SEMANA SOSTENIBLE (SS): Usted no es nueva en la Fundación Natura. Ya lleva 22 años en la organización batallando por la sostenibilidad. ¿Cómo inició ese viaje?

CLARA SOLANO (CS): llegué en 1997 a coordinar un proyecto llamado Parques en Peligro, que en su época fue todo un hito en Colombia. Trabajamos en sitios como Utría, Chingaza y La Paya, algunos muy afectados por el conflicto armado, donde el ideal era pasar de figuras de conservación de papel a Parques gestionados. Mi papel fue apoyar la construcción de planes de manejo, sistemas de monitoreo y fortalecer las capacidades y procesos investigativos, de la mano con Parques Nacionales y la comunidad.

SS: ¿Qué resultados recuerda en la Amazonia, hoy la zona más afectada por la hecatombe ambiental en el país?

CS: Uno de los hitos más importantes durante esa época en la Amazonia fue el llamado Plan Charapa, un proceso de investigación y monitoreo comunitario para conservar y proteger a la tortuga charapa, la tortuga de río más grande del mundo y una especie bastante importante para los indígenas, que estaba bastante agotada por el sobreuso y la explotación en Brasil. Creamos un plan donde surgieron los primeros rasgos y conceptos de ecomanejo o manejo territorial conjunto en sitios con traslape entre Parques y territorios indígenas. Fue algo novedoso. Terminamos en 2001 y dejó semillas muy importantes para las áreas protegidas de la región.

SS: Natura se ha caracterizado por fusionar dos temas que son vistos como opuestos: la conservación y la producción. ¿Cuándo inició esta idea?

CS: Entre 2001 y 2008 trabajé como coordinadora del área de Andes Tropicales dentro de Natura, años en los que abordamos temas en los que el ambientalismo no se había metido mucho. Natura fue la primera organización en trabajar en el desarrollo de corredores de conservación, es decir en tratar de conectar zonas de bosque que fueron aisladas por diversos factores pero por medio de la restauración ecológica y con el apoyo de los campesinos. Elsa Matilde Escobar, antigua directora de la organización, nos destapó los ojos para iniciar un trabajo con los gremios productivos.

SS: ¿Cómo surgió la idea de meter a los gremios en el cuento de la conservación?

CS: Empezamos a liderar el famoso corredor de conservación de los tres núcleos de páramo en Boyacá y Santander: Iguaque, La Rusia y Guantiva, que hacia sus laderas, tanto oriental como occidental, contaban con franjas de desarrollo productivo bastante consolidadas. Nos percatamos que no podíamos planear un corredor o una visión de conservación y uso sostenible en las más de 1.100 hectáreas sin el apoyo y participación de los cafeteros y cacaoteros. Solo 30 por ciento de la zona contaba con ecosistemas con baja transformación. La estrategia para conservar el páramo, bosques altoandinos y de bosque seco, era imposible si no involucrábamos a los sistemas productivos.

Clara Solano busca fortalecer las alianzas sostenibles con las empresas privadas y los gremios productivos. Foto: Fundación Natura.

SS: ¿Qué le propusieron a los campesinos para que dejaran de tumbar bosque?

CS: Esa transformación de los ecosistemas la vimos como una oportunidad. Nos arriesgamos a construir objetivos de conservación y de uso enfocados tanto en la biodiversidad como en las comunidades. Así nacieron los sistemas agroforestales, que en su momento generaron debate y discusión. Muchos nos dijeron: ¿cómo se atreven a formular un objetivo de conservación para ecosistemas transformados? Hoy sabemos que conservar los bosques solo es posible con la participación de la gente y de sus aspectos culturales.

SS: ¿Dejó un poco la biología pura por estas nuevas visiones?

CS: Nunca fui una de esas biólogas puristas. Siempre supe que los temas de conservación debían contar con la participación activa de la gente, como indígenas, campesinos y afrodescendientes. Por eso, para mí el tema de la cacería en las comunidades es natural y no me causa un desgarre de mis vestiduras. Fuimos pioneros en temas como los certificados por buenas prácticas ambientales y productivas y la firma de los acuerdos de producción y conservación. El país tiene que seguir trabajando y entendiendo los territorios transformados, además de la biodiversidad y el cambio climático.

