Colombia contaba con más de nueve millones de hectáreas cubiertas por bosque seco tropical, ecosistema conformado por árboles de gran porte con troncos lisos, aguijones y espinas que pierden sus hojas para guardar la mayor cantidad de agua posible durante la época de sequía. El Caribe, los valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena, la región norandina de los santanderes, el valle del Patía, Arauca y Vichada, eran sus principales refugios.

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Con la consolidación de actividades como la producción agrícola y ganadera, la minería, el desarrollo urbano y el turismo, el bosque seco inició una carrera contrarreloj hacia la extinción. Según el Instituto Humboldt, no sobrevive en más de 720.000 hectáreas, la mayoría fragmentadas y distribuidas en relictos de los departamentos del Caribe. Es decir que ya perdió 92 por ciento de su cobertura original, una hecatombe que lo convierte en uno de los ecosistemas más amenazados en el país. 

En este tipo de bosque, los expertos del Humboldt han registrado casi 2.600 especies de plantas, de las cuales 83 son endémicas, vegetación que le ofrece alimento y refugio a 230 especies de aves y 60 de mamíferos. “El bosque seco presta servicios fundamentales para el hombre, como la regulación hídrica, retención de suelos y captura de carbono, y cuenta con especies de leguminosas forrajeras, ornamentales y frutales importantes para el sustento de los pobladores aledaños a ellos”.

El departamento del Huila no ha sido ajeno a esta catástrofe ambiental, principalmente por la transformación de los bosques en extensas sabanas para el ganado. Así sucedió en 128 hectáreas de la zona rural de Neiva, un antiguo bosque seco que fue convertido en un lugar donde el verde palideció por la ganadería extensiva con sobrepastoreo y algunos cultivos de subsistencia. 

En la zona rural de Neiva, el bosque seco tropical se está regenerando por sí solo. Foto: Ecopetrol.

El llamado de la naturaleza

En 1994, la empresa de exploración y producción de hidrocarburos Hocol decidió comprar el predio para iniciar un arduo proceso de restauración en la zona, llamada campo San Francisco, estrategia que en 2012 pasó a manos de Ecopetrol bajo el nombre de la ecoreserva La Tribuna.

A través de la regeneración natural, es decir dejar que la naturaleza recupere su potencial por sí misma, La Tribuna ha sanado las heridas causadas por la intervención humana, un llamado natural que durante 26 años hizo emerger un relicto de bosque seco tropical repleto de biodiversidad a pesar de contar con siete pozos petroleros y varios afloramiento naturales de crudo, que no han afectado los recursos naturales.

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El agua y el bosque han emergido en una zona rural de Neiva donde antes dominaba el ganado. Foto: Ecopetrol.

Lo que hicimos fue un proceso de restauración pasiva, es decir dejar que las semillas latentes en la zona florecieran por sí solas. Con el paso del tiempo aparecieron especies del bosque seco comp pelá, ambuco, iguá y rabo de ají. En la zona ribereña de la quebrada el Neme, que hace una travesía por la ecoreserva, floreció la palma boba, un biocontrolador y bioindicador de la conservación”, dijo Chris Falla, ingeniera agroforestal de La Tribuna.

El lugar hoy en día cuenta con más de 700 especies de fauna y de flora, un ramillete conformado por 140 especies de mariposas, 123 aves, 63 arácnidos, 32 libélulas y caballitos del diablo, 18 anfibios, 13 reptiles y 24 mamíferos.

123 especies de aves han sido identificadas en este terruño boscoso de Neiva. Foto: Ecopetrol.

“La Tribuna es una de las experiencias de sostenibilidad ambiental más significativas, una estrategia complementaria de conservación en zonas de producción petrolera que ya suma más de dos décadas. Esta experiencia nos muestra que sí es posible una convivencia armónica de biodiversidad, agua y petróleo en un mismo ecosistema”.

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Gloria Amparo Gutiérrez, catedrática en ecología de la Universidad Surcolombiana, conoció la zona en 1990, cuando era un potrero ganadero, y fue una de las académicas que participó en el proceso de regeneración natural. “Fue muy complicado que la gente entendiera que la regeneración natural y el abandono no son la misma cosa, sino que el proyecto consistía en un ecosistema en recuperación. La Tribuna rompe con el paradigma de que los peces, cangrejos y el agua no pueden coexistir con el petróleo. Sí es posible pero con un manejo sostenible”.

Los cuerpos de agua de La Tribuna albergan varias especies de crustáceos y peces. Foto: Ecopetrol. 

Para Gregorio Medina, líder comunitario de la ecoreserva, ver cómo han florecido especies como la guadua, árbol que es sinónimo de agua y vida, indican un aporte biodiverso para las futuras generaciones. “Acá hicimos algo por el planeta y los habitantes de la región”. Arturo Camacho, profesional de Ecopetrol, complementa que La Tribuna es un gran aporte para uno de los ecosistemas más amenazados en el mundo.

La magia de La Tribuna

Las 128 hectáreas de esta ecoreserva del Huila albergan varios lugares emblemáticos, sitios que con el paso de los años han aumentado su magia biodiversa.

El nacimiento La Moyita es la primera fuente de agua que aparece al hacer el recorrido por La Tribuna. Es un manantial permanente de aguas cristalinas que se genera en la zona de recarga hídrica de la microcuenca de la quebrada El Neme, la cual aflora por medio del enraizamiento de un árbol de caucho.

