*Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Los alados no dejan de arribar a los humedales de la ciudad, esos pulmones en medio de la urbe que se convierten en su hogar.

La Fundación Humedales Bogotá, la oenegé que se ha dedicado a rescatar la importancia de estos cuerpos de agua desde hace ya unos 10 años, ha informado acuciosamente de las aves que antes no se asomaban en estos ecosistemas de la capital, pero que ahora se registran en varios de ellos.

Este fue el caso, por ejemplo, del carrao, una especie de tierras bajas avistada a mediados del año pasado en el norte de la ciudad y, posteriormente, en dos cuerpos de agua de la capital: el humedal Juan Amarillo o Tibabuyes y el Meandro del Say.

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También del falaropo tricolor, ave migratoria de pico recto y fino. Según informó a finales del año pasado la Fundación, el registro lo hizo María Camila Fierro, bióloga de manejo de fauna egresada de la Universidad Nacional, que se topó con uno de estos individuos mientras recorría el humedal Juan Amarillo o Tibabuyes, ubicado en localidad de Suba.

Hace unos días, nuevamente, la organización destacó a un alado que empezó a aparecer desde junio pasado en el humedal Meandro del Say, ubicado en la localidad de Fontibón.

Se trata del caracara moñudo, Caracara cheriway, un ave carroñera de gran tamaño, con cuello y patas largas, cresta áspera, coronilla color negro, y vientre y rabadilla con tonos crema.

La primera persona en reportar la presencia de esta ave en el humedal a la fundación fue José David Galeano, el 6 de julio del 2020. Foto: Camilo Castañeda / Fundación Humedales Bogotá.

Este alado, de acuerdo con la biblioteca virtual del Banco de la República, se encuentra en los Estados Unidos, desde el estado de Texas hasta Arizona y en la Florida. También en Centroamérica hasta Panamá, Ecuador, Colombia, Guyanas, Perú y Amazonas.

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El Caracara cheriway se alimenta especialmente de carroña y animales pequeños, de acuerdo con la National Audubon Society, una organización sin ánimo de lucro de Estados Unidos dedicada a la conservación de la naturaleza. Esta dieta incluye zorrillos, ardillas de tierra, conejos, serpientes, lagartos, crías de caimán, tortugas, peces, insectos de gran tamaño y una variedad de aves.

Según registra Humedales Bogotá, el pasado 25 de junio, Jerson Cárdenas, quien pertenece al grupo de monitoreo de la Secretaría de Ambiente registró esta ave.

Más adelante, en julio, Camilo Castañeda, voluntario que adelanta un trabajo de monitoreo en este ecosistema, lo fotografió sobre un árbol, casi que en el centro del cuerpo de agua.

De hecho, la primera persona en reportara la Fundación la presencia de esta ave en el humedal fue José David Galeano, el 6 de julio de 2020.

¿Qué hay detrás de estas apariciones?

De acuerdo con la fundación, esta ave, conocida también como caracara quebrantahuesos, suele frecuentar áreas abiertas y pastizales, y el Meandro del Say ha experimentado en los últimos años una desecación, proceso en el que aparecen grietas en el suelo debido a la pérdida de agua y humedad en los tiempos de sequía, “dando paso a grandes áreas con pasto kikuyo”.

De hecho, de acuerdo con Emmanuel Escobar, director de la fundación, el espejo de agua de este humedal disminuyó casi en un 60 por ciento, en comparación con 1986, por cuenta de los vertimientos producto de las conexiones erradas y los avances de su recuperación son casi nulos. Esto justificaría, en parte, la presencia del alado en este humedal de la ciudad, el único en el que se ha reportado.

El Meandro del Say ha experimentado en los últimos años una desecación. Foto: Pedro Camargo / Fundación Humedales Bogotá.

De igual forma, de acuerdo con Humedales Bogotá, este ecosistema de Fontibón limita con el municipio de Mosquera, “donde podemos encontrar ecosistemas estratégicos, como la laguna de La Herrera. Por allí llegan especies de tierras más bajas”.

Otro de los factores que ha tenido injerencia en las últimas apariciones, es el aumento de temperatura en la ciudad por cuenta del cambio climático.

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Sobre esta situación han indagado varios científicos del mundo, pues el calentamiento global ya está impactando a las aves, así como a sus hábitats y presas. Por ejemplo, la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, realizó un estudio para conocer cómo el cambio climático afecta a las aves migratorias y descubrió que a medida que la temperatura en el planeta aumenta, las aves tienden a encogerse debido a que “su temperatura corporal requiere menos regulación o aislamiento”.