;
DW

Irlanda fue una vez una tierra de bosques. La isla, con una superficie de 84.421 kilómetros cuadrados, llegó a estar cubierta por un 80 por ciento de bosque. Hoy en día, con tan sólo un 11 por ciento, tiene una de las tasas más bajas de Europa.

La historia de la destrucción de los bosques de Irlanda no es bonita. Ningún otro país en Europa ha experimentado tal destrucción de su bosque nativo. A principios del siglo XX, el área forestal de la isla se había reducido a menos de un uno por ciento de su masa terrestre total.

Si bien un clima cambiante desempeñó un papel importante en la destrucción de los bosques irlandeses, lamentablemente fue la actividad humana la que causó la mayor parte de los daños a lo largo de los siglos. La desaparición de los bosques de Irlanda, al igual que el gaélico (la lengua nativa del país que ahora habla con fluidez una pequeña minoría), son una parte casi perdida de la identidad cultural y física de Irlanda.

Puede leer: Los bosques florecen de nuevo en el Valle del Cauca

Durante el siglo XX, el gobierno irlandés comenzó a comprender la magnitud de lo que se había perdido e inició un proceso de reforestación a gran escala, estableciendo bosques, en su mayoría de coníferas tolerantes a la exposición, en tierras montañosas.

Durante mi niñez, a principios de los años noventa, en la región septentrional del Ulster irlandés, apenas se notaba nada de la reforestación en las cercanías porque vivíamos lejos de las montañas, en un paisaje dominado por pequeñas granjas.

Recuerdo cómo, de niño, deseaba que hubiera un gran bosque detrás de nuestra casa, porque en muchos de los libros que leíamos mi hermana y yo, las verdaderas aventuras no comenzaban hasta que los niños se alejaban de la supervisión de los adultos y se adentraban en los profundos y oscuros bosques que había más allá.

El bosque más cercano a nosotros era un lugar llamado Killykeen Forest Park, un agradable bosque recreativo a pocos kilómetros de distancia. Ir allí siempre era emocionante. Con cinco o seis años, no podía expresarlo con palabras, pero mirando hacia atrás recuerdo ser consciente de que el bosque ofrecía una libertad muy especial.

A medida que me hacía mayor, algo comenzó a cambiar en el paisaje que nos rodeaba: empezaron a aparecer pequeños bosques. En muchos de los campos que nos rodeaban, se crearon bosques en tierras antes desoladas y poco fértiles.

Les sugerimos: Colombia propone un corredor ecológico para proteger la Amazonía

En la década de 1990, el gobierno irlandés y la UE concedieron ayudas a los agricultores para animarles a cultivar árboles en sus propias tierras. Hoy en día, casi la mitad de toda la silvicultura irlandesa está en manos privadas. Esto ha ayudado a que haya un aumento en el porcentaje de tierra irlandesa cubierta por bosques. Actualmente, el gobierno irlandés tiene como objetivo que el 18 por ciento de la tierra del país sea área forestal para el año 2046.

Aquellos que piensan que un bosque es algo grande, no deben equivocarse. Los bosques que crecieron a nuestro alrededor eran arboledas muy pequeñas, a menudo sólo unos pocos acres de tierra, pero tuvieron una gran impacto en mi juventud.

El que recuerdo con mayor claridad estaba "al final del campo” de nuestra casa. Eso significaba que no había un acceso directo, simplemente había que abrirse camino a través de la maleza.

Iba allí a menudo, hasta bien entrada mi adolescencia, casi siempre solo. A medida que pasaba el tiempo, el bosque se hacía más y más denso y cada vez que iba allí, los árboles y la vida silvestre que lo habitaban parecían haber recuperado un poco más de tierra que una vez habían perdido. Dicen que la soledad es la tristeza de estar solo, mientras que el aislamiento es un placer. Afortunadamente, esto último es lo que más asocio a las horas que pasé en estos bosques.

Le recomendamos: ¿Qué estrategias de conservación forestal son las más efectivas?

Durante mi última visita a mi casa a principios de verano, estaba caminando por una calle cerca de la casa de mi familia cuando, de repente, algo llamó mi atención. Se había creado una entrada a uno de los bosques que se habían plantado hace más de 20 años.

Entré y vi que el bosque era mucho más profundo de lo que yo recordaba. Entonces lo entendí: este pequeño bosque y el bosque "al final del campo”, al que había ido tantas veces de pequeño, se habían convertido en un único bosque.

Ha llevado tiempo, pero, raíz a raíz y rama a rama, los árboles de Irlanda están regresando.