Solo 17 kilómetros bastan para entender por qué el Güejar es considerado como uno de los cañones más hermosos del mundo.

En medio de esas gigantescas formaciones rocosas, que provienen del escudo Guayanés, que nace en Venezuela, atraviesa La Macarena y llega hasta Ecuador y Brasil, se encuentran exuberantes cascadas de diferentes tamaños y formasrocas milenarias que superan los 20 metros de altura, mariposas y aves de distintas gamas de colores y un río que muta entre café y verde esmeralda, dependiendo de las condiciones climáticas. Nutrias y babillas salen de ese afluente a tomar el sol de vez en cuando. 

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Pendiendo de las ramas de los árboles o paseando por entre las rocas del río también es posible observar monos titíes y osos perezosos. Allí la biodiversidad se vive, se palpita.

  
En época de verano la tonalidad del río cambia a un verde esmeralda. Foto: Esteyman Zota Orjuela /Instituto de Turismo del Meta.

La aventura por este mágico lugar, que hasta hace unos años era desconocido como consecuencia del conflicto armado que se registraba en la zona e impedía la realización del ecoturismo, comienza en el puente del Limonar, ubicado en jurisdicción de Mesetas, a dos horas y media en carro desde Villavicencio, y termina en territorio de San Juan de Arama, municipios donde es recomendable hospedarse por su cercanía al punto de partida, ya que recorrer este lugar solo se puede hacer a través de rafting, una actividad recreo-deportiva que consiste en recorrer un río en la dirección de la corriente en una embarcación o balsa.

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Allí se ubican las ocho empresas de diferentes partes del departamento que ofrecen ese servicio. Una de estas es Turem, de Mesetas, conformada hace dos años e integrada por 10 guías, quienes les explican a los visitantes cómo remar y actuar en situaciones de emergencia, aunque no hay porque alarmarse, ya que el río está catalogado en categoría 3, de 5 existentes, con algunos rápidos fuertes. En general, se trata de una experiencia muy tranquila. Chaleco, casco y remo hacen parte de la dotación al turista. 


En el puente del Limonar, ubicado en jurisdicción de Mesetas, comienza el recorrido. Allí se ubican los operadores que brindan el servicio de rafting. Foto: Mauricio Ochoa Suárez /Semana. 

"Lo que pasa en el Güejar, se queda en el Güejar, entonces si a una persona le gustó una flor, tómele la foto, pero déjela allí, ya que nosotros en la empresa tenemos como política que si a usted le gustó a otra persona también le va a gustar. De esta forma, tratamos de conservar nuestros entornos naturales, pues estamos en jurisdicción de parques nacionales y si no cuidamos nuestra riqueza, más adelante no vamos a tener que mostrar", indicó Stiven Oliveros, guía de rafting de la empresa Turem. 

El joven mesetense, de 21 años, afirmó que, para hacer un turismo amigable con el medioambiente, todos los elementos que utilizan para ofrecer los refrigerios están hecho de materiales reutilizables y reciclables. Además, para ellos es una prioridad recoger la basura que se genera durante las paradas y no permitir que nadie bote al agua desechos que puedan llegar a contaminar. 

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"Gracias a este tipo de turismo también estamos dinamizando la economía local, pues el servicio de transporte, los refrigerios y el almuerzo también son brindados por familias de la región. En una sola operación se están beneficiando seis o siete familias que también obtienen su sustento a partir de la práctica del rafting", explicó. 

A lo largo del recorrido, que tarda cerca de cinco horas, se realizan dos paradas para disfrutar de un refrigerio hecho por familias de la región, descansar, pero sobre todo apreciar el paisaje. La primera es en el ‘Titanic’, una gigantesca roca ovalada y filosa, rodeada por el río, que da la sensación de formar la parte delantera de un barco. Yogourt de fresa, mantecada, quesadillo en hoja y mangostinos hicieron parte de la merienda en esta oportunidad. 


La primera parada se realiza en el Titanic. Allí los turistas comen su refirgerio, descansan y cotemplan la inmensa roca filosa, rodeada por el río, que da la sensación de formar la parte delantera de un barco. Foto: Mauricio Ochoa Suárez /Semana. 

