Desde 1990, el planeta ha perdido cerca de 420 millones de hectáreas de bosque debido al cambio de usos de la tierra desatado por la deforestación. Entre 2015 y 2020, la motosierra arrasó con 50 millones de hectáreas boscosas del globo terráqueo, terrenos destinados para cultivos, ganado, minería e infraestructura.

Así lo revela la última edición de El estado de los bosques del mundo, documento elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el cual concluye que se necesitan acciones urgentes para salvaguardar la biodiversidad de los bosques planetarios.

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Según el informe, África tuvo la mayor pérdida neta de área forestal entre 2010 y 2020, con una pérdida de 3,94 millones de hectáreas por año. El segundo lugar lo ocupó América del Sur, con más de 2,6 millones de hectáreas anuales, una hecatombe concentrada en territorios de Brasil, Colombia y Perú.

La Amazonia colombiana sucumbe ante la deforestación Foto: Rodrigo Botero. 

“Los bosques son parte fundamental del medioambiente y de las vidas de las comunidades que habitan los paisajes forestales, que son las más pobres. Por ejemplo, cerca de ocho millones de personas que dependen de los bosques en América Latina son pobres, y representan aproximadamente 82 por ciento de los pobres extremos rurales de la región”, concluye el estudio.

Para la FAO y el PNUD, aunque América Latina está en la obligación de reducir de forma urgente las tasas de deforestación, la región ha logrado consolidar varias experiencias positivas en el uso y conservación sostenible de los bosques, en países como Colombia, Bolivia, México y Brasil.

Corredores con campesinos 

Una de las iniciativas colombianas que destaca el El estado de los bosques del mundo es Conexión BioCaribe, una apuesta ambiental que arrancó en 2016 con el fin de reducir la degradación y la fragmentación de ecosistemas de la región del Caribe, como el bosque seco tropical.

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“Si bien la explotación de los recursos de la región desde épocas precolombinas ha impulsado el crecimiento económico, las prácticas insostenibles representaban una amenaza mayor para la rica biodiversidad de la región, la resiliencia de las comunidades rurales y la seguridad alimentaria. Conexión BioCaribe tiene como objetivo principal el diseño de 1,5 millones de hectáreas de corredores para conectar áreas protegidas aisladas”, indica el documento.

La región Caribe alberga casi 50 por ciento del bosque seco tropical de Colombia. Foto: Jhon Barros.

Estos corredores del Caribe colombiano, ubicados en departamentos como La Guajira, Cesar, Bolívar, Magdalena, Atlántico, Córdoba y Sucre, están formados por sistemas de producción sostenibles como silvopastorales, agroforestería, huertos mixtos, restauración de fuentes de agua y del litoral, restauración de manglares y recuperación de humedales con agricultura acuática.

Estos sistemas combinan especies que favorecen tanto la conservación de la biodiversidad como la producción de alimentos. El proceso comprende la planificación territorial, participación comunitaria con visión intercultural, ordenación eficaz y creación de áreas protegidas y análisis de la viabilidad de los posibles planes de incentivos y certificación de la conservación”, dijo la FAO.

Los resultados de esta iniciativa hablan por sí solos: 13.500 hectáreas de nuevas áreas protegidas y otras 116.000 hectáreas en proceso de creación; cultivo de 5.000 hectáreas mediante modelos alternativos de producción sostenible; y participación de 1.500 familias en escuelas de campo para agricultores.

Colombia contaba con más de nueve millones de hectáreas de bosque seco. Hoy no sobrevive más de un un millón. Foto: Jhon Barros.

Conexión BioCaribe también ha logrado establecer 1.300 hectáreas de zonas de seguridad de áreas protegidas con planes de producción sostenible y 68.000 hectáreas de mosaicos de conservación y uso adecuado de los recursos naturales. 

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Dos comunidades indígenas y tres comunidades afrodescendientes han incorporado el concepto de conectividad en sus planes colectivos de uso de la tierra. Esta iniciativa también creó una red de comunicación colectiva para difundir información y dar a conocer las actividades de las comunidades, en la que han participado niños y jóvenes para abordar los problemas a los que se enfrenta cada comunidad”. 

Este año se tiene proyectado que Parques Nacionales Naturales asuma la responsabilidad de gestionar la red y mantener la soberanía cultural en la comunicación de los grupos indígenas y afros.

El proyecto busca beneficar a los recursos naturales y a las comunidades del Caribe. Foto: Jhon Barros.  

Wayús verdes

El Parque Nacional Macuira, 25.000 hectáreas ubicadas en la península de La Guajira, es un paisaje sagrado y cultural para el pueblo wayú, indígenas que viven de la agricultura, el pastoreo y el uso selectivo de los bosques.

Este parque contiene una pequeña cadena montañosa aislada con bosques húmedos en sus picos, donde sobrevive el único ecosistema de bosques enanos nubosos en Colombia. “Mucho antes del establecimiento del parque, los wayú protegían muchas de estas zonas y paisajes debido a sus tabús culturales y al respeto que profesan por la naturaleza”, afirma el estudio.

Los wayú de la alta Guajira buscan defender los recursos naturales y conservar su ancestralidad. Foto: Jhon Barros.

Pero en 1977, cuando se declaró el Parque Nacional Macuira, no se tuvieron en cuenta las reclamaciones territoriales de los pueblos indígenas y se generaron situaciones de conflicto. “Sin embargo, a lo largo de los años se ha creado un mecanismo de gobernanza colaborativa y resolución de problemas, un resultado beneficioso para los wayú y la conservación de la biodiversidad”.

En 1984, el pueblo wayú obtuvo el título de tenencia de su territorio ancestral por medio de la conformación de un resguardo. Entre 1998 y 2000, la política de conservación participativa Parques con la gente, indicó que los territorios indígenas se superponen a las áreas protegidas, como en el caso de Macuira.

Los wayú de la alta Guajira han recibido apoyo para conservar la naturaleza. Foto: Jhon Barros.

“Con esta política, la gestión de Macuira ha sido respetuosa con los valores y la gobernanza. En en 2006, la mayoría de los jefes wayú aceptó trabajar con las directivas de Parques Nacionales, adoptando procesos de toma de decisiones conjunta y suscribiendo acuerdos de gobernanza ambiental para que las actividades de ganadería y horticultura fueras más sostenibles”.

Esta unión entre los indígenas y la institucionalidad le ha permitido a los wayú y las autoridades del Parque restringir el acceso a las cimas de las montañas con bosques nubosos, que constituyen un tabú cultural étnico y altos valores de conservación.

“La colaboración entre las autoridades y los wayú ha contribuido a reducir las actividades ilegales en la zona, como caza de aves y la extracción ilícita de madera. Aunque no hay muchos datos sobre las tendencias en materia de biodiversidad, la extensión de los cinco tipos de vegetación de Macuira, en especial el bosque nuboso, ha permanecido intacta desde la década de 1970”.