La aprobación, el pasado 11 de junio, del proyecto de Ley que prohíbe la producción, uso, comercialización y exportación de asbesto en Colombia, es uno de los mayores pasos dados en aras de proteger la salud de muchas personas que por diferentes razones están expuestas a este mineral, que no solo genera muertes cada año, sino que ocasiona enfermedades cancerígenas, que comienzan a evidenciarse con el paso del tiempo.

La iniciativa que recibió el visto bieno en último debate de la Cámara de Representantes, corporación en la que ya hizo también trámite la conciliación, dará uno de sus últimos pasos en Senado, en donde también se espera que se concilie este lunes, para luego ir a sanción presidencial.

La ONG Greenpeace, fue una de las que más apoyó y aportó para que se lograra la aprobación de la Ley Ana Cecilia Niño, periodista que murió como consecuencia de la afectación del mencionado material y quien dio una lucha incansable porque se lograra este objetivo para preservar la vida de los colombianos. 

Silvia Gómez, directora de Greenpeace en Colombia analiza la situación y hace un recuento de lo que fue la difícil travesía y lo que representa esta decisión, pues se estima que la exposición a este material ha dejado más de 1.700 personas muertas en los últimos cinco años en el país y un número importante de ciudadanos enfermos. Esta es su opinión.

Semana Sostenible: ¿Hace cuánto comenzó la lucha para que se prohibiera el uso del asbesto en Colombia?

Silvia Gómez: La lucha comenzó en 2007. En todo este tiempo, diferentes proyectos de ley para prohibir el asbesto en Colombia se presentaron y cayeron en total siete veces: en 2007 Jesús Bernal Amorocho, del Polo Democrático, intentó desterrar el asbesto del país pero su propuesta no fue aprobada. Ese mismo año, Pedro Muvdi, exrepresentante liberal, también presentó, pero retiró su propuesta. Zulema Jatin Corrales, de la U, y Javier Cáceres Leal, de Cambio Radical, radicaron proyectos de ley para limitar su uso. El de Corrales pedía expedir normas “sobre la prohibición del uso del asbesto en todas sus variedades y establecer medidas de prevención, protección y vigilancia frente a los riesgos derivados de la exposición al asbesto en los lugares de trabajo y en el ambiente en general”. Y el de Cáceres buscaba “adoptar lineamientos” para construir una política de protección contra el material en cuestión. Ambos proyectos ni siquiera fueron debatidos. Luego, en 2009, Muvdi intentó ponerlo nuevamente a consideración del Congreso, pero volvió a retirarlo. En 2015, Nadia Blel, presentó una versión con las disposiciones de prohibir la “producción, comercialización, exportación, importación, y distribución de cualquier variedad del asbesto”, las mismas resoluciones que contiene hoy la ley Ana Cecilia Niño. Sin embargo, en ese entonces, la Comisión Séptima del Senado la votó negativamente. 

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SS. ¿Cuáles fueron los principales obstáculos que debieron enfrentar para lograr la aprobación del proyecto?

S.G: Muchos, pero principalmente el lobby de la industria que hizo todo a su alcance para evitar la aprobación de esta ley. También tuvimos que luchar contra las dilataciones en el Congreso y el Senado.


SS: ¿Cuál ha sido el trabajo que desde GreenPeace se ha hecho en apoyo a esta iniciativa?

SG: Greenpeace se sumó a la campaña en 2016 por intermedio de Hagamos Eco, la plataforma de peticiones ambientales de la ONG donde Ana Cecilia Niño creó su petición por una Colombia sin asbesto. Luego, en 2017, comenzamos una campaña pública. Se realizaron nueve acciones en la vía pública llamando a la prohibición del asbesto. Se visibilizó la campaña tanto en medios de comunicación como en redes sociales, y se trabajó junto a congresistas. Decenas de activistas y voluntarios se involucraron, concientizando y dando a conocer la problemática.


SS: ¿En qué otros lugares GreenPeace ha tenido incidencia para la eliminación del asbesto?

SG: En 2011, Greenpeace Argentina descubrió residuos de asbesto en la cuenca del Río Matanza-Riachuelo. Por eso, denunció públicamente a la empresa Eternit, ya que el asbesto estaba prohibido en el país desde 2001. Ese mismo año, Greenpeace le exigió a Eternit la remediación total del basurero tóxico en la cuenca del río. En el año 1995, Greenpeace Italia llevó adelante una campaña en contra de la presencia de asbesto en los trenes. En 2009 la Fiscalía italiana acusó penalmente a dos antiguos gerentes de plantas Eternit en el norte del país por la muerte de más de dos mil personas que durante tres décadas (1960-1980) estuvieron expuestas al asbesto. En 2012 una Corte halló culpables a los gerentes de Eternit y los condenó a dieciséis años de cárcel. A partir de ese punto se inició un enrevesado proceso de apelaciones que ha llegado hasta la Corte Suprema y la Corte Constitucional italianas, las cuales todavía no han emitido un fallo definitivo.


SS: ¿Ustedes tienen cifras puntuales en torno a muertes o personas enfermas en el mundo por patologías asociadas a este mineral?

SG: Se estima que a nivel global cada año mueren como mínimo 107.000 personas por cáncer de pulmón, mesotelioma y asbestosis debidos a la exposición ocupacional al asbesto. Además, cerca de 400 defunciones se han atribuido a exposiciones no ocupacionales al mismo. La carga de las enfermedades relacionadas a ello sigue aumentando, incluso en países que prohibieron su utilización a principios de los años noventa. Debido al largo periodo de latencia de estas enfermedades, aunque se suprimiera su utilización de inmediato, el número de muertes que provoca sólo comenzaría a disminuir después de varios decenios. 