Río abajo, una hora después, se hace la segunda parada. Al bajar del bote, se camina por entre una quebrada de agua cristalina hacia el interior de la montaña por un lapso de 10 minutos hasta llegar una hermosa cascada de cerca de 70 metros de altura que yace escondida entre las rocas: todo un espectáculo


La cascada La Escondida tiene cerca de 70 metros de altura. 

"Ver tantas cascadas, sentir los rápidos del río, la fauna y flora que uno disfruta, el propio río que nos recuerda nuestros páramos, de verdad hace de esta una experiencia absolutamente mágica y sobre todo vivirla aquí en el municipio de Mesetas, nos recuerda el verdadero valor de la resiliencia y ha sido la manera a través de la cual el turismo del Meta se ha sostenido en medio de esta pandemia", indicó José Manuel Restrepo, ministro de Comercio, Industria y Turismo. 

El funcionario recalcó, tras recorrer el lugar, que era muy importante que todos los colombianos se volcaran a los territorios para hacer turismo en Colombia y "comprar lo nuestro". 


Durante el recorrido es posible encontrar varias cascadas que adornan el paisaje.

El final del trayecto se adelanta fuera del cañón. Desde allí es posible apreciar las montañas que hacen parte de la Serranía de la Macarena, área protegida que alberga en su interior este fascinante cañón. Los tres cerros que forman el perfil del Indio Acostado, formación que se puede apreciar desde la carretera que de Villavicencio conduce hacia San Juan de Arama, en la denominada ‘Ruta Turística del Ariari’, que involucra a los municipios de Acacias, Guamal, San Martín y Granada, son algunas de las formaciones montañosas que se pueden observar desde el río. 

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Fue bautizado como el Indio Acostado por los habitantes de la región, debido a que las curvas de las montañas recrean la imagen de un hombre inclinado boca arriba, el cual – según la leyenda – es el protector de los campesinos que viven en sus alrededores. 


Vista desde la vía del Indio Acostado. Foto: Mauricio Ochoa Suárez / Semana.

Esta singular experiencia termina en una finca tradicional llanera llamada La Resevera donde se toma el almuerzo: un suculento sancocho de gallina y un exquisito trozo de mamona.

"El Cañón del Güejar es una de las maravillas naturales con las que cuenta el Meta. Es una de nuestras rutas más lindas, pero cada municipio del departamento tiene un encanto. El Meta abrió las tanqueras y estamos listos para reactivar nuestra economía a partir de la atención a los turistas del mundo, cumpliendo siempre con todas las normas de bioseguridad", comentó Juan Guillermo Zuluaga, gobernador del Meta. 

El mandatario hizo énfasis en que ese departamento ya no quería vivir ni depender más petróleo, sino de lo que genera la industria del turismo comunitario y sostenible.  


El Titanic es una de las formaciones rocosas más imponentes que se encuentran durante la visita al cañón. Foto: Esteyman Zota Orjuela /Instituto de Turismo del Meta. 

Tras la reactivación del turismo, luego de seis meses de parálisis por cuenta de las medidas restrictivas adoptadas por el Gobierno nacional para prevenir el coronavirus, Stiven y las demás personas que dependen del turismo en el Meta solo esperan que los turistas vuelvan a disfrutar de esta maravilla natural única: el Cañón del Güejar.

"El Meta es un destino turístico que ofrece muchos atractivos naturales, un paisaje y una cultura única. Venir al departamento del Meta es un encanto, tenemos, además del Güejar, a Caño Cristales, varios parques temáticos y balnearios muy cómodos en medio de una exuberancia natural que le permite al turista realmente descansar, contemplar y disfrutar", expresó Mónica Cristina Solano Piedrahita, directora del Instituto de Turismo del Meta.  

Tenga en cuenta

Para realizar el recorrido en rafting es recomendable usar ropa cómoda, preferiblemente pantalón de sudadera para evitar los raspones con las piedras en caso de caer al río o al bajarse a caminar en las paradas o rumbo hacia las cascadas. 

No es aconsejable llevar celular, a menos que se cuente con una funda sumergible e impermeable. En vista de que la experiencia tarda cerca de cinco horas y que la única forma de salir es por el río, es importante que analice su capacidad de resistencia. 

La realización de esta actividad tiene un costo de 180.000 pesos por persona e incluye dos refrigerios, almuerzo, seguro médico, equipo de protección, servicio de guía y de rescate, en caso de ser necesario. 


Las autoridades y las comunidades le apuestan al turismo para reactivación económica en el Meta.