SS: Pero ese trabajo mancomunado no debe ser solo con los campesinos...

CS: Exacto. Natura lleva varios años trabajando de la mano con el sector productivo, los diferentes gremios y las empresas privadas. La conservación no solo debe ser un tema de las áreas protegidas. Hay sitios transformados con gran cantidad de biodiversidad y servicios ecosistémicos en los que puede trabajar toda la gente que está interesada en hacer cosas para protegerlos. 

SS: ¿Es un trabajo de conservación ambiental privada?

CS: Así es. Hoy en día, el trabajo con los gremios y empresas para conservar y restaurar ecosistemas es una de nuestras líneas más fuertes. No solo contempla la constitución de reservas naturales con los privados, sino la puesta en marcha de acuerdos y contratos privados con estrategias de conservación. Fuimos pioneros en los modelos jurídicos de acuerdos de conservación.

SS: ¿Es decir que Colombia necesita trabajar más de la mano con las empresas en temas ambientales?

CS: Sí. Las empresas representan una oportunidad inmensa de conservación. No hay una sola empresa que no tenga un predio que deba restaurarse. Estamos trabajando un proyecto para tierras de compañías que tienen todos lo problemas ambientales posibles, con miras a darles solución. Nuestra reserva natural de la sociedad civil Encenillo reverdeció con las compensaciones ambientales que están obligadas a hacer las empresas.

SS: ¿Han tenido problemas con ese trabajo empresarial y ambiental?

CS: Más que problemas fueron polémicas y debate. El más fuerte fue entre 2009 y 2010 con la construcción de la represa del Quimbo, ubicada en la zona centro-sur del Huila. Natura hizo el ajuste de la medición de las áreas que Enel (hoy Emgesa) tenía que compensar por obligación, algo que no levantó mucha ampolla. Para esa época, la oficina de licencias ambientales empezaba en su transformación hacia la ANLA, un hito ambiental que hizo serias a estas compensaciones: ya no era solo reforestar sino hacer restauración ecológica y empezó a hablarse de compensación por pérdida de biodiversidad. 

Para la nueva directora de la Fundación Natura, las empresas privadas representan grandes oportunidades para la conservación ambiental. Foto: Fundación Natura.

SS: ¿Por qué no gustó la idea?

CS: Enel ya conocía la cantidad de área que debía compensar, más de 11.000 hectáreas, pero no sabía dónde hacerlo. Natura hizo la propuesta, la cual molestó a la Corporación Autónoma Regional del ALto Magdalena (CAM): dijimos que Enel debía comprar un terreno para hacer la compensación, es decir un área en un solo bloque, como lo dispuso la ANLA. Además, tenía que ser con 90 por ciento de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados en el país. La CAM había negociado la compra de predios en los nueve municipios cercanos a la represa, una compensación dispersa que no sirve. Enel aceptó nuestra propuesta, compró el terreno e inició la compensación con el apoyo de la comunidad. Esta fue la obligación más grande de compensación antes de Hidroituango. 

SS: Y ese trabajo con las empresas sigue fortaleciéndose…

CS: Así es. Natura no hace estudios de impacto ambiental pero sí desarrolla los programas de compensaciones con las empresas, algo en lo que estamos especializados. Después del Quimbo iniciamos trabajos con todo el sector de generación y transmisión energética, como EPM, Enel e Isagen, y con algunos regionales. Desarrollamos una capacidad de negociación y análisis de cada situación, y empezamos a entender el lenguaje de las empresas. Pero aún seguimos con una visión muy corta de la conservación.

SS: ¿Cuál va a ser su bandera como nueva directora de Natura?

CS: Seguiremos fortaleciendo todas estas temáticas, como los acuerdos de conservación, el trabajo con la comunidad y las alianzas con las empresas para las compensaciones. Además, quiero posicionar a Natura como una ONG distinta y novedosa y con procesos a largo plazo. Uno de los mayores retos que me he planteado es que la fundación sea reconocida en el territorio por el impacto que tienen las alianzas empresariales y por dejar procesos con una huella de desarrollo sostenible en las regiones. 

