En el Tercer Seminario Nacional Anual sobre Monitoreo de la Cobertura Forestal, que finalizó esta semana, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) presentó los avances de un mapeo nacional que realiza con imágenes satelitales de la NASA sobre las plantaciones de palma de aceite en todo el país.

Este insumo permitirá conocer con certeza la cantidad de hectáreas cultivadas, tanto legales como las que no están agremiadas, en un mapa que verá la luz en el primer trimestre de 2019.

Pilar Lozano, funcionaria del Sistema de Monitoreo de Bosque y Carbono del Instituto, informó que la entidad utiliza imágenes satelitales gratuitas y ya procesadas de dos satélites de la NASA (Landsat 7 y 8), que son descargadas e incorporadas al Cubo de Datos del Ideam.

“Las imágenes son de 2017 y abarcan todo el territorio nacional, por lo cual el mapa contará tanto con las áreas agremiadas a Fedepalma como las que no lo están. Sumado a esto, tendrá una capa de la deforestación presentada en el país desde 2011, año elegido por el Acuerdo Cero Deforestación, para así conocer qué tanto ha incidido este cultivo en la pérdida de bosque”, apuntó la experta.

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En conclusión, el mapa nacional palmero con focos de deforestación tendrá la información aportada por Fedepalma y las nuevas áreas que no están agremiadas. “Conoceremos los terrenos afectados en Parques Nacionales y áreas protegidas, para que las demás entidades puedan tomar medidas”, puntualizó Lozano.

Para la elaboración del mapa, el IDEAM también se apoyará en información entregada por los monitoreos de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) con el fin de ubicar infracciones ambientales de los cultivos de palma, con énfasis en aquellos que se están sembrando en áreas con restricción en la Amazonia. La Fundación hace monitoreo en el área de frontera agropecuaria.

A la fecha, el mapa ha logrado identificar 551.810 hectáreas sembradas con palma, cultivos concentrados en la región Caribe, Catatumbo, Santander, Orinoquia, Andes centro y hasta en Tumaco.

Primer productor en América Latina

En el seminario, el Ideam presentó un panorama de las plantaciones que hacen parte de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (Fedepalma), que indican 516.961 hectáreas sembradas, 430.884 hectáreas de producción y 86.077 hectáreas de desarrollo.

Sesenta y nueve núcleos palmeros en el país reúnen a 6.000 productores, mientras que 160 municipios de 21 departamentos cuentan con este cultivo.

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El Instituto aseguró que estas cifras convierten a Colombia en el cuarto productor de palma de aceite a nivel mundial y el primero en América Latina.

El tema de la palma no agremiada, que está afectado los bosques, no es nuevo. Hace unas semanas, través de un comunicado de prensa, Fedepalma denunció la existencia de áreas con deforestación por cuenta de palma en bosques naturales en Meta y Guaviare, así como actividades productivas en zonas de exclusión legal tales como áreas de reservas naturales, forestales e indígenas.

Resultados hasta la fecha de hectáreas sembradas en el territorio nacional. Foto: Ideam

El gremio aclaró en ese entonces que este tipo de sucesos no representa la producción de aceite de palma con prácticas sostenibles que por décadas ha caracterizado al sector palmero, ya que para la Federación la agroindustria de la palma de aceite en Colombia realiza un trabajo riguroso de seguimiento en materia ambiental.

“Estos hechos ya fueron denunciados ante las autoridades. Deforestar o cultivar palma en zonas no permitidas va en contravía de las políticas y los objetivos de la palmicultura colombiana enfocada al desarrollo sostenible”, dijo Jens Mesa Dishington, Presidente Ejecutivo de Fedepalma, en el comunicado. Mesa rechazó la ejecución de este tipo de prácticas y aseguró que seguirá en la denuncia de actividades que atenten contra el patrimonio natural.

Denuncias en Bolívar y Catatumbo

Esas denuncias del gremio se unen a las de campesinos de regiones como el Catatumbo y el Sur de Bolívar que hablaron para SEMANA sobre la manera como actúan los grandes terratenientes que los sacan de sus tierras para sembrar palma.

A Elmer Cifuentes (*), un líder campesino del sur de Bolívar, el rostro le cambia cada vez que habla de la palma de aceite. Las venas de su frente se brotan, sus mejillas cogen un color rojizo, sus pupilas dilatadas parecieran reventar y de su boca salen como balas denuncias contra este cultivo.

Según este hombre de más de 50 años, desde hace más de una década las tierras y baldíos cenagosos del sur de su departamento han sido invadidos, usurpados y robados para introducir plantaciones de palma, un monocultivo que según él manda la parada en municipios como San Pablo, Simití, Cantagallo y Puerto Wilches.

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Recuerda que hace 15 años en la zona predominaban el maíz, la yuca y otros cultivos para el sustento diario de los campesinos, un panorama que desapareció para dar paso a la palma.  “Solo basta con dar un recorrido corto por el sur para ver caminos repletos de palma, con aves muertas al lado y lado y percibir un olor a mortandad. Pareciera el hedor de un cadáver, pero es la pestilencia que sale de las extractoras palmeras que están matando nuestra biodiversidad”.

Cifuentes afirma que los empresarios compran terrenos a los campesinos a precios irrisorios, algo que denomina como un desplazamiento “legal”. “Cuando la plata llega a su fin, los pobladores no tienen más remedio que desplazarse hacia las partes altas a tumbar montaña o sembrar coca. Este negocio invade terrenos baldíos como los esteros de los ríos y ciénagas y afecta la fauna silvestre y las fuentes hídricas. Nuestros caminos están contaminados con los cogollos de la palma. La Serranía de San Lucas es una de las más afectadas”.

Para él, el problema ambiental que hoy aqueja a la zona viene desde la capital del país. “Los ministerios tienen visiones opuestas. Mientras unos quieren conservar y recuperar, otros continúan dando licencias mineras y para monocultivos. Incluso muchos mandatarios de turno son socios de esas extractoras o dueños de grandes cultivos de palma. Nadie sabe cuántas hectáreas han sido destinadas para este cultivo”.

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Enrique Torres (*), campesino de la zona rural de Cúcuta en Norte de Santander, en la puerta al Catatumbo, dice que el conflicto armado le abrió las puertas a estas empresas para hacer de todo, hechos que los líderes han intentado denunciar sin buenos resultados.

“Por la cantidad de palma nos estamos quedando sin agua. Además, cada día perdemos más bosques naturales, un corredor por donde transita el jaguar. Hemos luchado con las entidades para que tomen medidas, pero cada vez que denunciamos, cuando corremos con suerte, recibimos amenazas. Muchos están a favor de las empresas de los monocultivos, dijo Torres.

En el Catatumbo, Torres afirma que los campesinos reciben cualquier monto de dinero por parte de los empresarios para salir de la zona e irse a la ciudad. “Pero allá corren con peor suerte, quedan desempleados y les toca regresar a la región sin tierra para vivir y a trabajar como obreros. Sus antiguas fincas, que tenían bosque, pasan a convertirse en territorios palmeros. Acá aún no ha terminado el conflicto, necesitamos ayuda para frenar la proliferación de palma”.

(*) Nombres cambiados por solicitud de los entrevistados

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa del Gobierno de Noruega, Semana y el MADS que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.