El pasado 4 de mayo fue visto por primera vez un gorrión de corona blanca, que recorre solitario las 121 hectáreas del campus de la Universidad Nacional, en especial las zonas con arbustos y árboles aislados, así como las canchas de fútbol y los terrenos cercanos a la Instituto de Genética.

Después de encontrar a esta ave, un biólogo de la Universidad nos informó que durante el conteo mundial de aves Global Bird Day había avistado y fotografiado a este pájaro en el mismo lugar donde lo encontramos y pensaron que era un copetón anómalo”, cuenta el profesor Andrés Cuervo, del departamento de Biología, quien encontró al ave durante el Primer Bioblitz de la Universidad.

A diferencia del copetón criollo (Zonotrichia capensis), de color rojizo y propio del país, explica que este pájaro, de unos 18 centímetros de largo, macho y de cola larga tiene rayas blancas y negras en su cabeza, cara gris, partes superiores veteadas de color marrón, alas marrones con barras y pecho gris claro.

Se trata, según los expertos, de una de las cinco especies de los Zonotrichia: albicollis, atricapilla, querula y capensis, como se les conoce por su nombre científico, los cuales tienen un plumaje similar. Se alimentan principalmente de insectos, semillas y otras partes de las plantas.

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Aunque el grueso de la distribución de Zonotrichia leucophrys es Norteamérica, cuando termina el otoño y llega el invierno varias poblaciones de este copetón cejiblanco migran desde Canadá y toda la Costa Oeste hacia el sur de Estados Unidos, a veces hasta el centro de México.

El registro más próximo a Suramérica de esta ave fue en Costa Rica. El profesor Cuervo señala que una de las posibles razones para que se haya encontrado esta ave en Colombia es que se hubiese desviado de su ruta de migración o que haya sido transportada de manera accidental como “polizón” en algún barco o avión de carga.

Todo indica que las condiciones del terreno donde fue ubicada, la elevación y el clima de Bogotá, fueron algunas de las particularidades que encontró en el campus para quedarse.

El particular gorrion se pasea por los arbustos de la Universidad Nacional. Foto: Unimedios

“Estas características propias de nuestro entorno resultan similares a las que encuentra en los climas mediterráneos en esta época del año, en el norte de Canadá y en el noroccidente de Estados Unidos, donde se reproducen”, explica Cuervo.

Cuenta además que esta es una temporada del año en la que más se reproducen, por lo que este individuo no tiene la predisposición de moverse. Así que, quizá en unas semanas, cuando los individuos en su área de distribución terminen su ciclo reproductivo, salga del campus.

Este gorrión puede estar despierto hasta dos semanas durante la migración y en Bogotá deberá lidiar con varias amenazas del entorno, entre ellas, ser depredado por animales como los gatos.

“Si se mueve también puede colisionar con automóviles o edificios, ya que puede volar a una altura mayor de 4 metros y un poco más si están migrando, o pueden ser víctimas de sus reflejos al estrellarse contra una ventana”, señala.


Flora y fauna

El oasis o cinturón verde que resulta el campus universitario junto al corredor verde de la calle 53, el barrio la Esmeralda, el Parque Simón Bolívar y el Jardín Botánico, en conjunto, son áreas muy importantes para la fauna y la flora remanente urbana.

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“Estas zonas también permiten conexiones entre estas poblaciones; muchas de las aves más extrañas que se han registrado en la Sabana de Bogotá se han observado en el campus de la Universidad y en el Parque Simón Bolívar”, comenta el docente.

Durante el recorrido realizado el pasado miércoles 5 de junio, con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, el profesor y 10 estudiantes que integraron el grupo de búsqueda, además del nuevo registro encontraron mirlas, garzas, lechuzas, chirlomirlos, pincha flores y gavilanes.

También observamos un “residente” del campus, es un ave restringida de la cordillera Oriental que está en Cundinamarca, algunos sectores de Boyacá, Santander, Norte de Santander y la Sierra Nevada de Santa Marta. Se llama Conirostrum rufum o “pico cono”, tiene el pico superagudo y anda en grupos pequeños”, concluye el docente.