* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Bogotá, ciudad del altiplano cundiboyacense, era una región de agua, pues estaba cubierta de grandes lagunas que, a su vez, estaban adornadas con la vegetación típica del páramo.

Hoy en día, de estos grandes cuerpos de agua quedan pocos, pero los que existen son oasis biodiversos. De acuerdo con Emmanuel Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, la capital pasó de tener 50.000 hectáreas ocupadas por ecosistemas y extensiones de agua en los años 50 a contar solo con 726. Es decir, se perdió casi que el 98 por ciento de estos.

La ciudad tiene 15 humedales reconocidos por el Distrito. Estos son el Juan Amarillo, La Conejera, Córdoba, Jaboque, Torca-Guaymaral, La Vaca, El Tunjo, Tibanica, Capellanía, El Burro, Techo, Santa María del Lago, Meandro del Say, Salitre y La isla.

Hoy en día, de estos grandes cuerpos de agua quedan pocos pero biodiversos oasis. Foto: Jorge Escobar/ Fundación Humedales Bogotá.

Sin embargo, todavía hay cuerpos de agua que siguen sin ser reconocidos. Escobar asegura que se trata aproximadamente de 80.

A pesar de haber sido reducidos, estos ecosistemas albergan una gran biodiversidad, pues más de 200 especies de aves han sido registradas, así como 11 especies de mamíferos, cinco de reptiles y cuatro de anfibios, de acuerdo con los registros de Humedales Bogotá y la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA).

Algunos de los reptiles, que controlan plagas y reducen la sobrepoblación de algunas especies y habitan en los humedales de la ciudad son la culebra de pantano, la lagartija anadia de Bogotá y el lagarto collarejo.

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Por el lado de los mamíferos, se pasea la zarigüeya, un marsupial pariente de los canguros y los koalas que se caracteriza por tener una nariz rosada y una cola muy larga, sin pelo y prensil, para poder agarrarse de los árboles. Otras de las especies son el curí, la comadreja cola larga y la musaraña de Thomas.

La salamandra de Chingaza, el sapo verdadero y la rana de cristal, son algunos de los anfibios que habitan en estos cuerpos de agua.

Para proteger y cuidar toda esta fauna silvestre, la Secretaría de Ambiente, de la mano de la empresa Aguas de Bogotá, está trabajando en un piloto con el que se construirán refugios para estos animales, con troncos de madera.

De acuerdo con la entidad, se está haciendo uso de los troncos que han sufrido volcamiento para esta actividad, dándoles así una nueva función ecológica. “La madera es biodegradable y, con el paso del tiempo, se va incorporando al suelo como materia orgánica, aportando nutrientes y aumentando la capacidad de retener humedad” explica la SDA.

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La idea es que estos refugios sirvan de resguardo y un sitio para alimentación, así como un espacio para la anidación de algunas especies.

Así mismo, según informó la Secretaría, estarán rodeados de algunas especies de plantas. “Este cerco evita que crezca el pasto kikuyo alrededor, ya que es una especie invasora que le quita los nutrientes, la luz, el aire, y el agua al material vegetal”, indica la entidad.

Se planea que estos refugios sirvan de resguardo y un sitio para alimentación, así como un espacio para la anidación de algunas especies. Foto: Secretaría de Ambiente.

El piloto de esta iniciativa se llevó a cabo en el humedal Capellanía, ubicado en la localidad de Fontibón, el cuerpo de agua de la ciudad que más registró aves nuevas en cinco años, de acuerdo con Humedales Bogotá.

En este ecosistema construyeron seis refugios y se espera que esta estrategia pueda implementarse en el resto de los humedales de la ciudad.