Pablo Emilio Salazar Álvarez, un docente del municipio de Cartago en Valle del Cauca, lleva varios años reverdeciendo los jardines y antejardines del barrio Portal de Torrelavega por medio de la siembra de árboles que produce en su propia casa.

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Todo comenzó en 2007, cuando al mudarse al barrio se percató de la ausencia de árboles en el sector. El primer paso que dio fue sembrar algunos individuos en el antejardín de la vivienda, aprovechando el amplio espacio que tenía por tratarse de una casa esquinera.

Pablo Emilio le vende sus árboles a la comunidad del barrio. Foto: CVC. 

Luego de participar en varios talleres de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y la Secretaría de Educación del municipio, Pablo y su esposa Beatriz Elena Acevedo comenzaron a disponer los residuos orgánicos del hogar en un lote ubicado al frente de la casa, para así generar el abono y aplicarlo en los árboles ya sembrados.

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Con el paso de los años, los vecinos vieron cómo el jardín de la familia Salazar Acevedo reverdeció y se convirtió en una hermosa arboleda, que les brindaba sombra, confort y frescura a los transeúntes.

La semilla de la conservación también habita en los dos hijos de la familia. Foto: CVC.

Los esposos decidieron crear un pequeño vivero en el jardín para plantar las semillas que iban germinando de sus árboles. Luego ampliaron su visión y fueron recogiendo semillas en múltiples caminatas diarias por algunos sitios de interés ambiental en la Villa de Robledo.

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Poco a poco, el lugar se fue convirtiendo en una especie de laboratorio ambiental, cuyas plantas han sido la principal materia prima de las jornadas de siembra en el barrio.

Según la CVC, entidad que apoya este proyecto, la familia Salazar Acevedo ha producido un poco más de 1.200 árboles, entre frutales, ornamentales y algunos de porte alto.

Cada plántula producida por la familia tiene un costo de 1.000 pesos. Foto: CVC.

“Esta iniciativa hace parte del programa "Siembra 1.000 Árboles", que consiste en la venta de una plántula por 1.000 pesos. Los recursos obtenidos son invertidos en el vivero y en una huerta que están creando sus hijos, Sara y Cristhofer, quienes ya han sembrado tomate, cebolla, espinaca y fríjol para abastecer el consumo del hogar”, dijo la CVC.

Para Pablo Emilio Salazar, es de suma importancia trabajar en familia por el medioambiente. “Es muy gratificante ver cómo nuestros hijos han desarrollado ese gran amor por la siembra de árboles y por el desarrollo de prácticas sanas para su mantenimiento”.

De acuerdo con Edwin Serna Alzate, director territorial de CVC, esta iniciativa es un vivo ejemplo de amor por la familia y por la naturaleza. “Esta bella experiencia nos sirve de testimonio para vincular a más familias en Cartago y el Valle del Cauca. Con el vivero casero han dotado casi todos los antejardines del barrio, una tarea que sigue avanzando”.

Madre e hija recogen y siembran las semillas de los árboles. Foto: CVC.