En el pasado, el perezoso de dos dedos, un mamífero con pelaje largo de color marrón y blanco, que alcanza a medir hasta 72 centímetros de largo y con las extremidades superiores del doble de tamaño que las inferiores, solo era visto por los habitantes de la zona rural de Zipacón durante el día, camuflado entre lo más profundo de los bosques andinos y de niebla que hay en las montañas del municipio.

Estos animales nocturnos y solitarios, casi ciegos, sordos, sin cola y con movimientos lentos y pasmados, eran divisados en lo más alto de los árboles, aferrados con sus gruesas y largas garras al tronco y con los ojos cerrados. En las noches, los campesinos del pueblo escuchaban sus movimientos cuando se colgaban de rama en rama en busca de semillas o frutos para alimentarse, emitiendo sonidos agudos cuando estaban en celo.

Sin embargo, esa relación calmada y distante ha ido modificándose con el paso del tiempo. Debido a la tala indiscriminada, los incendios forestales y la ruptura de los corredores ecológicos, actividades realizadas para abrir carreteras o ampliar la zona de cultivos y ganado, el comportamiento del perezoso ya no es el mismo. 

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Al no encontrar más árboles para desplazarse en las alturas bajo la luz de la luna, estos animales no tuvieron más opción que descender al suelo para buscar alimento o reproducirse, quedando a la deriva de fuertes verdugos como los perros ferales y los vehículos que andan a toda velocidad por la carretera que comunica a Zipacón con Cachipay.

Este año, la Alcaldía de Zipacón ha recibido cerca de 30 reportes sobre la presencia del perezoso cerca a esta carretera de aproximadamente 10 kilómetros, por donde transitan vehículos a más de 60 kilómetros por hora. Algunas personas los han encontrado muertos por atropellamientos o ataques de las manadas de perros que abundan en las montañas. 

La entidad también ha conocido casos de personas que se los quieren llevar en costales para traficarlos o quitarles partes de su cuerpo con propósitos de brujería, además de ciudadanos que han expuesto su vida en la carretera para ayudarlos a pasar de un extremo al otro y dejarlos en alguno de los fragmentos boscosos de la zona rural.

La alcaldía de Zipacón ha recibido cerca de 30 reportes de osos perezosos cerca de las carreteras municipales. 

Por su parte, a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) le llegan en promedio tres casos al mes sobre la presencia de algún perezoso en peligro en el departamento, es decir más de 36 al año, muchos de los cuales tienen como epicentro las montañas cada vez menos tupidas de verde de Zipacón, municipio catalogado por la corporación como uno de los 47 sitios con mayor presencia del mamífero.

A mediados de julio, una hembra fue encontrada muerta en la carretera con una cría aferrada a su cuerpo, la cual afortunadamente sobrevivió al impacto del vehículo y hoy en día se recupera en un centro especializado en la ciudad de Medellín. Los perezosos también son avistados colgados en los cables de los postes de la luz, en las señales de tránsito de las carreteras o arrastrándose lentamente por el asfalto.

Nuevos árboles para el perezoso

Ante el alto estado de vulnerabilidad del perezoso y la acelerada deforestación en Zipacón, el Movimiento Ambientalista Colombiano, organización que desde 2013 promueve la preservación y protección del ambiente desde una perspectiva territorial, escogió a este municipio cundinamarqués, para realizar una nueva jornada de la campaña “Todos plantamos”, que a 2022 sembrará más de 100.000 árboles nativos en diversas partes de Colombia.

En un predio privado de la Comunidad Franciscana, ubicado en la zona rural de Zipacón, cerca de 50 ciudadanos, entre jóvenes ambientalistas, religiosos, familias, niños y campesinos, se untaron de tierra para sembrar más de 800 árboles de especies nativas como caucho, cedro de altura, garrocho, guayacán, roble, duraznillo, carbonero y pino romerón.

Según Alexandra Loaiza, directora ejecutiva del Movimiento Ambientalista Colombiano, con esta siembra el propósito es consolidar un corredor ecológico que conecte las zonas boscosas del municipio, fragmentadas por los cultivos, ganado y carreteras, que en el futuro le servirá al perezoso de dos dedos para habitar y alimentarse, al igual que a otras especies de aves y mamíferos.

“El municipio de Zipacón, en donde podemos encontrar terrenos de clima templado que van desde los 1.400 metros sobre el nivel del mar hasta zonas de páramo, es uno de los sitios del país con mayor presencia de perezoso, especie cada vez más amenazada por las quemas, la ampliación de la zona de ganadería y cultivos y la deforestación. Los casos de atropellamiento de este animal van en ascenso, ya que al no contar con árboles debe bajar y atravesar las carreteras para sobrevivir”.

Según Loaiza, la zona donde fueron sembrados los más de 800 árboles nativos va a ser un puente de conexión entre dos áreas con poca intervención del hombre, es decir donde el bosque manda la parada. “La Comunidad Franciscana, dueña del predio, estará pendiente del crecimiento y estado de estos árboles, los cuales fueron sembrados a dos metros de distancia uno del otro; esto con el fin de que en el futuro se convierta en un sendero que le preste servicios ecológicos al perezoso y las demás especies que allí habitan. Esos corredores son fundamentales para la sobrevivencia de nuestra biodiversidad”.



