La pava caucana, especie endémica de Colombia, ya perdió el 95 por ciento de su hábitat. Según análisis de diferentes entidades que trabajan en el plan de manejo de esta ave en el país, se estima que la población no supera los 1.500 individuos. 

De acuerdo con la Wildlife Conservation Society (WCS), esta es una de las especies de aves más amenazadas en el país. Actualmente se encuentra en cuatro sitios del país: en la cordillera Central en Otún Quimbaya, entre los departamentos de Risaralda y Quindío; el Parque Natural Regional del Nima; en la ordillera Occidental, en la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco, y en el Distrito Regional de Manejo Integrado de Pance.

Los riesgos no son menores y la situación es preocupante para quienes trabajan por su conservación, pues se trata de un animal que es determinante para la naturaleza debido a que es un importante dispersor de semillas, lo que permite que la flora del bosque esté en permanente renovación. Este papel es clave en momentos en que los ecosistemas se ven afectados por diferentes razones, una de ellas la mano del hombre. 

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De acuerdo con el Plan de Manejo de la Pava Caucana, elaborado por entidades como WCS y la Asociación para el Estudio y Conservación de las Aves Acuáticas en Colombia (Calidris), esta especie se expone a amenazas como la deforestación, la cacería y el turismo no regulado, generando una disminución en el número de individuos, pérdida de flujo genético y aislamiento de las poblaciones. 

Por esta razón, los científicos consideran que es necesario plantear acciones estratégicas para reducir o eliminar las amenazas a la especie y sus hábitats, así como mantener o mejorar el tamaño y estado de sus poblaciones.

La pava caucana se encuentra catalogada “en peligro” a nivel internacional por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en el país está incluida en la Resolución 1912 de 2017 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y se encuentra en el Libro Rojo de Aves de Colombia con las categorías de “en peligro y vulnerable”. 

Aunque se presume que la cacería sobre la especie ha disminuido, no hay certeza en torno a este cambio de tendencia. En poblaciones tan pequeñas como las de esta especie, la remoción de unos cuantos individuos adultos puede causar un gran efecto en las poblaciones y podría llevar al colapso de las mismas.

Desconocimiento de las normas

Otros factores que están relacionados con las amenazas tienen que ver con la falta de conocimiento de las normas por parte de las personas que residen o que visitan las áreas donde habita esta ave y la forma de conservar sus hábitats y ecosistemas. 

Entre los núcleos de mayor presencia de estas aves se encuentran los departamentos de Risaralda y Quindío, en donde se presentan graves afectaciones. Allí, la deforestación es preocupante y está relacionada con la ampliación de sistemas agropecuarios, principalmente para la ganadería extensiva, así como para urbanización.

También existen áreas de deforestación histórica debido a grandes proyectos de infraestructura, como la Autopista del Café, la cual podría ser un impedimento para el movimiento de individuos entre áreas boscosas ubicadas a lado y lado de la vía. 

En esta zona se desarrolla una importante actividad turística en diversas localidades. Sin embargo, se desconoce cómo el turismo, especialmente aquel que no se encuentra regulado, podría estar afectando a la especie, por ejemplo, con la presencia constante de turistas cerca a los nidos. 

A esto se suman  reportes de cacería no confirmados de esta especie por fuera de las áreas protegidas del núcleo, los cuales podrían estar relacionados con tradiciones culturales de personas locales y visitantes.

Foto: Mauricio Salcedo


Estrategias de conservación

Ante este difícil panorama, las entidades interesadas en trabajar por su conservación establecieron estrategias definidas en cinco líneas de trabajo y definieron los puntos de intervención para reducir o eliminar las amenazas a la pava caucana en sus núcleos de presencia. 

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La primera es la línea estratégica de manejo in situ, con la cual buscan garantizar la calidad y cantidad de hábitat disponible para esta ave. Incluye planes de restauración y nuevas áreas protegidas y áreas importantes para la conservación, que busca reducir la amenaza de deforestación por sistemas agropecuarios.

Un segundo punto trabajará en buscar la articulación entre actores y promover la conservación de la especie a través de incentivos económicos, sociales y técnicos. La tercera línea está relacionada con educación y divulgación con el fin de posicionar la especie entre la sociedad civil y las instituciones a nivel nacional, regional y local, dando a conocer la importancia de su conservación a través de la educación ambiental. 

En cuarto lugar está el tema de investigación, que es transversal e incluye las estrategias de evaluación de amenazas, ecología general y manejo ex situ. Aquí, los científicos buscan aumentar el conocimiento que se tiene de la especie en sus núcleos de presencia, particularmente por fuera del núcleo Risaralda- Quindío, así como evaluar el impacto local de las amenazas.

Finalmente, está la la línea estratégica de seguimiento y monitoreo dirigida a mantener la  información actualizada de las poblaciones de la especie, con el fin de determinar si las acciones de conservación están siendo exitosas.

Adicional al documento de WCS y Calidris, se conformó una Mesa Nacional de Trabajo para la pava caucana, de la cual también hacen parte Parques Nacionales Naturales, la Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC) y la Fundación Zoológica de Cali. Por medio de esta mesa, se impulsan y articulan diferentes iniciativas en torno al estudio y la conservación de esta especie.