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La bióloga María Camila Rosso llegó al golfo de Urabá, en el noroccidente de Colombia, luego del varamiento de una ballena en 2015. Fue en ese momento cuando conoció de dos poblaciones de delfines en la región de las que aún hoy se tiene poco conocimiento: el nariz de botella (Tursiops truncatus) y el gris (Sotalia guianensis).

Rosso recuerda que cuando se graduó de Biología Marina era tan poca la información sobre esta especie en el país que en las aulas de clase le decían que Colombia no tenía delfines en sus mares y solo contaba con los del río Amazonas.

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Hoy se encuentra haciendo un doctorado en la Universidad de Antioquia y decidió radicarse en la región de Urabá para estudiar a fondo estas dos poblaciones. Quiere saber si son residentes o simplemente usan estas aguas como zona de paso, además, busca crear un mapa de riesgo de conservación para esta especie, más cuando se avecinan grandes obras de infraestructura en el golfo.

¿Cuándo empezó su interés por trabajar con delfines?

Es un animal que me apasiona desde chiquita cuando los dibujaba en los cuadernos. Cuando estudié Biología Marina vi que acá en Colombia no había mucha información sobre los delfines. En el tercer semestre empecé a hacer unos talleres con la Fundación Omacha pero con delfines de río y para mi pasantía de la universidad me fui a Venezuela, a trabajar en un centro de investigación de cetáceos en Isla Margarita. Allí empecé a estudiarlos pero no pude hacer mi tesis de pregrado con ellos porque en Colombia no había quien me orientara o me diera información.

Estuve trabajando en otros campos pero volví a los delfines e hice una maestría en el tema en Brasil. En 2012 empecé a trabajar con el programa de observadores de fauna marina que creó la Fundación Omacha, gracias a eso empezaron a crecer los registros de delfines y ballenas en Colombia y a 2016 ya teníamos más de 3.600 avistamientos en todo el país.

María Camila Rosso estuvo tres meses en Brasil estudiando las relaciones entre delfín gris y el puerto granelero más grande de Sudamérica. Foto: Cortesía María Camila Rosso.
María Camila Rosso estuvo tres meses en Brasil estudiando las relaciones entre delfín gris y el puerto granelero más grande de Sudamérica. Foto: Cortesía María Camila Rosso.

Usted llegó a Urabá para estudiar las poblaciones de delfín gris y nariz de botella que se han observado en la zona, ¿qué importancia tienen para esta región de Colombia?

Es una muy buena noticia. Lo que indica la presencia de delfines es que el sistema es lo suficientemente productivo como para tener predadores tope como ellos, que son animales carnívoros. Por otro lado, estos animales han sido considerados por muchos autores como centinelas del mundo marino porque tienen la capacidad de acumular biocontaminantes de una forma similar a los humanos. Cuando estudiamos la incidencia de esos contaminantes en los delfines podemos tener una noción del riesgo que representan para la salud humana.

También son considerados una especie sombrilla, tienen un alto rango de movimiento y cuando se promueve su conservación, a la vez estás conservando todas las especies que están en los niveles más bajos de la cadena trófica. Cuando promueves su conservación, en este caso, promueves la conservación del gran mosaico de ecosistemas que es el golfo de Urabá.

¿Antes de que usted llegara a Urabá no había registro de delfines en la zona?

Hay un trabajo de 2011 de una estudiante universitaria que estudió una población de delfines que habita en un sector del Golfo llamado ‘El roto’ y en un muestreo de cuatro meses concluyó que los delfines utilizaban esa área principalmente para desplazarse y descansar. Antes de eso hubo registro de algunas especies, por ejemplo, la Corporación Biomunicipios ha hecho registros de delfín nariz de botella, delfín gris, orcas y falsas orcas y el varamiento de un cachalote. En el 2016 la Fundación Omacha y Corpourabá (autoridad ambiental en la región) hicieron dos recorridos por todo el golfo y confirmaron la presencia del delfín gris y del delfín nariz de botella.

