Durante años el conflicto armado se convirtió en el pan de cada día para los habitantes de los municipios de Lejanías y Mesetas, en Meta. Una dura realidad con la que tuvieron que convivir por décadas, atrapados en sus territorios y sin muchas posibilidades de dar a conocer sus bellezas naturales y la templanza y deseo de salir adelante de su gente.

Hoy, casi tres años después de firmado el acuerdo de paz, hay otra realidad. Por las carreteras y caminos de estos municipios se respira tranquilidad y sus habitantes expresan el deseo de mostrarle al mundo su potencial como tierra frutícola. Y no quieren dejar pasar el turismo que se perfila como una oportunidad económica inigualable.

A partir de proyectos comunitarios sustentados en esa actividad, tanto en Mesetas como en Lejanías los habitantes han comenzado a pasar la página de una historia de violencia, para empezar a escribir nuevos capítulos soportados en las oportunidades que les brindan el campo y la naturaleza. Estos dos municipios participan en la Ruta Sierra de La Macarena, apoyada por el Instituto de Turismo del Meta. Esta entidad se ha dado a la tarea de posicionar al departamento como uno de los lugares más atractivos para visitar en el país.

Una de las principales joyas de esta región es el río Güejar, lugar que se ha venido consolidando como uno de los mayores atractivos turísticos de esta zona. También cuenta con un imponente cañón perfecto para practicar deportes extremos como el rafting. Además Charco Azul ofrece otra alternativa turística; al igual que AlmaViva Tropical, un ejemplo de agricultura sostenible.
Ante las oportunidades de mostrar la región, las ideas de negocio han llegado pronto y jóvenes empresarios han decidido lanzarse al ruedo para mostrar la nueva cara de esta región. Algunos ejemplos.

Las Maravillas del Güejar

Germán Darío Ospina, co fundador de Maravillas del Güejar. Foto: Liliana García/Instituto de Turismo del Meta

El río Güejar es uno de los tesoros turísticos en Lejanías. Un lugar paradisiaco en el que los visitantes pueden conocer una amplia oferta de lugares para caminar, nadar, bañarse, divertirse y tener una gran experiencia.
La empresa Maravillas del Güejar promociona este destino, entre otras. Esta compañía nació de las oportunidades que vio en el campo Germán Darío Ospina, un joven emprendedor que, luego de permanecer un tiempo en la ciudad decidió regresar a buscar sus raíces y ayudarle a su familia a superar dificultades económicas.

Sin conocimientos en turismo, hace cuatro años inició la aventura. Su finca, situada cerca de dos lugares turísticos: Piscinas del Güejar y Caño Lajón, resultaba perfecta para darle vida a su idea de negocio. La llegada de turistas iba en aumento, y Germán y su familia visualizaron allí una oportunidad.  Comenzaron a alquilar un par de habitaciones, luego construyeron la primera cabaña y ahí empezó una historia que los propios turistas se han encargado de promocionar. Es un proyecto familiar y este es precisamente su valor agregado.

Río Güejar, en Lejanías, municipio del Meta. Foto: Liliana García/Instituto de Turismo del Meta

Los cuatro hermanos y sus padres trabajan día a día para sacarlo adelante. Hoy tienen cuatro cabañas con acomodación múltiple y dos para parejas. Tienen entre su planes comenzar a prestar un servicio de glamping, o sea camping con glamur.

Maravillas del Güejar forma parte de un proyecto comunitario conformado por cinco familias que decidieron unir esfuerzos y ahora participan en la Red de Turismo Comunitario del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.  El año pasado crearon una Asociación que hoy opera bajo el nombre de Güejar Park, pues tienen el sueño de ser un parque con muchos atractivos turísticos, en medio de una zona ganadera.  Las cinco fincas tienen acceso a los mismos atractivos y en temporada alta les dan la bienvenida a unos 5.000 turistas. Se trata de una cifra nada despreciable para un lugar que apenas empieza a posicionarse, pero que tiene todo para ofrecer.

Enseñando a partir de la experiencia

Joyce Rojas, fundadora de AulaViva Tropical. Foto: Liliana García/Instituto de Turismo del Meta


Otro tipo de experiencia pueden encontrar los visitantes de Lejanías en AulaViva Tropical. En este proyecto sus fundadores, Joyce Rojas y José Zárate, le agregan valor al campo. Esta pareja de jóvenes esposos decidió reinsertarse a la zona rural, luego estudiar en la ciudad. Establecieron un centro (Finca) de Formación en INnovación CAmpesina, donde de forma práctica e ingeniosa muestran que es posible vivir en el campo. Esta iniciativa cuenta con certificación internacional de producción sostenible Rainforest Alliance. En su finca de 35 hectáreas, 15 de bosque, implementaron sistemas de generación de energía renovable a través de una turbina Pelton, biogas y energía solar, que emplean para transformar y empacar el café tostado y molido que producen en el lugar y venden con la marca Vivo´s Coffee.

A esta finca la sacan el máximo provecho. Tienen cultivos de naranja tangelo que transforman en vino tinto con la marca Wine Vivo’s. Y se ingeniaron su propia biofábrica de insumos orgánicos y biológicos, destinados para abonar las plantaciones. Joyce Rojas manifiesta que las tecnologías que utilizan son ejemplo de adaptación para mitigar el cambio climático. “Científicamente hemos demostrado que mediante estas somos 70 % más eficientes en términos ambientales, económicos y sociales”.

