Los cielos azules y despejados que se podían observar en las principales ciudades del mundo en los primeros meses del año, han sido nuevamente invadidos por nubes grises de smog. La libre movilidad y la apertura de gran parte de las actividades industriales y comerciales han sido su principal causa.   

Una situación preocupante, pues la desaceleración industrial ocasionada por la pandemia de la covid-19, no ha frenado los niveles récord de emisión de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera, aumentan las temperaturas, provocan un clima extremo y aumentan los niveles del mar, con sus consecuentes efectos no solo en la vida y salud de las personas, sino en los ecosistemas. 

Noviembre de 2020, por ejemplo, fue el mes más caluroso jamás registrado en el mundo, según el servicio europeo Copernicus sobre el cambio climático. De acuerdo con los análisis, las temperaturas fueron 0,77 ºC más altas que la media de los 30 años comprendidos entre 1981 y 2010, y superaron en 0,13 ºC al anterior récord, alcanzado en 2016 y 2019.

Por oto lado, los resultados que muestra el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), agencia de la ONU, son desalentadores. Las concentraciones de dióxido de carbono (CO2), aumentaron en 2019 y el promedio mundial anual superó el umbral de 410 partes por millón (ppm). 

Lo más grave es que en 2020 el panorama no ha cambiado, a pesar de las medidas de confinamiento que pusieron freno a muchas actividades contaminantes. 

La generación de emisiones de CO2 es una de las principales causas del calentamiento global. Foto:Getty Images

Según el informe de la OMM, esto se debe a que las concentraciones que hay en este momento en la atmósfera son la suma de las emisiones pasadas y actuales, por lo que al final la reducción que se registre por la covid-19, no tendrá un impacto mayor en el volumen de emisiones, pero sí en el calentamiento global, pues estos gases son los principales responsables de este fenómeno. 

Precisamente la semana anterior, el mismo organismo informó que 2020 será uno de los años más cálidos de la historia desde que se tiene registro. Y no solo eso, según los datos de la OMM, la década de 2011 a 2020 será la que mayores temperaturas medias ha registrado desde que se tienen datos, con los seis últimos años a la cabeza de la triste clasificación.

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Con respecto al tema de las emisiones, que son precisamente las que están generando que el mundo se recaliente, la última vez que se registró en la Tierra una concentración de CO2 comparable a la que hay en este momento fue hace más de tres millones de años. En ese entonces, la temperatura era de 2 a 3 °C más cálida que ahora y el nivel del mar era entre 10 y 20 metros superior al actual.

Concentraciones en aumento

Luis Belalcazar, profesor de la Universidad Nacional, considera que el problema con el CO2 es que desde finales del Siglo IXX las concentraciones vienen en aumento por encima del promedio histórico sin que la tendencia se haya revertido, un incremento derivado especialmente de la quema de combustibles fósiles.

La industria es alta generadora de dióxido de carbono. Foto: Getty Images

“El problema es que cada día seguimos generando más emisiones y, por tanto, la concentración va a seguir aumentando. La temperatura del planeta está directamente ligada a la concentración de este gas. En los últimos 100 años ha aumentado 1,5 grados y se teme que en las próximas décadas pueda incrementarse hasta en 5 grados celcius”, dice Belalcázar, para quien es indispensable encontrar un equilibrio enre la economía y el medioambiente para comenzar a ver cambios sustanciales. 

El dato registrado en 2019 no tiene precedentes, pues la cifra más alta se había presentado en 2015 cuando el mundo superó el umbral de las 400 ppm. Según la OMM, en el momento más acentuado de las restricciones por la pandemia, las emisiones se redujeron en promedio un 17 por ciento a nivel mundial. Sin embargo, como no se tiene claridad de la duración de las medidas de confinamiento ni su grado de rigor, las predicciones para final del año es incierta.

Por el momento, las estimaciones apuntan a una disminución entre el 4,2 y el 7,5 por ciento, una cifra que a escala mundial no tendrá impacto, es decir, que su aporte en torno a la necesidad de reducir el calentamiento global será mínimo, según los expertos. 

¿Qué ocasiona este incremento en las emisiones de CO2?

El origen de las emisiones contaminantes es diverso; sin embargo, la quema de combustibles fósiles, la producción de cemento, la deforestación y otros cambios en el uso de la tierra son los principales responsables de esta problemática que de manera constante le sube la temperatura a la Tierra.

En Colombia, según datos de entidades como el Ideam, el Ministerio de Medio Ambiente, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Departamento Nacional de Planeación (DNP), la matriz es diferente. 

