La actividad ganadera está arraigada en los pobladores de San Vicente que se estima que en sus 1,7 millones de hectáreas hay cerca 831.000 cabezas de ganado, distribuidas en 5.800 predios o fincas, de acuerdo con el alcalde Humberto Sánchez, citando al Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).

En promedio cada finca ganadera albergaría 143 vacas.  A su vez, el Comité de Ganaderos dice que la producción de leche alcanza los 800.000 litros diarios.

96 ganaderos de San Vicente del Caguán participaron en un proyecto del grupo de investigación de sistemas integrados de producción agrícola y forestal de la Universidad Nacional, el cual les enseñó a mejorar su producción para combatir la deforestación. Foto: Universidad Nacional de Colombia.

Tal producción ha generado en algunos habitantes de la zona la necesidad de mejorar sus sistemas productivos para hacer un manejo sostenible de su actividad de sustento, manteniendo en pie los bosques. Porque sus cifras de deforestación así lo demandan: de las 220.000 hectáreas de bosque perdido en el país el año pasado, 12,1 por ciento fue aportado por San Vicente, lo que de acuerdo con los informes del Ideam lo convierten en el municipio líder en deforestación en el territorio nacional.

Es más, San Vicente estuvo cerca de alcanzar la cifra de la tala ilegal total de departamentos como Meta y Guaviare.

Por eso 96 ganaderos de tres cooperativas del municipio (Cooprocam, Asoprolac y Aseganados), ubicados en las veredas de Campo Hermoso, Vegas del Pato y El Pato quienes aceptaron participar en un proyecto del grupo de investigación de sistemas integrados de producción agrícola y forestal de la Universidad Nacional de Colombia, financiado por el Ministerio de Educación y con la participación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Quieren parar la deforestación.

Desde finales de 2017, por medio de unas escuelas en el campo, algo así como aulas de colegio pero al aire libre y en los hatos ganaderos, expertos de la Nacional, entre agrónomos, zootecnistas, biólogos y pasantes, le explicaron a este grupo de ganaderos que al mejorar la productividad pueden combatir la desbordada deforestación.

Por medio de escuelas en el campo, expertos de la Universidad Nacional le explicaron a 96 ganaderos que al mejorar la productividad pueden combatir la desbordada deforestación. Foto: Universidad Nacional de Colombia

Ganaderos que conservan el bosque

“Identificamos fincas muy grandes, de hasta 2.000 hectáreas, pero improductivas. Encontramos en promedio tres vacas pastando en parches de cinco hectáreas, una ganadería inviable y nociva para el ambiente. Entonces empezamos a trabajar en cambiar ese chip generando nuevas alternativas. En pocas palabras volver al ganadero mucho más productivo pero con una conciencia de conservación ambiental”, cuenta José Luis Castillo, zootecnista de 29 años de la Nacional y coordinador del proyecto, que contó con $830 millones de inversión.

En las clases en el campo, los ganaderos conocieron que un sistema silvopastoril con rotación puede evitar que sigan ampliando la frontera agrícola y poner freno a la ganadería extensiva, vacas dando vueltas en grandes terrenos.

“ Varios lotes fueron divididos en 30 partes. El ganado iba rotando por cada una, lo que permitió que los pastos fueran creciendo. Comprendieron que no necesitan más potreros para ser productivos y mucho menos tumbar el poco bosque que aún sobrevive en sus fincas para meter más vacas”, anotó Castillo.

En clases en el campo, ganaderos de San Vicente del Caguán conocieron que un sistema silvopastoril con rotación puede evitar que sigan ampliando la frontera agrícola y poner freno a la ganadería extensiva. Foto: Universidad Nacional de Colombia

Denar Molano, presidente de Aseganados, aprendió que tumbar, quemar y sembrar no son las únicas opciones para meter vacas. “Es muy diferente que alguien llegue a imponer cosas a que venga un profesional con calculadora a mostrar los beneficios. Uno de nuestros retos consiste en quitarnos de la cabeza que hacer ganadería sólo es posible tumbando. Tenemos que tecnificarnos, es decir tener las mismas vacas pero en una zona más pequeña”.

Por su parte, Ferio Arnoldo Sánchez, presidente de Asoprolac, manifestó que su asociación tiene un nuevo compromiso con acabar la ganadería extensiva. “Nos quitaron la venda de los ojos para poder empezar una buena empresa más rentable y menos impactante”.

Tumbar, quemar y sembrar no son opciones para una ganadería eficiente. Proyecto de la Universidad Nacional les enseñó a varios ganaderos prácticas sostenibles para combatir la deforestación y generar mayores recursos. Foto: Universidad Nacional de Colombia

Mejorar los pastos

Otra actividad del proyecto fue la fertilización del suelo, algo de lo que los ganaderos no tenían la más mínima idea. Pensaban que fertilizar era quemar.