Los análisis que han realizado les permiten determinar que por cada hectárea, esta finca evita 380 toneladas de dióxido de carbono, gracias a su modelo de producción en el cual no utiliza ningún tipo de fungicida ni químico.  Cuando la compraron era un potrero con ganado. Pero ellos decidieron hacer un estudio de suelo. En ese momento el resultado mostró que en el lugar se generaban 3,3 partes por millón de materia orgánica. En 2016 ya era de 8,8 partes por millón; lo que garantiza la oferta de abono orgánico para alimentar los diferentes cultivos.

Tienen entre sus objetivos decirle al campesino que no se vaya de su tierra, que cultive, pero que transforme la materia prima que es la que genera ingresos. La misma naturaleza les permite ganar dinero.  A partir de su experiencia contribuyen y apoyan proyectos dentro y fuera del país, dan conferencias en universidades y atienden las visitas de quienes tienen interés por conocer su iniciativa.

Charco Azul, un patrimonio natural

Yesid Octavio Morales, fundador de Sanep Casa Paraíso Natural Ecoturístico- Charco Azul. Foto: Liliana García/Instituto de Turismo del Meta


En el municipio de Mesetas está Charco Azul, un hermoso patrimonio natural que nadie podía ver por cuenta del conflicto armado. Yesid Octavio Morales, un excomandante de las Farc, decidió hace dos años darle vida a un emprendimiento que hoy ha tomado la suficiente fuerza como para que lleguen unos 300 visitantes al mes.

Este proyecto turístico, ubicado a 40 minutos del casco urbano de este municipio, ha recibido la “bendición” de las comunidades. Morales decidió llamarlo Sanep Casa Paraíso Natural Ecoturístico -Charco Azul, a partir del cual tiene el objetivo de cambiar la imagen de la zona, pues allí los habitantes disfrutan la tranquilidad y las maravillas naturales. “Le estamos devolviendo la tranquilidad al lugar y cumpliendo con algo que está establecido en el acuerdo que es el tema de la reparación”, dice Morales.

En Charco Azul, un lugar paradisiaco, Morales ofrece hospedaje para 12 personas, con capacidad para 50 turistas en una pasadía. Tiene una oferta turística amplia, pues en su recorrido los viajeros pueden visitar la Cascada Cataratas, el Túnel del Tigre, la Cascada Natural y el Campamento de memoria histórica, un lugar que apenas dos años habitaban unos 30 combatientes de las Farc.

Yesid Octavio decidió incluirlo en el círculo del proyecto turístico, con la idea de que no se vuelva a encontrar un campamento así activo para la guerra, sino que por el contrario, se convierta en un símbolo de paz. “Ahí se estudió toda la pedagogía cuando se inició el proceso de paz. Allí leímos las 297 páginas que componen el acuerdo”, dice.

El proyecto que comenzó con dos personas, hoy genera diez empleos directos, además de los indirectos. Tiene el objetivo de cuidar la naturaleza. Su plan es ser autosostenible y ampliar su emprendimiento como un turismo comunitario en el que las personas de la región también puedan beneficiarse. Los habitantes de por lo menos cinco veredas participar en el mismo.  Charco Azul se caracteriza por tener una arena natural. Allí los turistas pueden bañarse y divertirse por un costo de 150.000 pesos por persona que incluye dos días y una noche, alimentación, hospedaje y guianza. Un día cuesta 50.000 pesos.

Promocionando el turismo ecológico

Jefferson Oliveros, creador de Turem Paz y Turismo. Foto: Liliana García/Instituto de Turismo del Meta


Dada la cercanía del municipio de Mesetas al Parque Natural Sierra de La Macarena y las oportunidades que ofrece el turismo ecológico, a finales del año pasado, Jefferson Oliveros decidió darle vida a Turem Paz y Turismo. Lo hizo tras tener la idea de prestarles servicios a las personas interesadas en conocer las bellezas naturales de su municipio. El nombre surgió de la relación geográfica del territorio, con el turismo ecológico de la Sierra de La Macarena, lo que facilitaba la idea de tener una oferta para hacer ecoturismo.

Turem opera rafting en el Cañón del Güejar, donde en un recorrido de cuatro horas los turistas observan cascadas como la del Ángel, Safari y La Escondida, además de La Cueva de los Loros y El Titanic, una formación rocosa en forma de barco.  Jefferson decidió apostarle a este negocio y con gran esfuerzo compró los botes, en los que lleva a los viajeros a vivir esta experiencia por 150.000 pesos por persona que incluyen transporte interno, almuerzo, refrigerios, seguro, equipos y guías certificados.

Además del rafting, Turem ofrece senderismo a diferentes cascadas, avistamiento de aves y trabaja vinculando la cadena de valor y generando turismo comunitario, lo que indica que varias familias se benefician de esta iniciativa. Uno de los lugares a los que lleva viajeros es a Charco Azul.

Oliveros tiene dentro de sus planes convertirse en uno de los operadores turísticos más consolidado de su municipio, generando empleos y dinamizando la economía local. “Aspiramos a conquistar mercados internacionales que aprecien y valoren nuestras riquezas paisajísticas”, dice. Y recuerda que a Mesetas lo reconocen como el municipio de las cascadas por su diversidad paisajística e hídrica, además de su historia en épocas de posconflicto.

Cañón del río Güejar, en Mesetas, Meta. Foto: Liliana García/Instituto de Turismo del Meta