Camilo Prieto, director del Movimiento Ambientalista Colombiano, quien ha analizado el tema, indica que mientras en el mundo la actividad que más impacta es la generación de energía, en Colombia lo que más aporta es la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra, entre los que se encuentra la deforestación.  

En Colombia uno de los mayores generadores de gases de efecto invernadero es la agricultura. 

Según Prieto, el transporte es otro de los responsables de esta problemática, así como la ganadería y la praderización para pastizales. Por esta razón, a su juicio, si el país no detiene la deforestación y no transita hacia una agricultura y ganadería sostenible va a ser imposible que se cumpla con lo pactado en el marco del Acuerdo de París. 

Lo propio opina Daniel Bernal, experto en temas de calidad del aire, para quien el informe dado a conocer por la OMM es muy desalentador, pues difícilmente el mundo volverá a tener una oportunidad como la registrada este año para reducir los gases de efecto invernadero. Sostiene que, en el caso particular de Colombia, es necesario comenzar a actuar, pues mucho se presume en las cumbres internacionales, pero en terreno es muy poco lo que se hace. 

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Si bien reconoce que Colombia no es un país altamente emisor de este tipo de gases, pues su aporte a las emisiones mundiales de CO2 es de 0,57  por ciento, lo cierto es que produce mucha de la materia prima que se utiliza, por ejemplo, en la generación de energía. Y es que el país sigue siendo un gran productor de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo. 

Colombia ocupa el puesto 34 entre los 184 países que monitorea el Instituto Mundial de Recursos del Banco Mundial en emisiones mundiales de gases efecto invernadero (GEI) y el quinto lugar en América Latina después de Brasil, México, Argentina y Venezuela. 

No se logrará el objetivo

El Acuerdo de París, firmado en 2015, se trazó como meta llevar las emisiones de GEI a cero en el año 2050, siendo esta la fórmula más efectiva para frenar el calentamiento global. No obstante, es muy poco lo que se ha avanzado, pues el uso de combustibles fósiles para la generación de energía persiste y es gran causante de esta problemática. Se estima que tres cuartas partes del mundo aún dependen de estos recursos.

Rodrigo Jiménez, profesor e investigador de la Universidad Nacional, ve un panorama es muy preocupante porque las altas temperaturas aumentan los incendios, los cuales generan más CO2 a la atmósfera, calentándola y propiciando que muchas regiones del mundo se vuelvan más proclives a que se presenten estos fenómenos. 

Mientras más CO2 haya en la atmósfera, más probables son los incendios. Esto es una retroalimentación positiva, como también lo es el deshielo de Ártico, de Groenlandia, el del permafrost y los hidratos de metano que hay en el fondo del mar. Hay mucho carbono en diferentes lugares de la tierra y si el planeta se sigue calentando se va a liberar más”, manifiesta. 

El deshielo que se registra en diversas partes del mundo puede tener muy graves consecuencias. Foto: AFP

Dice que el deshielo del permafrost, especialmente en Siberia, puede tener consecuencias devastadoras. “Allí hay miles de millones de toneladas de carbono, atrapado debajo del hielo. Si se alcanza cierta temperatura, lo que antes era hielo inactivo biológicamente se puede volver agua líquida y va a haber microorganismos que convertirán ese carbono en CO2 que irá directo a la atmósfera”, asegura. 

A su juicio, superar los 1,5°C puede activar los mecanismos de retroalimentación positiva, generando un punto de no retorno en el que el mundo tendría que esperar miles de años para que ese CO2 sea capturado por la naturaleza para recuperar el clima que se tiene hoy en día. 

Jiménez considera que si el planeta sigue como va, llegará el momento en que así reduzcan las emisiones, no se logrará detener la temperatura. 

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“Se está evidenciando una negación de la comunidad internacional ante un problema que no se puede resolver de manera individual”, dice al mencionar que hay estudios que indican que desde la misma firma del Acuerdo de París, los compromisos ya se quedaban cortos. 

En medio de este complejo panorama, hay una buena noticia y es que un importante número de países se han comprometido con el logro del objetivo de carbono neutro en las próximas décadas, los cuales, según la ONU, representan al menos el 50 por ciento de los emisores globales. China, las naciones de la Unión Europea, Japón y Corea del Sur hacen parte de esta lista

A esto se suma la decisión del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, de que este país regrese a formar parte del Acuerdo de París, lo que permitirá que también se generen nuevos compromisos y, de esta forma, la mayoría de los principales emisores tendrían el propósito de reducir sus emisiones.

"Hay que aplanar la curva de crecimiento de las emisiones en los próximos cinco años, y luego deberíamos empezar a ver caídas de un seis por ciento anual hasta 2050 para alcanzar la neutralidad", puntualiza el secretario General de la Organización Metereológica Mundial, Petteri Taalas.