Entre 2012 y 2016 se perdieron 8.674 hectáreas de cobertura boscosa y 6.802 de bosques fragmentados, en la Serranía de la Lindosa, en el departamento del Guaviare

Esta conclusión se da a partir del análisis de imágenes satelitales de las más de 22.000 hectáreas de la Serranía, que evidencian un aumento de pastizales en 4.190 hectáreas y de la vegetación secundaria que se estableció para un área de 11.787 hectáreas.

El estudio, realizado por Diana Monroy, investigadora del Grupo de Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas de la Universidad Nacional, analizó los cambios de uso del suelo en el mencionado período y los eventos de fuego que se presentaron entre 2016 y 2018, a partir de información oficial y sensores remotos.

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El análisis determina que en 2016 la cobertura de pastizales alcanzó la mayor extensión, con 100.400 hectáreas, cerca de un 48 por ciento del área de la zona de estudio, mientras que la extensión de bosques decreció a 61.318 hectáreas, llegando a un 29 por ciento de la zona estudiada.

En cuanto a la detección de eventos de fuego, el trabajo realizado por Monroy permitió  contabilizar 370 focos para 2016, 292 para 2017 y 501 entre enero y marzo de 2018, según la información recopilada a partir de puntos de calor y anomalías térmicas detectadas por medio de sensores remotos incorporados en el monitoreo de incendios en la Amazonia colombiana.

“Los puntos se concentraron especialmente en la sección noroeste del área de estudio, hacia la Sierra de la Macarena, en el Meta. Los pastizales fueron los más afectados por eventos de fuego, casi el triple frente a otras coberturas, con 2.793 ha afectadas”, comenta la investigadora.

Entre marzo de 2017 y enero de 2018 los eventos de fuego dejaron cicatrices de quema que suman más de 3.000 hectáreas. Aunque Monroy manifiesta que no se estudiaron sus causas, se presume que estos podrían obedecer a los cambios del clima de la zona y a las condiciones de humedad que suelen disminuir, lo que hace el territorio más susceptible.

De igual manera, los focos de fuego detectados se concentraron en el noroeste y sureste de la Serranía, puntos que coinciden con las zonas de bosque primario y de pastizal consolidadas.

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Para la investigadora, los resultados indican que allí existe un proceso activo de deforestación que fragmenta la matriz boscosa dejando parches de bosque aislados, lo cual tendría repercusiones sobre su biodiversidad.

Así mismo, “la correlación entre dicho proceso y el uso de fuego se muestra como amenaza constante, a diferentes escalas, sobre sus ecosistemas”, dice Monroy, quien analizó la información recopilada por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi.

Tiene claro que estas cifras demuestran que no existe una administración ni manejo efectivos para frenar los procesos de deforestación.

“Se debe dar mayor atención a la gestión sobre la Serranía de La Lindosa, ya que las principales fuentes de agua que abastecen esa zona del municipio nacen allí, y además la habitan muchas especies endémicas”, concluye la investigadora.