Para el año 2023, Colombia deberá estar libre de productos elaborados a base de mercurio. Ese es uno de los objetivos que perseguirá el Plan de Acción Sectorial Ambiental de Mercurio que fue presentado este miércoles por parte del Ministerio de Ambiente.  

La iniciativa se basa en la Ley 1658 de 2013 que establece la erradicación del mercurio en la minería en 2018 y en la industria en cinco años. Además, en el cumplimiento del Convenio de Minamata, el cual fue adoptado por el país en la Conferencia de Plenipotenciarios en 2013, en Kumamoto (Japón) y cuyo objetivo es proteger la salud humana y el medio ambiente de las emisiones y liberaciones antropógenas de este elemento y sus compuestos. Actualmente de esta convención hacen parte 89 países. 

El ministro de Ambiente, Ricardo Lozano, dio a conocer este miércoles el Plan de Acción Sectorial Ambiental de Mercurio. Foto: Ministerio de Ambiente. 

Para lograrlo fueron establecidas una serie de acciones, que también deberán adoptar los otros seis ministerios que decidieron suscribirse el pasado mes de agosto a la estrategia denominada Plan Único Nacional de Mercurio, el cual es liderado por el Gobierno nacional. Se trata de los ministerios de Minas, Comercio, Salud, Trabajo, Agricultura y Transporte.

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“Con este plan el Sistema Nacional Ambiental contribuye a la prevención de la contaminación por mercurio al controlar el uso, consumo y producción de la sustancia en el país. Adicionalmente, con los límites a la minería formal y a los diversos sectores, se busca frenar la producción, importación y exportación de productos que contengan mercurio como bombillos, termómetros o baterías”, señaló Ricardo Lozano, ministro de Ambiente. 

El jefe de esa cartera afirmó que para reducir el uso de este metal se ejercerá un control más eficiente y se fortelecerá la institucionalidad. 

Adicionalmente el plan privilegiará los proyectos para investigar el nivel de contaminación y su afectación en la biodiversidad, lo mismo que la restauración de zonas donde el mercurio se encuentra en grandes cantidades.

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“Se dará prioridad a algunas áreas, se identificarán posibles tecnologías y metodologías de recuperación-remediación y se implementará la metodología que sea costo-efectiva y con la capacidad de retornar servicios ecosistémicos”, indica el documento, en el que también se plantea la actualización de la legislación sobre los usos de mercurio, pero en especial el manejo, almacenamiento, disposición final y liberación de emisiones del mismo.

Para el Ministerio, la educación jugará un rol fundamental, ya que por medio de campañas pedagógicas se socializarán los usos y riesgos de que produce esta sustancia, así como los productos y procesos industriales donde el mercurio está presente. Para su implmentación se tendrán en cuenta zonas vulnerables en donde la minería ilegal tiene un gran presencia como, por ejemplo, en los departamentos de Chocó, Antioquia, Bolívar, Santander, Nariño y Cauca. 

También se abordarán a los gremios para que realicen un proceso de transición que les permita eliminar este metal de su producción. 

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La financiacion de este ambicioso plan se pretende realizar a través de la búsqueda de recursos internacionales. Actualmente esta iniciativa es apoyada por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Suiza, Reino Unido y Alemania, aunque también hay avances con la Unión Europea, la ONUDI, la ONU Medio Ambiente, el PNUD y la UNODC.

Entidades como el IDEAM, el Instituto Humboldt, el IIAP, el Instituto Sinchi, Invemar, las Corporaciones Autónomas Regionales, las Corporaciones de Desarrollo Sostenible, Autoridades Ambientales Urbanas, ANLA y Parques Nacionales Naturales también participan en el plan. 

El trabajo conjunto con las demás entidades del gobierno es clave para lograr la meta de eliminación de mercurio a 2023”, concluyó el ministro de Ambiente.

Tenga en cuenta

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente tiene 11 categorías de clasificación diferentes para las fuentes de mercurio.

En esa categorización se sitúan la minería y sus procesos de refinación de minerales; la generación de energía a partir de combustibles fósiles; la disposición de desechos como baterías; interruptores eléctricos y termómetros en cauces; los rellenos sanitarios y los hornos crematorios, entre otros. 

Este tipo de metal llega al cuerpo humano por ingestión, contacto con la piel e inhalación afectando el sistema inmunológico, además su vertimiento en las cuencas hídricas es letal para el medioambiente.