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Desde que yo estoy en la región hemos tenido registro de otras especies como el delfín moteado del Atlántico (Stenella frontalis), el moteado pantropical (Stenella attenuata) y el delfín tornillo (Stenella longirostris). Estos son datos del último año, todavía no sabemos si son residentes en el golfo, lo que sí sabemos es que han pasado por estas aguas.

Estudiar las poblaciones de delfines en Urabá no es fácil pues la mayoría de poblaciones se encuentran lejos de costa. Foto: María Camila Rosso.Estudiar las poblaciones de delfines en Urabá no es fácil pues la mayoría de poblaciones se encuentran lejos de costa. Foto: María Camila Rosso.
Panorámica de playa en el golfo de Urabá. Foto: María Camila Rosso.
Panorámica de playa en el golfo de Urabá. Foto: María Camila Rosso.

¿En qué condiciones se encuentra el golfo de Urabá?

El golfo de Urabá es el estuario más grande del Caribe sur y es uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad que tenemos en Colombia. Tenemos manglares, corales, pastos, fondos blandos y cada uno de esos ecosistemas tiene unas características específicas.

En el Urabá hay cerca de 5.000 hectáreas de manglares, los cuales son vitales para la captura de carbono. No solo tienen importancia a nivel regional sino que son vitales en la regulación del clima a nivel mundial, además que son sala cuna de muchas especies de peces.

¿Qué amenazas presentan actualmente el golfo y sus delfines?

¿Amenazas? Todas las que tú quieras. El río Atrato tiene una gran influencia dentro del Golfo y en sus aguas trae muchos contaminantes de los vertimientos de la minería. Actualmente se está haciendo un estudio para mirar cómo esas aguas estarían llegando hasta el gran Caribe; por lo que podría tener una influencia más allá de lo local.

Ahora se planea la construcción de tres grandes puertos graneleros, Puerto de Antioquia y Pisisi en Turbo y Darién International Port en Necoclí. El desarrollo de esas obras trae sus consecuencias pues habrá más dragado y esto pone contaminantes, que ya estaban sedimentados en el piso, en la columna de agua; también habrá mucha migración de personas a la región, mayor contaminación marina y más tráfico en el mar. Todo esto, sin duda, son factores que amenazan la conservación de los ecosistemas y por supuesto de los delfines.

María Camila Rosso estudiando el delfín gris en Brasil. Foto: Lara Gama Vidal del Laboratorio de Ecología y Conservación de la Universidad Federal de Paraná.
María Camila Rosso estudiando el delfín gris en Brasil. Foto: Lara Gama Vidal del Laboratorio de Ecología y Conservación de la Universidad Federal de Paraná.

Hace poco viajó a Brasil para estudiar las dos especies iniciales de delfines (gris y nariz de botella) que registró en Urabá, ¿qué tanto aprendió?

La Universidad Federal de Paraná tiene un laboratorio de Ecología y Conservación que desde hace más de 10 años hace monitoreo al delfín gris, que es la especie residente en el lugar. Esto es algo que me interesaba mucho porque también viven en un estuario como lo es Urabá y ahí  se encuentra el puerto de Paranaguá, el puerto granelero más grande de Sudamérica.

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Fui a entrenarme en los métodos para estudiar esas poblaciones de delfines y poder determinar los tipos de relaciones que tienen con las actividades del puerto. Durante tres meses y medio acompañé las salidas de campo y es el mismo puerto el que financia estos estudios, el Ministerio de Ambiente en Brasil es muy exigente con los estudios de impacto, por lo menos en esa zona.

¿Y en que se enfocará su trabajo de grado?

Quiero determinar la abundancia (cuántos animales hay) y si las poblaciones de delfines que se han registrado en el golfo son residentes o no; para eso tengo que muestrear por lo menos un año. También deseo saber la forma en la que estos mamíferos usan el golfo, si hay unas áreas de alimentación, de reproducción, etc. y si eso está relacionado con algún factor físico, químico o biológico.

