiciados por gente con intereses personales a la que no le importa conservar el medio ambiente”.

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.