Para la gran mayoría de los bogotanos resulta muy difícil pensar en el río Bogotá como algo distinto a basura, malos olores y agua estancada. Y cómo no, si los capitalinos y Soacha aportan el 90 por ciento de su contaminación. Esta, sin embargo, no ha sido la cara del río a lo largo de toda su historia. Todavía, en sus 380 kilómetros, este afluente tiene una inmensa biodiversidad con especies únicas en el mundo.

En las 589.143 hectáreas de la cuenca hidrográfica hay 542 especies de animales que incluyen aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Además de más de 169.000 hectáreas de páramos, bosques tanto andinos como secos, y herbazales.

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La segunda cartilla del Grupo Río Bogotá, una iniciativa de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y SEMANA, presenta la maravillosa biodiversidad del Bogotá, una de las razones para cuidar, proteger y recuperar este afluente con el apoyo de todos los ciudadanos.

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¡El río no está muerto!

Adentrarse en la cuenca del río Bogotá, a diferencia de lo que muchos creen, resulta ser una experiencia mágica que tiene como protagonistas a centenares de especies, tanto de plantas como de animales. 

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Los frailejones, por ejemplo, son la planta insignia de los páramos. En la cuenca del río se pueden encontrar 18 especies de las cuales siete son endémicas, es decir, que no existen en ningún otro lugar del mundo. Están en los páramos de Sumapaz, Guacheneque, Cruz Verde, Guerrero, Rabanal, Chingaza y Laguna Verde. De hecho, de las 144 de especies de frailejones que existen en todo el mundo, 88 están en Colombia. 

Los frailejones son la planta insignia de los páramos y son muy imporantes pues funcionan como esponjas que absorben agua, la humedad y previenen la erosión del suelo. Foto: Nicolás Acevedo.

Esta especie de planta, de las 169 que existen en la cuenca del río Bogotá, es una de las más importantes. Actúa como una esponja ya que absorbe el agua, capta la humedad y previene la erosión en el suelo, lo que le da vida a los ríos y las quebradas. Por desgracia, al menos cinco especies de frailejones están en peligro de extinción tanto por el cambio climático como por las actividades productivas del hombre en los páramos como la deforestación, cultivos ilícitos y minería, solo por mencionar algunos. 

La margarita de pantano, por su parte, es una de las plantas que abundaban en los humedales de Bogotá pero por la contaminación del río es casi imposible verlas hoy en día. En 1998 la declararon una especie extinta pues nunca la volvieron a encontrar. Pero en 2016, Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales de Bogotá, empezó a investigar sobre la margarita de pantano y se llevó la grata sorpresa de que el Jardín Botánico la había encontrado en el humedal de La Conejera, en Suba. No se sabe con exactitud su paradero pero solo el hecho de saber que aún hay rastro de ella, aunque sea en uno de los 15 humedales de la capital, es una excelente noticia. 

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En cuanto a animales, su presencia también es inmensa. Más de 500 especies que pasean por la cuenca del río como por ejemplo el venado de cola blanca, la zarigüeya andina, el zorro cangrejero, el tigrillo y hasta el oso de anteojos, aunque estos dos últimos están en estado vulnerable. 

Y ni hablar del cangrejo sabanero, uno de los animales que únicamente existe en el río Bogotá. Mide cuatro centímetros, tiene cinco hileras espinosas y es de color rojizo. Pero este animal es uno de los más amenazados no solo por la contaminación del río, sino porque lo cazan masivamente para venderlo en las plazas de mercado de la capital. Por desgracia esta práctica está permitida en el país desde 2019 por la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca.

El cangrejo sabanero solo mide cuatro centímetros y es una especie amenazada por la caza masiva para hacer jugos en las plazas de mercado. Foto: Sebastián García

En las plazas los licúan vivos para preparar jugos supuestamente afrodisíacos, pero lo que muchos no saben es que este crustáceo porta un parásito que podría afectar los pulmones de los humanos. Y, como estocada final, al sabanero también lo amenaza el cangrejo rojo o americano, que lo desplaza por hábitat y alimento.

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La cuenca del río también tiene un visitante muy especial: la nutria neotropical. Durante el siglo XX este animal se encontraba comiendo cangrejos y peces a lo largo de los 380 kilómetros del afluente, pero la contaminación se llevó esa gloria. Además, la cacería de nutrias también disminuyó su presencia en el Bogotá. Para muchos, la nutria se había ido para siempre de la cuenca, pero el año pasado algunas cámaras escondidas de la CAR la registraron en el encuentro del río Bogotá con el Magdalena. Esto significa que la batalla no está perdida y con la recuperación de este afluente las nutrias podrían regresar pues allí conseguirían alimento.

En 2019 vieron a la nutria neotropical en el encuentro del río Bogotá con el Magdalena. Foto: Fernando Trujillo

En cuanto a las aves, las más de 500.000 hectáreas del río albergan 322 especies de estas, de las cuales 10 son endémicas. Algunas son la tingua bogotana o la de pico verde, que habitan únicamente en el altiplano cundiboyacense y están en peligro de extinción. La tingua pico amarillo, por su parte, es muy territorial, y la de pico rojo es resistente a la contaminación. 

La tingua de pico verde habita únicamente en el altiplano cundiboyacense. Foto: Fernando Castro

En cuanto a los patos, los canadienses son los que más se reproducen en el territorio de la cuenca, y el pato pico azul que es una especie en peligro de extinción apareció en 2017. Incluso en la cuenca del río han registrado nueve aves de climas cálidos que han podido llegar a la capital por el calentamiento global o por otras especies invasoras. El alcaraván, el chamón, el periquito de anteojos y el toche de pico de plata hacen parte de la lista.

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La lista es casi interminable. Resulta casi imposible hablar de más de 500 especies de animales en algunas líneas, o del 18 por ciento de las aves de Colombia que están en la cuenca de este afluente. Este pequeño abrebocas, sin embargo, es suficiente para entender la importancia del río Bogotá, no solo para la capital sino para todo el país. Está en nuestras manos salvarlo, cuidarlo y luchar por su recuperación para que sea cuestión de tiempo volver a ver centenares de especies que le dan vida a este río, que aunque muchos no lo crean, no ha muerto. 

* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.