En medio del actual panorama del páramo de Santurbán, hasta ahora inconcluso, resulta oportuna la publicación del libro Santurbán, una puerta en las montañas, de la Fundación Estación Biológica Guayacanal. 

Es un compilado de textos de Germán Camargo Ponce de León, María José Calderón Ponce de León, Germán Pilonieta y Sydney Adriano Pérez que dan cuenta de la grandeza de Santurbán desde su formación geológica hace miles de millones de años, hasta los conflictos que se imponen hoy en día en este lugar.

Sus cinco capítulos detallan información que toda persona interesada en Santurbán debería saber: el orígen geológico y formación del macizo, su biodiversidad, las personas que habitan y habitaron el lugar, la formación de agua y todo lo relacionado con su delimitación, lo más complejo de toda la discusión alrededor del páramo.

Según sus autores, se trata de la investigación más robusta, completa y extensa que existe en el país sobre este lugar que desde hace décadas ha estado en medio de debates, fallos y batallas perdidas en torno a su uso para fines económicos y su protección medioambiental. 

La investigación se inició en 2012 y contó con el apoyo de un grupo interdisciplinario de más de 60 profesionales, entre geólogos, agrólogos, zoólogos, botánicos, ecólogos, sociólogos e incluso economistas. 

Hicimos 432 levantamientos detallados de vegetación, 380 análisis de suelos desde la cota 2300 hasta los 4290 metros sobre el nivel del mar. Esto, junto con la fotointerpretación detallada de imágenes satelitales de alta resolución permitieron producir, por primera vez, el inventario y la cartografíaa de suelos, geoformas, ecosistemas y comunidades vegetales”, dice la presentación del texto.

A su vez, realizaron un trabajo de investigación con las comunidades y los representantes de los sectores económicos interesados en el macizo, clave para entender la importancia que tiene este lugar en términos socioeconómicos y culturales.

“Primero fue el mar”

La Cordillera Oriental de los Andes, donde se ubica hoy en día el macizo de Santurbán, se alzó del agua para convertirse en uno de los ecosistemas más completos y a la vez complejos del país.

Fue necesario remitirse millones de años atrás, hasta el Cretáceo de la Era Mesozoica, cuando no era más que agua, para explicar cómo se elevó la Cordillera Oriental para darle vida al macizo de Santurbán gracias a la actividad sísmica y movimiento de placas tectónicas.

Con la elevación gradual de la cordillera hace millones de años se formaron cuerpos de agua, hay variación de temperatura, de suelos y minerales. De hecho, la diversidad de relieves y climas han contribuido a la vasta biodiversidad que alberga este lugar.

Es por eso que la explicación de la geología de Santurbán da cuenta de la riqueza del territorio: un corredor de ecosistemas altoandinos con páramos, bosques andinos (o bosque de niebla), lagunas, valles y cañones. 

Biodiversidad desbordada

Santurbán, una puerta en las montañas, desglosa la inmensa variedad de especies de fauna y flora que alberga este lugar. En cuanto a las especies vegetales es claro que la variación de relieves y la transición de bosque altoandino a páramo influye en el tipo de especies presentes, además del número. 

“No solo la elevación influye en la distribución de la vegetación de páramo, sino que la orientación de las laderas o geoformas también tiene incidencia sobre la distribución de la vegetación o del límite del ascenso de la vegetación”, explican los autores.

A raíz de esto, lograron identificar cuatro comunidades florales que varían una de la otra dependendiendo de la altura a lo largo del macizo: la de propia de páramo, entre 3.300 y 3.950 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m); la comunidad abierta, que incluye vegetación de la zona subparamuna y de transición con el bosque, está entre 3.000 y 3.900 m.s.n.m; las comunidades leñosas, ubicadas en zona de transición de páramo a bosque altoandino. Y finalmente, las comunidades de bosque altoandino y andino, a 2.300 y 3.500 m.s.n.m.

Con la investigación también fue posible tener una idea del número de especies que allí habitan, datos que además demuestran que no solo la actividad humana ha influido en los cambios o ausencia de vegetación, sino también el cambio de clima. Las cifras arrojadas exponen que la vegetación en gran parte del macizo está peligro.

“De cada diez sitios estudiados, seis o siete albergan al menos una planta en peligro de extinción, y dos o tres constituyen el hábitat de una o varias especies que solo crecen en esta parte del planeta”.

La investigación corroboró la vasta variedad de vegetación presentes en este territorio debido a la variedad de altitud: alberga 110 familias, 241 géneros, 292 especies de plantas vasculares, además de 321 ejemplares clasificados por género y 215 por otras categorías. Es decir, 828 especies registradas.

La fauna no se queda atrás. En cuanto a mamíferos hay 12 familias y 23 especies registradas, la mayoría en el Páramo de Monsalve y siendo la especie de murciélagos Phyllostomidae la más abundante. 

En el caso de las aves, hay registros de 43 familias y 198 especies, cifras que incluyen siete amenazadas y siete migratorias. 