SS: ¿Qué viene ahora en este proceso?

SG: Luego de que fuera aprobado el proyecto Ana Cecilia Niño tanto en plenaria de Senado como en Cámara, el trámite normal es llevarlo a conciliación entre las dos cámaras, si el mismo presenta diferencias. Este es nuestro caso. Lo bueno es que ya fue aprobado el texto conciliado en Cámara y para el lunes se espera que se apruebe en Senado. De esta manera solo restaría la Sanción presidencial, que esperamos sea lo más pronto posible y de manera favorable.


SS:  ¿Qué pasará con los productos que ya están en el mercado o en infraestructuras y que contienen asbesto?

SG: Esta pregunta la contesto con aportes de Guillermo Villamizar, fundador y director de la Fundación FUNCas. La razón por la que tantos países han prohibido el asbesto es que su uso pone en peligro, prácticamente, a toda la población. Debido a que el asbesto causa mesotelioma, hemos aprendido de forma definitiva que el peligro se extiende no solo a millones de trabajadores del sector de la construcción (tejas en asbesto-cemento) y el sector de fricción y los mecánicos, sino también a sus familiares, a las personas que viven y trabajan cerca de las fábricas que manipulan el asbesto, y a las personas que compran frenos, embragues y juntas de asbesto para reparar sus vehículos. Se extiende a los propietarios de viviendas que reparan sus casas y otros edificios. Los desechos de la construcción y la reutilización de las tejas y tuberías rotas de fibrocemento extienden aún más el peligro a un gran número de hombres, mujeres y niños.

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SS: ¿Hay alguna estrategia en torno a que se busque su sustitución?

SG: El Gobierno Nacional contará con un periodo de cinco años contados a partir de la promulgación de la presente Ley, para formular una política pública de sustitución del asbesto instalado. Aquí también recurro al aporte del señor Villamizar. Los productos que contienen asbesto se constituyen en un riesgo cuando no se manipulan adecuadamente. Cuando al instalarlos o al desinstalarlos, se dan procedimientos que no toman mínimos niveles de precaución para controlar la posibilidad de exposición. Si usted vive bajo un techo en asbesto cemento, y el material se encuentra en buen estado, el riesgo es muy, pero muy bajo. No podemos decir que el riesgo es cero, pero es muy bajo. El mayor problemareside en su manipulación, cuando estos materiales se taladran, se rompen, se cortan con sierras a altas velocidades, etc., y cuando también, se desmantelan. Una política en el corto, mediano y largo plazo, con campañas de información didácticas dirigidas a la población en general, puede ser un primer paso para enfrentar esta amenaza del asbesto instalado, y así advertir de la necesidad de saber manipularlo y aplicar recomendaciones para que esta manipulación se pueda dar, reduciendo el riesgo al máximo, como política blanda. Una tarea en el corto plazo implica campañas de información. Políticas atadas a normativas técnicas se podrán implementar en el mediano y largo plazo, para el manejo, control y disposición final del asbesto instalado.


SS: Tienen datos de cuántas empresas en Colombia producen este material y qué tanto se exportan esos materiales y a qué países?

SG: El asbesto empezó a ser utilizado en Colombia de manera industrial en 1942, con el ingreso de la marca Eternit al mercado nacional. La primera planta transformadora de este mineral se construyó en 1942, en Sibaté, cerca de Bogotá, con el nombre de Eternit Colombiana. Posteriormente, en 1945, aparecieron filiales de la empresa en Barranquilla (Eternit Atlántico) y Yumbo (Eternit Pacífico). En 1957, el grupo económico Chaid Neme Hermanos introdujo el asbesto en la fabricación de partes de automóviles e inauguró Indubestos en Bogotá, una planta especializada en frenos y empaques. Años más tarde, dos empresas más aparecieron en Manizales: Colombit, en 1967, y Manilit, en 1983. Estas cuatro grandes empresas del sector asbesto se agremiaron en ASCOLFIBRAS, para defender sus intereses. En el año de 2002, Colombit (Ahora Skinco Colombit) dejó de utilizar el asbesto. Manilit (ahora TopTec) dejó de utilizar el asbesto en el año de 2015. Eternit e Incolbestos se aprestan a dejar de utilizar el asbesto con la promulgación de la nueva ley, aunque muchas líneas de producción en estas empresas ya no lo utilizan.  Las empresas agremiadas en Ascolfibras exportaron sus productos al área andina, Centro América y el Caribe, y USA. Los volúmenes de exportación son datos que desconocemos.

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SS: Y en materia de minas, ¿cómo está el país?

SG: La entrada en operación de la mina de asbesto (tipo crisotilo), ubicada a 16 kilómetros del municipio de Campamento (Antioquia), denominada Las Brisas empezó a operar en 1974 y, aunque su aporte al mercado interno colombiano no está registrado en las estadísticas para esa década, se sabe que contaba con la capacidad para producir 12.000 toneladas mensuales, las cuales luego aumentaron a 18.000 toneladas (Minera las Brisas, 2009). Después de la década de 1980, se produjo un aumento importante en el consumo de asbesto en Colombia con cifras que alcanzaron en promedio las 20.000 toneladas al año.  Aunque el país se ha mantenido con promedios de consumo anuales entre 20 mil a 30 mil toneladas métricas, esa capacidad de producción convierte a la mina en una actividad que no solo ha abastecido el mercado interno, sino el externo. En la actualidad su principal objetivo ha estado enfocado en exportar el asbesto a países del sudeste asiático, en donde está concentrado el principal mercado del asbesto en la actualidad.