La producción de alimentos en el mundo está directamente relacionada con el suelo, pues es allí en donde se encuentran el agua, los nutrientes y microorganismos que son esenciales para que los cultivos puedan darse.

Sin embargo, no es un recurso finito y restaurar incluso unos pocos centímetros puede tomar hasta mil años. Por lo tanto, si se quiere  garantizar la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición en el futuro, es estrictamente necesario cuidar el suelo.          

Así lo determina la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), organismo que asegura que una de las principales amenazas para el suelo y la seguridad alimentaria del mundo es la erosión.

La FAO realiza un llamado para que el mundo se concientice de la gravedad de esta situación y empiece a actuar ahora, porque si no se hace, más del 90 % de los suelos de la tierra podrían degradarse para el año 2050.

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¿Pero qué es la erosión? Se trata de la remoción de la capa superficial del suelo por el agua, el viento o actividades agrícolas insostenibles como la labranza intensiva.

Precisa el organismo multilateral que parte de la erosión del suelo es natural y se produce en todas las condiciones climáticas de los distintos continentes; sin embargo, gran parte de ella se debe a actividades humanas como la deforestación, la agricultura intensiva, la ganadería extensiva, que pueden aumentar la tasa de erosión del suelo hasta un millón de veces.

La FAO destaca cinco formas en que la erosión del suelo amenaza nuestra seguridad alimentaria y el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

1-Restringe nuestra capacidad para producir alimentos nutritivos

Al disminuir los nutrientes disponibles para las plantas, así como el espacio para desarrollar las raíces, la erosión del suelo puede reducir el rendimiento agrícola hasta en un 50 %. Además, los cultivos tienden a ser de menor calidad: deformes, más pequeños y menos nutritivos. Este producto de escasa calidad tiene consecuencias no sólo para los agricultores que tratan de venderlo, sino también en las personas que obtendrán menos nutrientes al consumirlo.

2- Conduce a la degradación de los ecosistemas

La erosión del suelo significa la eliminación de la capa superior del mismo, que es la más fértil. Implica que sus minerales y nutrientes se depositen en otros lugares, degradando a menudo los ecosistemas tradicionales. Además, los sedimentos depositados pueden acumularse en embalses o anegar ríos y arroyos, privando a la gente de los recursos y la energía que les aportan.

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3- Afecta al suministro de agua

El suelo captura, almacena y filtra el agua, de manera que cuando se erosiona, la cantidad de líquido que deja transitar es menor. Sin suelo, la calidad del agua potable en las tierras bajas puede disminuir, ya que no fue filtrada adecuadamente a través del suelo aguas arriba. Además, con menos suelo para absorber las lluvias torrenciales, las inundaciones pueden volverse más frecuentes e intensas.

4- Daña las infraestructuras urbanas

Cuando la tierra no está sujeta por las raíces de las plantas, puede verse fácilmente arrastrada por el viento o el agua. Como resultado, las inundaciones, los deslizamientos de tierra y los vientos huracanados sean más intensos. Estos desastres naturales no sólo destruyen las explotaciones agrícolas, sino que también pueden dañar infraestructuras urbanas que aportan servicios vitales a los habitantes de las ciudades.

5- Contribuye a la pobreza y puede conducir a la migración

Más de 68 millones de personas se han visto desplazadas de sus hogares en todo el mundo, muchas de ellas por temas relacionados con el clima. La erosión del suelo no hace más que agudizar los efectos del cambio climático: con menos suelo, los ecosistemas tienen menos resiliencia para adaptarse a los nuevos patrones de temperatura y precipitaciones. A medida que el agotamiento del suelo agrava los efectos de los fenómenos meteorológicos, los medios de subsistencia de la población se ven cada vez más afectados, y más personas pueden verse obligadas a desplazarse a otro lugar.

Sin embargo, la FAO reconoce que en algunos lugares del mundo, las tasas de erosión del suelo han disminuido en las últimas décadas y de ahí la importancia de trabajar de forma articulada agricultores, científicos y responsables de las políticas públicas para desarrollar estrategias y programas para luchar contra la erosión del suelo. Dado que el 95 % de los alimentos que el mundo consume proviene del suelo, es imperativo detener su erosión.