SS: ¿Y la comunidad?

CS: Seguiremos enfocados en esos territorios transformados donde están los grandes desarrollos, además de esos sitios donde la sociedad pide a gritos que sea involucrada y tenida en cuenta en los macrodesarrollos. Hay que llevar esos lugares a transiciones sostenibles y con oportunidades para la gente. Algo que me inquieta es la polarización del discurso de desarrollo y la conservación. Para mí, éste debate debe centrarse en cómo cada vez las empresas se hacen más responsables de las transformaciones ambientales y facturan más si le apuestan a la sostenibilidad.

SS: ¿Natura estará en esos sitios de mayor conflicto ambiental?

CS: Queremos enfocarnos en esos conflictos tan difíciles de abordar en el territorio, como lo son los temas mineros y la deforestación. Quiero que la fundación se convierta en gestora de ejemplos en esos territorios de conflicto donde está el desarrollo y la biodiversidad, trabajando en las esquinas de las problemáticas. En Antioquia, pronto iniciaremos un trabajo con varios mineros en una zona que fue declarada como Distrito de Manejo Especial. Las oportunidades de desarrollo son oportunidades de conservación de la biodiversidad.

SS: El tema ambiental toca las fibras de la gente, pero las denuncias no trascienden.

CS: Debemos comunicar mejor el tema ambiental. A eso le quiero atinar. La comunicación debe ser un elemento transformador de la sociedad y no solo un instrumento. La sociedad está muy lejos de entender el verdadero riesgo en el que está el planeta. La ciencia aún no logra plasmarlo por esa comunicación superficial que no va más allá del dato simple. Lo que pasó con los incendios en la Amazonia no traspasó los rezos en las redes sociales. También hay que incidir más en la construcción de políticas locales, regionales y nacionales.

El trabajo con las comunidades en fundamental para blindar los recursos naturales: Clara Solano. Foto: Fundación Natura.

SS: ¿Qué acciones va a fortalecer en la Amazonia?

CS: En la Amazonia hemos trabajado en temas productivos como el uso forestal y la gobernanza, el empoderamiento de las organizaciones indígenas y las comunidades campesinas y el turismo sostenible. Por ejemplo, en Vaupés fortalecemos y capacitamos a los indígenas en la negociación de carbono y sus proyectos forestales, es decir en que conozcan y manejen un mercado que hoy en día desconocen. También contamos con estrategias en zonas ya transformadas del Caquetá, que a pesar de ser víctimas de la deforestación, tienen potencial para nuevas alternativas.

SS: ¿Cómo es ese trabajo con los colonos que habitan esas zonas deforestadas?

CS: La gobernanza del bosque se hace con las comunidades. La oportunidad está en trabajar con la gente que habita en esas zonas deforestadas, la cual hace parte de esa cadena al no contar con mayores opciones económicas. Con ellos hay que trabajar para detener el deterioro y generar las oportunidades. Natura, por medio del proyecto Amazonia 2.0, trabaja con campesinos promoviendo monitoreos comunitarios de la biodiversidad y diálogos interculturales entre indígenas y colonos. 

SS: ¿Cómo son esos diálogos entre colonos e indígenas?

CS: Amazonas 2.0 es un proyecto liderado por Natura, con apoyo de la UICN y la Unión Europea, en Perú, Brasil, Ecuador, Colombia, Guyana y Surinam. Consiste en capacitar a las comunidades sobre monitoreo forestal, climático y de fauna, y crear una plataforma regional amazónica de intercambio de información. En el país, la fundación trabaja en el municipio de Solano (Caquetá) con campesinos de 11 veredas y representantes del resguardo indígena inga Niñeras. Ambas comunidades han identificado sus problemáticas y establecieron un diálogo para el manejo de su territorio. Estos mecanismos de diálogo son fundamentales para conservar el bosque.