Más que política, Marina Silva es una ambientalista que ha ocupado importantes cargos públicos. Esta mujer menuda y de hablar pausado fue elegida senadora por el estado amazónico de Acre en 1995 y en 2003 fue designada por el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva como ministra de Ambiente.

Fue justamente desde esa posición que Silva logró el éxito por el que es reconocida mundialmente. Como cabeza de ese Ministerio lideró una histórica intervención que frenó la destrucción de las selvas en el país más biodiverso del planeta. Usando esas credenciales se postuló a la presidencia en 2010 y en 2014. Aunque no logró pasar a segunda vuelta, obtuvo el 20 por ciento de los votos, una cifra nada despreciable para alguien cuya principal bandera es la protección de la riqueza ambiental como factor de desarrollo.

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Este año, Silva volverá a presentar su nombre en las elecciones presidenciales de octubre. La semana pasada, la candidata del Partido Red Sustentabilidad (creado por ella misma en 2013), decidió sacar un tiempo de su agenda de campaña para participar en el Pacto Global para el Medio Ambiente que organizó la Procuraduría en Bogotá. Luego de su intervención, aceptó responder algunas preguntas para Semana Sostenible.

Brasil ha sido un ejemplo mundial en la lucha contra la deforestación, ¿qué lecciones podría sacar Colombia de esa experiencia?

En el caso brasilero tuvimos un freno en la deforestación por 10 años gracias a un plan que consiguió tratar el problema de una forma integral, involucrando a más de 13 Ministerios en ese propósito. Ese trabajo permitió atacar la deforestación desde tres aspectos: combate a las prácticas ilegales, ordenamiento del territorio y formalización de la tierra y el apoyo a actividades productivas sostenibles. Esa fue nuestra experiencia y en cada país es diferente el contexto, pero lo cierto es que una política eficiente debe atacar de forma integrada esos frentes porque si no lo que usted coge con una mano lo bota con la otra. La cuestión de la protección ambiental y de la lucha contra la deforestación debe ser una prioridad desde el más alto nivel del gobierno.

¿Cuál es el principal problema ambiental de Brasil en la actualidad?

Sin duda el principal problema es de naturaleza política, de un gobierno que no tiene compromiso con la agenda ambiental. Desde 2012 se han presentado retrocesos graves, tanto con Dilma Roussef como con Michel Temer. Ellos cambiaron la legislación, disminuyeron las unidades de conservación en reservas como Tapajós y Jamarí, cambiaron el código ambiental y la ley de ordenamiento territorial y regularización fundiaria. Esto ha aumentado la deforestación en un 37 por ciento en los últimos cinco años, perdiendo el avance que alcanzamos por una década. La agenda ambiental cambión por culpa de las negociaciones que ellos tuvieron que hacer con el Congreso para evadir sus problemas judiciales.

¿Es posible que el desarrollo económico vaya de la mano con la conservación ambiental?

Claro que sí, nosotros logramos reducir la deforestación en un momento en el que Brasil creció a tasas del cuatro y cinco por ciento y éramos campeones en términos de agricultura en América Latina. Luego vinieron tres años de recesión y tuvimos un aumento en la deforestación...

¿Cuál es la clave para lograr ese balance?

No es una sola clave. Es un trabajo largo que requiere aumentar la producción y la productividad, invertir en tecnología e innovación cumpliendo los requerimientos ambientales. El medioambiente no es enemigo del desarrollo ni viceversa. Para ser viable, un proyecto no solo debe tener en cuenta las cuestiones económicas, también las ambientales, culturales y sociales son importantes. Los problemas ambientales no pueden ser tratados como externalidades porque cuando eso pasa el precio lo paga toda la sociedad.

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Usted dice que estamos en una crisis civilizatoria, ¿cómo superarla?

Es muy difícil. La pregunta debería ser si alcanzamos o no un punto de no retorno. Espero que estemos en un punto donde podamos revertir el proceso. La historia demostró que las civilizaciones que entraron en una crisis civilizatoria no consiguieron superarla. Grecia, Roma, Mesopotamia no lo consiguieron. Pero hay una diferencia entre ellos y nosotros. No alcanzaban demográfica ni geográficamente a todo el planeta, al contrario de lo que pasa ahora. Por eso tenemos que hacer algo, porque es impensable amenazar la vida del planeta. La esperanza es que ellos no sabían que estaban en crisis, nosotros sí lo sabemos. Entonces podemos tomar las medidas. Los acuerdos por el clima y la biodiversidad son intentos de revertir ese proceso, el problema es que los defensores del actual modelo están reaccionando para no permitir el cambio. Tenemos que promover un nuevo ciclo de prosperidad económica, ambiental, social, cultural y político basado en unos nuevos valores.

¿Qué expectativas tiene para esta nueva candidatura presidencial?

Está complicado porque los grandes partidos me dejaron con apenas 10 segundos de publicidad en televisión. En las anteriores campañas tuve entre uno y dos minutos, pero esta vez me quitaron casi todo el tiempo. Ellos tienen recursos millonarios para hacer campaña provenientes del fondo electoral. A pesar de eso voy a persistir, no podría dejar de dar una contribución cuando Brasil más necesita salidas para la crisis política, económica, social y de valores que estamos viviendo.