La quebrada El Neme atraviesa toda la ecoreserva de la zona rural de Neiva. Foto: Ecopetrol.

“La laguna Verde es un gran reservorio de agua que se abastece a La Moyita y ofrece un espectáculo natural por su textura y color, fenómeno que se debe a la presencia de microalgas superficiales que son soporte a la actividad biológica acuática. En este cuerpo hídrico, patos, babillas y otros animales han encontrado su hábitat, al igual que un hogar de paso para las aves migratoria procedentes de Norteamérica”, indica Ecopetrol.

La Tribuna está incrustada en la microcuenca de la quebrada El Neme, cuyo caudal depende de la temporada del año. “Por ser un ecosistema de bosque seco tropical, en época de sequía el agua escasea en los cauces; pero al llegar las lluvias, serpentea abundante por entre las piedras”, anota la empresa. 

Las comunidades de la zona visitan la ecoreserva para perderse en la magia de la biodiversidad. Foto: Ecopetrol.

El agua fría y cristalina de la cascada Chispiadal cae por ocho metros de altura, que forman un pequeño pozo. Durante los tiempos de lluvia, aumenta su caudal y “chispea” formando un ambiente fresco y húmedo, razón de su nombre.

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La cueva y cascada El Chímbilo es una formación geológica monumental dibujada por una caída de agua de 20 metros de altura. “La historia cuenta que en época de la violencia bipartidista, esta cueva servía de refugio y protección a la población perseguida en la región. Su nombre se debe a la presencia de diferentes especies de murciélagos que habitaban la cueva”. 

Por el Muro de la Vida baja cristalina el agua de la montaña. Foto: Ecopetrol.

Las condiciones de humedad conforman el muro de la Vida, un estrecho rocoso con flujos de agua que gotea permanentemente y cubre de vegetación. Está ubicado a 900 metros sobre el mar y está rodeado por especies del bosque seco como el árbol de gustavia nana Pittier y el helecho arbóreo o palma boba.

“La cascada El Salto está ubicada en la parte alta de La Tribuna. El agua cae por 10 metros de altura, al lado del muro de la Vida, ecosistema que forman un refrescante paisaje de agua fresca y cristalina”. 

Esta joya biodiversa lleva consolidándose más de dos décadas. Foto: Ecopetrol.

Entre la densidad del bosque seco aparece una ventana que ofrece una vista de todo el verde denso de La Tribuna. Se trata del mirador Puerta del Sol, lugar desde donde se aprecia el bosque de la microcuenca de la quebrada El Neme y el valle del río Baché sobre el Magdalena, además de algunas partes del ingreso al desierto de La Tatacoa y Neiva. 

El iguá o cedro amarillo es un árbol que alcanza los 25 metros de altura, con una imponente copa que puede tener un diámetro de hasta 20 metros. Esta especie ha logrado conformar el bosque de los Iguas, donde habitaba el “Árbol del Abuelo”, emblema de la ecoreserva que fue víctima de un incendio forestal presentado en año 2015.

Las mariposas son las especies de fauna que más predominan en esta reserva. Foto: Ecopetrol. 

Pozos, historia y conservación

La Tribuna alberga siete pozos petroleros, cuatro inactivos, uno en abandono y dos activos. De estos últimos, uno es productor de petróleo y el otro es inyector de agua.

El pozo San Francisco 184 es uno de los más emblemáticos por estar ubicado en medio de la exuberancia del bosque seco, “lo que muestra que sí es posible una convivencia armónica de biodiversidad, el agua y el petróleo en un mismo ecosistema”, indicó Ecopetrol.

Los pozos petroleros no han puesto en peligro a la biodiversidad de la zona. Foto: Ecopetrol.

La ecoreserva cuenta con un afloramiento natural de crudo sobre el lecho de una quebrada, un lugar peculiar donde se entremezcla con el agua dándole la coloración y el olor característico del petróleo crudo. “Allí se pueden observar peces y cangrejos, lo que evidencia una dinámica biológica y armónica con el petróleo”.

El corral de Piedra es una huella que dejó la historia en el territorio, una infraestructura de arquitectura colonial que antes de 1994 era una típica hacienda ganadera y productiva huilense. En esta zona sobreviven canoas para abrevaderos y el botalón para amarrar el ganado, un vestigio de la actividad productiva.

Desde un mirador se puede apreciar la consolidación del bosque seco en Neiva. Foto: Ecopetrol.

Ecopetrol puso en marcha un banco de germoplasma para la reproducción de especies vegetales nativas del bosque seco y el manejo de rebrotes, tallos, bancos de semillas y plántulas que luego son sembradas en la ecoreserva.

Este banco tiene capacidad de producir 10.000 plántulas anuales, que son entregadas para la reforestación de las comunidades, instituciones educativas, autoridades municipales y fuerzas armadas en el marco del programa Árboles por la Vida”, menciona la empresa. 

Como las mariposas son una de las especies más estudiadas en La Tribuna, donde expertos de las universidades Javeriana y Surcolombiana han identificado 140 especies, Ecopetrol construyó un mariposario que consta de un cubil de vuelo y un laboratorio dedicado al proceso cría desde su estado larval.


Mariposas de diversos colores revolotean por los bosques de la reserva. Foto: Ecopetrol.