Cerca de 50 habitantes de Zipacón se pusieron como meta sembrar 800 árboles

“Todos plantamos” lleva más de 5.000 árboles sembrados este año en zonas estratégicas de municipios como Villapinzón, Cota y Tocancipá. Las próximas jornadas serán en Villavicencio, Armenia (Quindío) y Tolima. “Todos los árboles son producto de donaciones económicas que hacen los colombianos a través de la página web  https://tiendambiental.org/. El material se lo compramos a viveros locales, con el fin de ayudar al crecimiento económico de las regiones”, anotó la directora ejecutiva del movimiento.


Por su parte, Camilo Prieto, vocero del Movimiento Ambientalista, afirmó que la cultura de la siembra debe volverse una epidemia. “Aunque nuestra meta es sembrar más de 100.000 árboles a 2022, la participación activa de la comunidad en las diferentes jornadas nos demuestra que serán muchos más. No debemos quedarnos quietos y solo protestar en las redes sociales cuando vemos cómo los recursos naturales siguen desangrándose, como sucedió con los incendios de la Amazonia en Brasil. Nuestra respuesta puntual contra la deforestación es sembrar, algo que debe replicarse en todo el país”.

Religión y comunidad comprometida

La Comunidad Franciscana de la provincia de la Santa Fé en Colombia ha participado activamente en las demás jornadas de siembra del Movimiento Ambientalista Colombiano. Pero la de Zipacón tuvo un propósito más específico y especial: conmemorar el día de San Francisco de Asís. Por esta razón, la comunidad destinó un terreno de la Central de Juventudes para plantar los más de 800 árboles nativos.

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“Todos los 4 de octubre celebramos el día de San Francisco de Asís, nuestro patrono y patrono de los ecologistas. Sumado a esto, quisimos conmemorar un momento trascendental para la iglesia católica: el inicio del Sínodo por la Amazonia, un encuentro donde los mandos más altos, como el Papa y sus obispos, van a dialogar con los jerarcas indígenas de la Amazonia para ver cómo la iglesia puede ayudarlos”, dijo Jairo Santiago González, uno de los frailes de la Comunidad Franciscana.

González, quien ha liderado muchas más siembras y actividades ambientales en Bogotá, aseguró que la iglesia está viviendo una gran transformación. “El Papa ha dicho que la iglesia no puede volver a ser colonizadora. Para preservar la Amazonia, nuestra apuesta es dialogar con la gente que allí habita, algo que ha traído muchas discusiones. Hay dos tendencias dentro de la iglesia: una muy conservadora que dice que va a entrar el paganismo al catolicismo y la otra que busca darle una cara amazónica a la iglesia en la región y no una del occidente europeo”.

Según este fray, quien a pesar del calor sembró decenas de árboles con su sotana carmelita puesta, en el Sínodo por la Amazonia se va a hablar sobre el reconocimiento de la sabiduría ancestral de los indígenas. “Esto es muy importante, porque cuando llegó la iglesia hace 500 años lo primero que eliminó fue esa sabiduría. Hoy reconocemos que la embarramos y que es la forma de vida del indígena lo que nos va a salvar a todos de la crisis climática. Queremos diálogo y ayudar a la Amazonia. El Papa consagró este sínodo a San Francisco de Asís, nuestro patrón”.

La siembra de los árboles se realizó el día de San Francisco de Asís

Además de los religiosos y jóvenes del Movimiento Ambientalista Colombiano, la siembra en Zipacón contó con la presencia de familias motivadas a aportar un granito de arena a la conservación de los recursos naturales. 

Rocío Vargas llegó a Zipacón en compañía de su esposo Ricardo Reyes y su hija Catalina. Ya llevan más de seis años participando en diversas jornadas y actividades sobre el cuidado del medioambiente y la defensa de los derechos humanos. “Todo empezó con mi hija, que es bióloga y líder ambiental. Ella nos convenció de convertirnos en animalistas y luego en ampliar nuestra visión a otros campos como las siembras”. 

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Esta familia bogotana no se pierde ninguna marcha, siembra o capacitación para incrementar su conocimiento ambiental. “Vamos seguido a charlas y cursos en el Jardín Botánico. Nuestra convicción es querer el planeta. Estos temas me mueven fibras, por lo cual siempre quiero hacer mi aporte en familia. Y no solo en lo ambiental: si tenemos que ir a la Plaza de Bolívar a amarrarnos por una buena causa y lograr una justicia social, allí estaremos los tres”.

Para esta mujer, las recientes movilizaciones por los incendios en la Amazonia de Brasil, indican que la sociedad está despertando. “No es solo quedarnos en casa asintiendo sobre los problemas mundiales. Debemos salir a las calles, gritar a pleno pulmón y participar en actividades como las siembras, que aportan un granito a mitigar la tragedia ambiental que estamos padeciendo”.