La pava caucana, un ave de 76 centímetros de longitud con plumas grises y pardas, pico negro y garganta y patas rojas, es una especie exclusiva de una pequeña zona de Colombia: los bosques húmedos de las vertientes andinas del valle del río Cauca, ubicados entre los 1.200 y los 2.100 metros sobre el nivel del mar.

No ha sido registrada en ninguna otra parte del planeta, por lo cual es considerada como una especie endémica de algunas zonas boscosas de los departamentos de Cauca, Valle del Cauca, Risaralda y Quindío. Sin embargo, su distribución natural en la actualidad está restringida a cuatro núcleos, uno de ellos el Parque Nacional Natural Farallones de Cali.  

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Esta ave colombiana está cercana a ingresar al listado de los animales extintos por actividades impulsadas por la mano del hombre. La deforestación, flagelo que causa la pérdida de su hábitat, la cacería indiscriminada y el turismo no regulado, han reducido considerablemente su pequeña área de distribución, razón por la cual la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la tiene listada como una especie en peligro de extinción.

Campesinos de Cali se comprometieron a proteger el bosque donde habita la pava caucana. Foto: PNN.

Según Parques Nacionales Naturales (PNN), en 2002 se estimó que 95 por ciento del hábitat natural de la pava caucana ya estaba deforestado o degradado. “A esta ave se le ve solitaria, en pareja o incluso en grupos familiares que, en ocasiones, pueden llegar a 30 individuos. Su importancia ecológica está asociada a la dispersión de semillas”.

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La hecatombe ecosistémica del hogar de la pava caucana conllevó a tomar medidas como la actualización del plan de manejo por parte de la Asociación Calidris y Wildlife Conservation Society (WCS - Colombia), y la instalación de la mesa nacional de conservación de la especie en 2018, que estableció realizar un seguimiento profundo a las diferentes líneas de acción del plan de manejo, como investigación, monitoreo, manejo in situ, políticas e instrumentos de gestión, educación y divulgación.

Uno de los sitios escogidos para concretar acciones que permitieran salvar a la afectada pava caucana fue la zona con función amortiguadora del Parque Farallones de Cali, un territorio donde los expertos identificaron una considerable densidad poblacional de la especie, en especial en la vertiente occidental de la cordillera occidental, en los corregimientos de Los Andes y Villa Carmelo, zona rural de Santiago de Cali.

La pava caucana solo habita en cuatro núcleos de Colombia. Es una especie endémica del territorio nacional. Foto: PNN.

En el corregimiento de Villa Carmelo, 13 dueños de fincas han suscrito acuerdos de restauración ecológica con Parques Nacionales, predios que suman 117 hectáreas de las cuales 97,72 fueron destinadas netamente a la conservación del bosque y por ende de la pava caucana. “Estas zonas cuentan con un alto potencial de distribución de la especie, lo que posibilita la conservación de su hábitat y la generación de corredores biológicos”, dijo la entidad. 

Este es uno de los resultados de la mesa nacional de conservación de la pava caucana, estrategia que cuenta con la participación de diferentes actores como Calidris, CVC, WCS, zoológico de Cali, DAGMA, Universidad Javeriana, Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil de Pereira y Parques Nacionales.

Apoyo comunitario

Desde 2003, WWF Colombia trabaja en la conservación de la pava caucana en sitios como el santuario de flora y fauna Otún-Quimbaya, el área protegida regional Barbas-Bremen (Risaralda y Quindío), la reserva forestal bosque de Yotoco y el Parque Nacional Farallones de Cali.

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“Históricamente, esta especie ocupaba zonas bajas del valle del Cauca y del Patía, pero hoy su distribución es bastante reducida. En estos lugares, los científicos han llevado a cabo estudios sobre su historia natural, su dieta, tamaño de la población y conexión. La pava tiene una dieta frugívora generalista, complementada con insectos, hojas y flores. Habitualmente se encuentra en pequeños grupos, de uno a tres individuos, y no muestra territorialidad o comportamientos agresivos”.

Los Farallones de Cali es uno de los cuatro sitios donde sobrevive la pava caucana. Foto: PNN.

En Yotoco, con el propósito de conocer cómo varía el número de individuos en el tiempo, WCS trabaja en el diseño de programas de monitoreo con las comunidades locales, estudiantes universitarios y personas que laboran en las áreas protegidas. “Sin comprometer el rigor estadístico necesario, los monitoreos participativos pretenden ser sostenibles en el largo plazo”.

A finales de 2018, WCS y la Asociación Calidris publicaron la actualización del plan de manejo de la pava caucana, documento que compila la información sobre la especie y expone las estrategias y acciones que se deben implementar para conservarla.