En el país hay alrededor de 30.000 especies de flora, de las cuales 7.500 están en alguna categoría de amenaza; un dato que resulta preocupante, pues problemáticas como la deforestación pueden generar que esta cifra vaya en aumento, sin que se esté haciendo mucho para frenarla.

Hoy cuando se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad Biológica, el llamado es a trabajar en la preservación de las especies, de lo contrario el puesto que ocupa Colombia como segundo más biodiverso del mundo, puede variar de forma negativa.

Alberto Gómez, presidente de la Red de Jardines Botánicos de Colombia, dice que además de las especies en amenaza, hay un dato que no es positivo y es que del total de especies, 6.000 son endémicas, es decir, que solo se encuentran en el país.

A su juicio, los casos de  endemismo no son buenos porque si las plantas se extinguen, no habrá forma de recuperarlas, por eso llama la atención sobre la tala de bosques; pues es uno de los principales enemigos de la biodiversidad.

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“Todo el mundo habla y se queja de los efectos del glifosato, pero este problema comparado con la tala de bosques, no tiene punto de comparación. Pensar que la deforestación alcanza 300.000 hectáreas por año, es decir, que cada minuto se deforesta media hectárea, es entender que el país se está quedando sin biodiversidad”.

Una de las formas de proteger estas especies es en los jardines botánicos, instituciones que se dedican al estudio, conservación y cuidado de las mismas. En Colombia hay 21 y dos más están en proyecto; uno ubicado en Ocaña y el otro, en la Universidad del Norte, en Barranquilla.

Actualmente, se pueden encontrar jardines botánicos en Caldas, Pereira, Tolima, Quindío, Bahía Solano, Quibdó, Cartagena y Bogotá, además de Floridablanca, Nariño y Mocoa. Cada uno de ellos tiene sus particularidades. Por ejemplo, el de Mocoa cuenta con una colección de 500 plantas medicinales usadas por las etnias amazónicas, que fueron recogidas por una indígena de la zona.

El de Bahía Solano está ubicado frente al mar, con un área de 170 hectáreas de bosque chocoano. Sin embargo, este es un jardín que va a terminar siendo testimonio mudo de la devastación que se está haciendo a los alrededores, dice Gómez.

Según el experto, en los jardines botánicos del país no hay más de 5.000 especies de flora, una cifra que resulta muy baja si se compara con el total del país. Esto debido a la falta de recursos y de apoyo para hacer más investigación y expediciones que permitan salvaguardar más especies.

Palmas para mostrar

Una de las especies en las que Colombia ocupa un lugar privilegiado es en palmas, de las cuales tiene 256 referencias. Es el tercero en el mundo después de Malasia y Brasil. Estas plantas se pueden encontrar desde el nivel del mar hasta los 3.200 metros de altura y sus componentes las convierten en una fuente especial de alimentos del bosque tropical para la vida silvestre.

Las palmas conforman la tercera familia de plantas con mayor uso en los trópicos después de las gramíneas y las leguminosas. El 20 por ciento de ellas está en peligro de extinción, de ahí la decisión de tener una colección viva de las mismas en el Jardín Botánico del Quindío, que hoy cuenta con 210 especies.

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El objetivo de esta institución es concentrar especímenes vivos de todas las especies nativas de palmeras que crecen en forma silvestre, como una herramienta para fomentar la educación, la investigación y la conservación y para la futura reintroducción de especies amenazadas en sus áreas originales.

Mariposarios

Algunos jardines, además de su oferta de flora, cuentan con otras especies como la mariposas. Este es el caso del Quindío en el que vuelan 1.500 de ellas, de 40 especies y el de Medellín en donde inicialmente cuentan con 10 especies; pues la Casa de las Mariposas como le llaman fue inaugurada a comienzos del presente año.

Mariposario del Jardín Botánico del Quindío

Alberto Gómez, quien está metido en el mundo de los jardines botánicos desde comienzos de la década de los 90, considera que es mucho lo que falta por hacer para continuar con el trabajo de preservar y conservar; pues si bien el número de instituciones de estas características han ido en aumento, ya que en el año 95 solo había unas 10; los esfuerzos que deben hacer para mantenerse son grandes.

Manifiesta que no solo se trata de recursos económicos, sino que también es importante contar con el apoyo de voluntarios interesados en este tema, por eso es clave realizar un trabajo arduo en materia de educación y de concientización acerca de la importancia de preservar más especies, dentro de las que se encuentran las que están en peligro de extinción.

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Comenta que llevan un año trabajando en un proyecto de educación ambiental para los niños de 4 y 5 con la idea de desarrollarlo en Tolima, Quindío y Cundinamarca. “Esta es la única forma de que nos apropiemos de nuestros recursos, educando masivamente”. Considera que los Programas Ambientales Escolares (Prae), establecidos para brindar una educación en torno al tema en los colegiosno han funcionado como se esperaba.

“La educación ambiental se requiere para salvar no solo la diversidad sino al país. Los Prae deben funcionar, porque hasta ahora no lo han hecho y los  niños deben aprender de la flora, fauna, clima y todas las características que en esta materia ofrece Colombia”, concluye.