En cada finca fueron recolectadas muestras de suelos, para luego analizarlas en las fincas del laboratorio de la Universidad Tadeo. Los análisis arrojaron altos contenidos de aluminio, por lo cual necesitan de una fuerte incorporación de la materia orgánica.

Por haber deforestado por más de 20 años, los suelos de San Vicente del Caguán ya no son tan productivos. 96 ganaderos comprenden la situación y se comprometieron a generar prácticas sostenibles. Foto: Universidad Nacional de Colombia

“Pero no requieren de fertilizantes como potasio, nitrógeno o fósforo. Solo aumentar la producción del forraje (pasto) por medio del pastoreo rotativo por franjas en cortos periodos de ocupación. Las heces de las vacas funcionan como el mejor fertilizante”, aseveró el coordinador.

En las escuelas al aire libre, los ganaderos comprendieron que por haber deforestado por más de 20 años, sus suelos ya no son tan productivos. “Les dijimos que para volver a producir en esos terrenos tendrían que invertir más de $200 millones en fertilizantes. Unos respondieron: ¿por qué tumbé?”, mencionó el experto.

Para Castillo, al campesino hay que mostrarle resultados para que cambie. “Cuando vieron un aumento en la producción de pasto con el sistema rotacional, aprendieron que no necesitaban tumbar más monte. Así cambian de chip y acceden a reconvertir su actividad”.

Reconocen el valor del árbol

Para el líder del proyecto de la Nacional, al productor de San Vicente poco le gustan los árboles. Quieren ver todo convertido en extensas sabanas y potreros para sus vacas.

Por eso, el grupo de la universidad sembró especies en las cercas de las fincas y en donde contienen el ganado, un tipo de reforestación del cual pueden sacar provecho y rentabilidad.

Plantaron 230 árboles de especies nativas como melina y matarratón y una introducida llamada paulownia. Las dos primeras no solo permiten reforestar, sino que sus hojas sirven como proteína para los animales.

“Al ver que las vacas comían de las puntas de las ramas, los ganaderos conocieron una ventaja de los sistemas agrosilvopastoriles. También les hicimos ver que los árboles de gran porte dan sombra a las vacas. Hoy, muchos de los productores cuidan y defienden estos árboles como si fueran sus hijos”, afirma el zootecnista.

Con las escuelas en campo estos productores ahora saben que si siguen quemando, el agua desaparecerá del municipio. Muchos ya evidencian que los ríos no bajan con la misma cantidad como hace cinco años y que los animales de monte, su fuente de proteína predilecta, escasean cada vez más por culpa de la deforestación.

Algunos dijeron que si siguen tumbando como actualmente lo hacen, quién sabe hasta donde tendrán que ir por el agua, o peor pagar un carrotanque.

500 niños y jóvenes de cinco colegios de San Vicente del Caguán aprendieron sobre la importancia de los árboles amazónicos y su papel en la regulación del clima y la calidad del suelo. Foto: Universidad Nacional de Colombia

Sembrando semillas

En el transcurso del proyecto, que culmina este año, involucraron a cerca de 500 niños y jóvenes de cinco colegios en las tres veredas. Según Castillo, la mejor forma para que en la zona cambien las prácticas poco sostenibles es trabajar con los muchachos.

“Generamos proyectos de investigación en los colegios, enfocados en la parte forestal y ganadera. Les dimos el conocimiento y las bases suficientes para que comprendan que no deben tumbar un árbol o matar la flora y fauna para fertilizar la pradera”.

Con cátedras agropecuarias con énfasis en la parte forestal, los pequeños ahora conciben al árbol como algo fundamental para la región. Conocen sus usos, su rol en la calidad del suelo y su papel en la regulación del clima. En uno de los colegios construyeron un vivero de paulownia y un tanque con alevines, en el cual los jóvenes desarrollan un proyecto de electrónica.

“Si un niño le dice a su papá o a su abuelo que no tumbe un árbol porque es importante para la sostenibilidad de todo el planeta, lo más probable es que lo piense más de dos veces antes de hacerlo. La mejor forma para llegarle al ganadero es a través de los niños y jóvenes”, apunta Castillo.

35 profesores de las escuelas recibieron un curso de educación rural y manejo de granjas por parte de la Nacional. Participaron docentes de todas las clases, hasta los de educación física.

“Para poder sacar adelante el campo necesitamos de todas las profesiones. Con un equipo técnico completo podemos cultivar buenas semillas en los niños para que defiendan el medio ambiente”, puntualizó este joven apasionado por el campo y el verde, quien además mencionó que a comienzos de 2019, los ganaderos recibirán cartillas sobre buenas prácticas de ordeño, efectos de las quemas y especies nativas del bosque.

Lida Ortegón, docente de la institución educativa Campo Hermoso, concluye que este tipo de iniciativas le permite a los muchachos querer a su territorio y que no piensen solo en irse a la ciudad. “Queremos que los jóvenes trabajen por y en el campo, y que apoyen lo nuestro”.

Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.