Vertimientos industriales y agropecuarios a través de tuberías ilegales, el arrojo de basuras a su ronda, escombros, inseguridad, consumo de drogas, hacen ya parte de la cotidianidad del río Bogotá.

La tradición capitalina adoptada desde la época colonial, de arrojar las basuras y desechos a los ríos con el fin de que cuando las aguas subieran, el problema se fuera río abajo, convirtió en los últimos años al río Bogotá en una gigante cloaca, apoyada por la impunidad en estas crímenes ambientales.

Estas situaciones negativas hicieron que la Corporación Autónoma Regional (CAR), desde 2018, creara un sistema de vigilancia 24 horas, con 14 cámaras de alta tecnología, instaladas en estaciones que funcionan con paneles solares, a lo largo de 100 kilómetros del río Bogotá. Partiendo desde las compuertas de Alicachín en Soacha hasta los terrenos de la Universidad de la Sabana en Chía.

Vertimientos industriales, agropecuarios a través de tuberías ilegales y el arrojo de basuras al río Bogotá, ya son parte de la cotidianidad. Foto: Nicolás Acevedo.

Las imágenes grabadas son enviadas a un centro de control y monitoreo ambiental ubicado en las instalaciones de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre.

Este proyecto de vigilancia, bautizado BochiCar en honor a los muiscas, fue creado por la CAR, con el objetivo de monitorear en tiempo real el cauce del río, además tiene la misión de verificar las situaciones de orden ambiental y social que puedan presentarse, como descargas de residuos, escombros, vertimientos, incendios, talas, robos, pastoreo y consumo de drogas.

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Cada cámara ubicada a siete kilómetros de distancia, abarcando los municipios de Chía, Cota, Soacha, Mosquera, Funza y dentro de Bogotá en las localidades de Suba, Engativá, Kennedy, Fontibón y Bosa, tienen cobertura de cinco kilómetros y medio, lo que permite identificar placas de vehículos, motos, hasta rostros humanos.

“Las torres tienen diferentes alturas, que oscilan entre los 25 y 50 metros. En cada estación fueron instaladas dos cámaras con diferentes tecnologías: una auxiliar para verificar las zonas perimetrales de las torres y otra con doble función optrónica y térmica que permite vigilar en las noches e identificar los diferentes niveles de temperatura”, dijo Orlando Garibelo, ingeniero ambiental de la CAR que lidera el proyecto de vigilancia de la cuenca media del río Bogotá.

Vigilancia 24/7

Cuatro cámaras tienen una función extra: recopilar las imágenes para luego enviarlas al centro de control y monitoreo ambiental de la PTAR Salitre. A San Bernardino, ubicada entre Bosa y Soacha, y Fontibón, llegan las imágenes de la parte sur; y a Chicú, entre el barrio Bilbao en Suba y Cota, y Universidad de la Sabana, las del norte.

“La conexión es por canales de internet con banda ancha. Todos los nodos son automáticos, es decir que no hay personal humano en estos sitios y funcionan las 24 horas del día”, dijo Orlando Garibelo, ingeniero ambiental de la CAR.

La información se analizan en computadores, mientras que las imágenes son vistas en un videowall, una pared con ocho pantallas unidas, cada una de 50 pulgadas. Foto: Nicolás Acevedo.

En la PTAR Salitre se encuentra un centro de control operado por cuatro personas, quienes analizan la información en dos computadores, las imágenes son vistas en un videowall, una pared con ocho pantallas unidas, cada una de 50 pulgadas.

Al momento que una infracción ambiental es registrada, los funcionarios se comunican con las direcciones regionales de la CAR, quienes toman las medidas con las autoridades policivas.

“La primera fase de este proyecto,que fue la puesta de las estaciones, cámaras y centro de control, contó con una inversión de 6.000 millones de pesos”, dijo el ingeniero.

Procesos judiciales

Desde que empezó a funcionar el sistema, a finales de 2018, Garibelo y otros tres funcionarios que trabajan todos los días en el centro de control, han visto cómo los habitantes de la capital le han dado la espalda al río Bogotá.

Son 14 cámaras de alta tecnología, instaladas en estaciones que funcionan con paneles solares.Partiendo desde las compuertas de Alicachín en Soacha hasta los terrenos de la Universidad de la Sabana en Chía. Foto: Nicolás Acevedo.

“Descargas de vertimientos, captaciones ilegales de agua, arrojo de escombros en volquetas y hasta animales muertos han quedado grabados. También la quema de llantas, cables por parte de los habitantes de la calle, que muchas veces terminan en incendios, robos en las ciclorrutas y vías de acceso por Suba y Bosa”, recuerda este experto.

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Es por esto que la segunda fase de este proyecto consiste en que las imágenes captadas sirvan para poner en control a los verdugos del río Bogotá.

Finalmente este ingeniero asegura que el ideal de las cámaras de BochiCar estén entrelazadas con las demás autoridades policivas y de control y que hay una comunicación fluida entre las entidades y el centro de mando, para informar a tiempo las afectaciones que registran las cámaras y se puedan atender de manera rápida.

Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.