Al igual que sucede en otras regiones del país, en la Ciénaga de Zapatosa, el humedal continental más grande de agua dulce que tiene Colombia, el oxígeno le está faltando a los peces, producto de los altos niveles de contaminación. Sin embargo, este no es el único problema: los bagres rayados, una de las especies más explotadas de la ciénaga, tienen exceso de mercurio; dos situaciones que ponen en riesgo la seguridad alimentaria de miles de pobladores de la zona, cuyo sustento es la pesca.

Los hallazgos fueron producto de estudios realizados por investigadores de la Universidad Nacional quienes encontraron, por ejemplo, que el mercurio hallado en el muestreo fue de 0,278 microgramos (µg) por gramo (g), cuando el límite recomendado por la Organización Mundial para la Salud (OMS), es de 0,2 para el consumo frecuente por parte de mujeres embarazadas y niños.

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Eduar José Arias Vanegas, especialista en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional, sede Palmira, fue el encargado de realizar la investigación que se desarrolló entre los años 2017 y 2018 analizando decenas de esta especie de pescado en cuatro puntos de la ciénaga, sin que se haya logrado determinar la causa del metal pesado en esta especie.

"En la Zapatosa no se realiza minería por lo que pensamos que el mercurio debe llegar por el río Magdalena pero son solo hipótesis", manifiesta al hacer un llamado a las autoridades ambientales para que se conozca las causas de esta contaminación.

La OMS ha anunciado que la presencia de este metal en los alimentos, así sea en cantidades pequeñas, puede causar graves problemas de salud y es peligroso para el desarrollo intrauterino (embarazadas)  y en las primeras etapas de vida, pues el mercurio puede ser tóxico para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo, la piel y los pulmones riñones y ojos.

Tras la investigación, Arias Vanegas también llama la atención sobre el impacto que genera la sobreexplotación del bagre rayado, dado que su captura se hace de manera temprana, lo que pone en riesgo la vida de esta especie, considerada en peligro de extinción.


Falta de oxígeno

Otro tema complejo que enfrenta este ecosistema es el de la contaminación, que está acabando con algunas especies debido a los bajos niveles de oxígeno. Luis Ángel Acosta Murgas, candidato a magíster en Ciencias Agrarias de la Nacional, también realizó varios muestreos cerca de la desembocadura del río Cesar, para determinar la calidad del agua en la ciénaga y sus consecuencias en la biodiversidad.

Tras los análisis, se determinó que este ecosistema, ubicado entre los municipios de Chimichagua, Curumaní, Tamalameque (Cesar) y El Banco (Magdalena) tiene un nivel de oxígeno disuelto de 2,3 miligramos por litro, cuando los peces necesitan para su desarrollo normal, en promedio, alrededor de 5 miligramos por litro.

Según Acosta Murgas, la baja disponibilidad de oxígeno disuelto es consecuencia de procesos químicos propios de la contaminación y de la proliferación de ciertas plantas acuáticas producto de los vertimientos.

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Explica, además, que esta problemática ha llevado a que en el ecosistema predominen especies pequeñas de bajo interés comercial, como es el caso del pincho (Cyphocharax magdalenae), que sobrevive ante cambios bruscos de las condiciones y se ve favorecido con el material orgánico en descomposición.

“Cuando peces de gran porte no encuentran un hábitat favorable en la ciénaga, migran a otras zonas o pasan por procesos de adaptación, lo que limita su tamaño, lo que les permite sobrevivir en ambientes contaminados”, explica el investigador.

Acosta Murgas, señala que la calidad del agua del río Cesar, que desemboca en la mencionada ciénaga no es la mejor debido a que  las plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR) de los municipios de la región no son eficientes en la remoción de elementos contaminantes.

Es tan compleja la situación, que en algunos puntos ni siquiera hay plantas de tratamiento y, por ello, las aguas residuales municipales se constituyen en uno de los principales agentes de contaminación orgánica de la ciénaga.

“Cuando los niveles de agua descienden las abundantes plantas macrófitas empiezan a morir y a descomponerse. Esa degradación disminuye el oxígeno; en esos periodos encontramos junto a la desembocadura del río Cesar solo cuatro especies de peces, mientras que en condiciones normales pueden haber en promedio, unas 15”, advierte el  investigador.

La acumulación de residuos orgánicos, conocida como eutrofización, también aumenta la cantidad de microalgas en otras zonas, las cuales disminuyen el oxígeno disuelto en el agua en su proceso de respiración en las noches; esto perjudica a peces depredadores como los bagres, que tienen hábitos alimenticios nocturnos.

En el proceso fueron recolectados 2.600 peces, a los cuales les midieron la longitud, talla y peso. “En toda la ciénaga encontramos 37 especies, de las cuales siete figuran en alguna categoría de amenaza, según la Lista Roja de Especies Amenazadas a nivel mundial (UICN)”, concluye Acosta Murgas.