Al final quiero elaborar un mapa de riesgo de la conservación para tres actividades: infraestructura portuaria, pesca y turismo. La idea es entregar una herramienta para que estas actividades productivas puedan funcionar de la forma más responsable posible.

El delfín nariz de botella y el delfín gris fueron los primeros que María Camila Rosso registró en el golfo de Urabá. Foto: María Camila Rosso.
El delfín nariz de botella y el delfín gris fueron los primeros que María Camila Rosso registró en el golfo de Urabá. Foto: María Camila Rosso.

¿Qué tanto ha avanzado la investigación sobre delfines en Colombia?

Somos muy pocas las personas que estamos trabajando con delfines. Fernando Trujillo de Omacha tiene un estudio de muchos años de trabajo con delfines en el Amazonas, está Susana Caballero de la Universidad de los Andes que trabaja con toda la parte genética y con ella trabaja Dalia Barragán, que está terminando su doctorado con una población de animales en Bocas del Toro en Panamá.

Andrea Luna en la universidad Javeriana trabaja con ecotoxicología, está Salomé Dussán que hizo su trabajo con las poblaciones de delfines en la Bahía de Cispatá (departamento de Córdoba) y Noelia Farías que trabaja con el delfín común en La Guajira. También hay algunos estudios de estudiantes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en su sede Santa Marta. Todavía hace falta mucho porque son más de 30 especies para estudiar.

La gente en Urabá se emocionó cuando supo que en sus aguas había delfines y ahora son sus aliados en la investigación…

La Armada Nacional, a través de Guardacostas, fueron de los primeros en entusiasmarse con el tema y me han ayudado mucho, sobre todo con los recorridos. Los operadores turísticos también me han ayudado; la empresa Caribe SAS me deja montar en sus barcos para poder hacer los registros. Es un trabajo arduo porque tenemos muy poca relación con estos animales, teniendo en cuenta que las poblaciones costeras son pocas y el costo de ir mar adentro es bastante alto.

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Pasa algo muy curioso… ahora que estamos haciendo las investigaciones con delfines en Urabá la gente los está viendo más y me dicen: “tú descubriste los delfines en Urabá” y yo les digo “¡no! Siempre han estado ahí, yo solo vine a estudiarlos” (risas).

Los operadores turísticos cada vez están más atentos y hasta me envían videos cuando hay avistamientos, es muy bonito ver ese interés ciudadano. También se puede abrir una oportunidad para el turismo de avistamiento.

La Armada Nacional ha sido un aliado en la investigación sobre delfines de María Camila Rosso en Urabá. Foto: Alejandro Sandoval.
La Armada Nacional ha sido un aliado en la investigación sobre delfines de María Camila Rosso en Urabá. Foto: Alejandro Sandoval.

Esa puede ser una alternativa económica para las comunidades más vulnerables de la zona…

Sí, pero hay que educarnos un poquito. Hace un tiempo había un grupo de personas que estaba loco por salir a campo conmigo. Finalmente, nos fuimos todo un día, desde las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde, y solo tuvimos dos avistamientos, que a duras penas fueron el asomo de unas cuantas aleticas sobre el agua.

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Ellos estaban esperando que los delfines saltaran, dieran vueltas y que los llevarán de la aleta. En el turismo de avistamiento tenemos que hacer énfasis en que no es tocar sino observar; cambiar esa relación que tenemos con la naturaleza de estar encima de ella. Hay otras formas de disfrutar y maravillarse.

En el caso de los delfines es un poco complicado porque está el mito que nos venden los acuarios de que ellos se la pasan saltando y dando vueltas. ¡Pero eso no pasa! Creo que hay una excelente oportunidad para el turismo y de alternativas económicas para las poblaciones, pero debemos cambiar nuestra forma de pensar… al final mis acompañantes quedaron muy desilusionados y eso me dejó pensando (risas).

Aquí puede leer el texto original publicado en Mongabay Latam

https://es.mongabay.com/2018/11/delfines-en-estudio-y-riesgos-en-golfo-de-uraba/