La comunidad paramuna

Hablar de las personas que habitaron -y habitan- el macizo de Santurbán es fundamental para entender los conflictos de intereses alrededor de este ecosistema. Es por eso que Santurbán, una puerta en las montañas, hace un claro recuento de las comunidades que pasaron por este lugar. 

Habla de los chitareros, por ejemplo, una comunidad indígena extinta que heredó costumbres de otros como los muiscas. Desde entonces estas tierras eran aprovechadas por esta población para actividades como la agricultura de papa, calabaza, maíz, haba, fríjol y ahuyama, o la minería como con la extracción de oro artesanal que para ellos, más que tener un valor comercial tenía uno espiritual.

Sin embargo, la llegada de los españoles representó un cambio en las prácticas económicas en el páramo, además de una disminución sustancial en la población de los chitareros, que más adelante fue extinción.

Esta época explica en gran parte lo que es hoy Santurbán, pues marcó un punto de inflexión en cuanto a las prácticas artesanales. Los colonizadores, a diferencia de los indígenas, sí veían en la extracción de oro un fin comercial y poco les importaba cuidar el ecosistema así que usaban métodos mucho más industrializados e invasivos que los precolombinos.

“Los cambios en el paisaje del territorio vinieron de la mano de excavaciones dispersas y superficiales, de modelos más tecnificados para el desagüe de las minas, de socavones barrenados, del uso de piedras de mortero para el molido del mineral y de cajones de amalgamiento”, explica el texto. 

Luego de esto vinieron las empresas extranjeras de minería, que impulsó el desarrollo de las familias que pudieron emplearse en estas, o alquilar predios y animales. Sin embargo, también se desencadenaron problemas sociales y ambientales a mayor escala, por desplazamientos, grupos ilegales y actividades que no tenían en cuenta la conservación ambiental de este lugar. Algo así como una premonición de los conflictos sociales, políticos, ambientales y económicos que envuelven a Santurbán hoy, décadas, incluso siglos después. 

Es por eso que, si bien es fundamental velar por la preservación del páramo, también deben tenerse en cuenta sus habitantes. Acabar con cualquier actividad económica en la zona como agricultura, ganadería y minería, podría traer graves consecuencias para las cerca de 50.000 familias que dependen del páramo. “Se cancelaría la historia de estas personas y se determinaría su salida de territorio, o entrada a la ilegalidad, viéndose afectada su sostenibilidad. Es decir, primero se reconocerían unos valores culturales asociados a la biodiversidad y luego se condenarían”. 

Agua: el centro de todo

La riqueza hidrológica del macizo de Santurbán es, en parte, la gran responsable de que sea un ecosistema rico en biodiversidad. La lluvia juega un papel fundamental en este lugar, pues las aguas subterráneas dependen del agua que se filtra de esta. Según los autores, es todo un ciclo en el que el agua se desplaza a través de los poros del suelo, y la que queda allí vuelve a la atmósfera gracias a la evapotranspiración y la otra alimenta las cuencas.

Sin embargo, este proceso no sería posible sin la vegetación que alberga el páramo, el tipo de suelos y los climas. El ecosistema es todo un conjunto de factores que ayudan a regular el clima, si uno de ellos se extingue, cambia o disminuye, puede afectar a todo el territorio.

La vegetación del páramo por ejemplo, es muy específica porque define la cantidad de agua que se necesita absorber del suelo y la que debe volver a la atmósfera para que se convierta en precipitaciones. “Las interrelaciones entre plantas, atmósfera, suelo y agua en un ecosistema de pa´ramo o de bosques son piezas claves para entender co´mo el clima influye sobre los componentes del ciclo del agua”, como explica el texto. 

Además, el agua del páramo abastece a más de dos millones de habitantes de los municipios de 30 municipios ubicados en Norte de Santander y Santander. Pero este recurso es además, usado para otras actividades como minería, agricultura y generación de energía eléctrica, así que termina el agua del páramo abastece directa o directamente a 66 municipios. 

Delimitación

Santurbán es, sin duda, uno de los 36 páramos colombianos del que más se discute y habla. El conflicto de intereses por los recursos que brinda el páramo han estado a la orden del día, así como el impacto ambiental como resultado de las intervenciones industriales. 

Delimitar el páramo para saber qué lugares deben dejarse intactos para preservar el ecosistema es clave, pero a la vez un tema que tiene tanto de largo como de ancho, pues lograrlo no es sencillo. Su variedad de relieves y altitudes no han permitido que su delimitación sea clara para todos los actores involucrados. Es por eso que el último apartado del libro se dedica a explicar esta problemática. 

"La opción, sin embargo, no puede ser únicamente prohibir toda actividad económica en el macizo pues afectaría a las familias que dependen del páramo. Muchas de las cuales se han esforzado desde antaño por desarrollar estas actividades, ya sean mineras o agropecuarias, de manera artesanal, evitando al máximo el deterioro del páramo pues entienden su importancia ambiental y lo cuidan", plantea el libro.