"Liberar" o no a Chucho, el oso de anteojos que desde 2017 vive en el Zoológico de Barranquilla, es el dilema al que están enfrentados los magistrados de la Corte Constitucional. 

Para poder tomar la mejor decisión en beneficio de este mamífero de 24 años, la entidad judicial decidió convocar a una audiencia pública para conocer los diferentes puntos de vista que existen frente a este caso que, de paso, abrió el debate sobre si los animales deben ser o no sujetos de derechos constitucionales. 

En la audiencia intervinieron 15 personas de manera presencial y otras cinco en video. Los expertos dividieron sus opiniones, no solo frente a la posibilidad de trasladar a Chucho a un lugar similar a su hábitat natural, es decir, bosques húmedos andinos situados entre los 800 y 3.800 metros sobre el nivel del mar, cuyas temperaturas oscilan entre los 6 y 24 grados centígrados, sino frente al tema de otorgarle personalidad jurídica y ciertos derechos fundamentales, exclusivos hasta ahora de los humanos

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Para varios especialistas lo mejor es que Chucho se quede en el zoológico de la capital del Atlántico, pues temen que por su avanzada edad (entre 65 y 70 años humanos) y el hecho de nunca haber vivido libre, pues nació en semicautiverio a mediados de los noventa en la reserva natural La Planada, en Ricaurte, Nariño, no logre adaptarse y muera rápidamente. Teniendo en cuenta, además, que cuando apenas tenía cuatro años, en 1998, él y su hermana Clarita fueron donados a la Reserva Ecológica Río Blanco, en Manizales, para iniciar un programa de repoblamiento del oso andino. 

La Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia le había concedido inicialmente a Chucho el beneficio de habeas corpus, interpuesto por el abogado Luis Domingo Gómez, y ordenó su traslado a una zona de semicautiverio, pero la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla apeló la decisión y consiguió su revocaría. Adicionalmente, instauró una tutela al considerar que se desconoció su derecho al debido proceso y se cayó, además, en un defecto sustantivo al no valorar que dicho recurso (habeas corpus) solo protege la libertad individual de los seres humanos. Fue entonces cuando la Corte Constitucional conoció el caso y le correspondió estudiarlo de fondo. 

Daniel Rodríguez, biólogo de la Universidad Nacional, aseguró que el clima de Barranquilla, el cual supera en promedio los 31 grados centígrados, no representaba ningún impedimento para el oso Chucho. "Tenemos poblaciones silvestres de osos viviendo en las zonas secas de los bosques en Perú, con temperaturas que fácilmente llegan a los 40 grados en verano, pero estas son especies que se adaptan rápidamente a ese tipo de situaciones", afirmó.

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El experto señaló que un oso podía llegar a perder hasta el 60% de su peso corporal en menos de tres meses y lo recuperaría a la misma velocidad si la alimentación que recibía era la adecuada.

"El problema no es tanto si Chucho tiene la posibilidad de ser libre, aunque nunca lo fue, nosotros le quitamos esa opción de nacer en libertad y aquí tendríamos que ver si se la damos para que se muera afuera o le mantenemos el derecho a la vida en las mejores condiciones en las que lo podamos. Nosotros no vemos ningún inconveniente en que Chucho permanezca en el zoológico, siempre y cuando se le suministren cosas como, por ejemplo, un buen manejo de su alimentación, porque él ya no tiene ninguna posibilidad de regresar a la vida silvestre. Moverlo de allí es un riesgo en este momento, no sabemos cómo está su condición médica para someterlo de nuevo a dosis de anestésicos para trasladarlo de nuevo", manifestó. 

Para Rodríguez, Chucho está condenado a permanecer en el Zoológico de Barranquilla, pues en Colombia no existen centros de rehabilitación animal de semicautiverio. 

Chucho permanece en el Zoológico de Barranquilla desde el año 2017. Foto: archivo/Semana. 

Por su parte, Orlando Feliciano, coordinador del Santuario del Oso Andino, afirmó que por el bienestar del oso lo mejor es que permanezca en Barranquilla durante el tiempo que le resta de vida. "Hay que hacer una serie de adecuaciones para mejorar su hábitat. Eso sería suficiente", expresó. 

Opinión que comparte Óscar Ospina, representante de la Corporación Ambiental de Caldas, entidad que tuvo bajo su custodia a Chucho por 19 años. "En el zoológico tiene asegurada una atención médico-veterinaria óptima, está acompañado e interactúa con otros animales, incluida su compañera, y goza de un buen mobiliario, que solo habría que estar cambiando para contribuir a su salud mental", comentó el funcionario, quien informó que cuando Clarita, la hermana de Chucho murió, éste se deprimió y se escapó en varias oportunidades.

Entre tanto, Luis Domingo Gómez, abogado de Chucho, aseguró que el animal se encontraba viviendo en unas condiciones que no eran acordes a su entorno natural, de hecho, afirmó que ni siquiera se asemejaban. Agregó que su apoderado no representaba un peligro, pues jamás había agredido a nadie, ni siquiera cuando estuvo fugitivo en Río Blanco.

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A su turno, Nidia Espina, docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, les preguntó a los magistrados si el sufrimiento que implicaba para el oso Chucho estar sometido a altas temperaturas, la exhibición pública y las condiciones de cautiverio, ¿se podían constituir en una afectación a la salud psíquica y física de un animal y esto, a su vez, se podía configurar en un delito contra la especie y la vida?

La decisión de que Chucho sea o no trasladado a otro lugar depende ahora de la Sala Plena de la Corte Constitucional, que en poco tiempo proferirá un dictamen. Sin embargo, lo cierto -según los expertos- es que hay que actualizar el Programa Nacional para la Conservación del Oso Andino e implementar un marco jurídico diferencial para la protección de especies que se encuentran en peligro de extinción, como es el caso del oso de anteojos. 

"Consideramos que lo más adecuado es que se genere un procedimiento rápido en forma urgente y similar al habeas corpus para los animales que estén en peligro inminente", dijo Carlos Andrés Contreras, profesor de Derecho Animal de la Universidad de Barcelona, España. 

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"Se debe implementar un mecanismo especial expedito de protección para animales que estén en riesgo o en peligro", puntualizó Iván Garzón Vallejo, doctor en Ciencias Políticas, quien consideró que los animales no pueden ser sujetos de derecho y que el emotivismo absolutista y animalista le genera un serio problema al derecho por sus demandas ilimitadas.  

Punto de vista que controvirtió Andrea Padilla, vocera de Anima Naturalis Internacional, quien expresó que el reconocimiento de los derechos de los animales no suponía ninguna amenaza para los derechos humanos.