El Instituto Alexander von Humboldt, basado en la información del Ideam, proyectó un alarmante panorama para la vida silvestre si la motosierra continúa con su curso macabro. De no encontrar un antídoto, en 2030 la deforestación en la Amazonia tendría un incremento de hasta 40 por ciento, con focos críticos en el piedemonte de Caquetá y Putumayo, sur del Meta y Vichada y gran parte del Guaviare.

Y de cumplirse esa posiblidad, la biodiversidad de la región sufriría un gran golpe. De las 13.443 especies identificadas por el Humboldt en la región (sin contar peces), 4.324 correrían el riesgo de desaparecer por la ganadería extensiva, acaparamiento de tierras, minería y cultivos ilegales. De ese total, 2.762 serían plantas, 1.228 aves, 144 mamíferos, 72 reptiles, 67 insectos y 51 anfibios.

Foto: Javier García,  Fundación Herencia Natural

Estas proyecciones, aún parciales, fueron calculadas con el uso de 4.800 biomodelos, un cruce de información entre biodiversidad, métodos estadísticos y mapas de la distribución potencial de especies, y aportes de expertos; datos que fueron traslapados con cifras de deforestación y variables como distancia de carreteras, ríos, centros poblados, cambio de de coberturas, áreas de conservación y parques naturales.

Foto: Adriana Acero, Fundación Herencia Natural

Mamíferos en el limbo

Elkin Noguera, biólogo e investigador del programa de evaluación y monitoreo del Humboldt, dijo que la proyección de deforestación a 2030 abarca toda la zona de transición entre los Andes y la Amazonia, una de las áreas más ricas en plantas y mamíferos del país; crimen que afectaría la regulación hídrica y acabaría con la vida de especies emblemáticas.

Foto: Jhon Barros

Al romperse la relación ecosistémica entre ambas regiones, mamíferos como el jaguar quedaría sin caminos y rutas boscosas para transitar. No podría moverse, disminuiría su población y migraría hacia los centros urbanos y fincas ganaderas desarrollados en su antiguo hábitat.

El jaguar, que necesita más de 3.000 hectáreas para moverse y sobrevivir, pasaría a pequeños parches de bosque segmentado. Esto lo acercaría cada vez más al humano, aumentando su riesgo de muerte: mucha gente lo caza por sus colmillos y pieles, ignorando que su presencia indica que el bosque está sano y que controla las poblaciones de animales como zainos, venados y roedores grandes.

Foto: Ruby Marcela Pérez

El churuco, primate que habita en las altas copas de los árboles de los Andes y Amazonia, también necesita de espacio para subsistir. Por lo cual, al igual que monos nocturnos y araña y titís pigmeo y de Caquetá, sufrirían con la intensificación de la deforestación. El churuco, al igual que la danta, es una especie “reforestadora”, es decir, una especie que transita por grandes extensiones de bosque llevando y trayendo en su aparato digestivo un sinfín de semillas que va dejando a su paso. Solo un churuco alberga semillas de hasta más de 200 especies distintas de flora.

Otra de las 144 especies de mamíferos en aprietos es el tigrillo. Para Noguera, a mayor pérdida de bosque por la ganadería y agricultura, la probabilidad de que este animal ingrese a tomar su alimento en los corrales aumenta. “Podría adaptarse fácil a entrar a las fincas a comer gallinas, un comportamiento hacia el sacrificio por parte de los humanos”.

Foto: Tatzyana Wachter, Field Museum

La danta o tapir amazónico también peligra. Se trata de una especie noble y de fácil avistamiento, y al quedarse sin la protección del bosque, sería presa fácil de los cazadores. Un perro enano o selvático, registrado solo en cámaras trampa, también sería otra de las víctimas.

No todas las especies disminuirían su número. Según el biólogo, el vampiro común, que controla su población al alimentarse solo con sangre de tapires y sainos, incrementará su cantidad al tener al ganado como fuente de comida. Lo mismo pasaría con el mapache, que llegaría a las zonas urbanas a alimentarse de los residuos y basuras.

Foto: Sinchi-FCDS

Las reinas del cielo

Colombia cuenta con cerca de 1.900 especies de aves registradas. El informe del Humboldt indica que 64 por ciento tendría afectaciones si la proyección llega a la realidad, ya que cobija a más de 1.200, tanto endémicas como las que transitan entre la Amazonia, los Andes y la Orinoquia, o las que vienen desde Norte América y el sur del continente.

El águila arpía, rapaz que habita en las copas de los árboles y solo caza entre sus frondosas ramas, es una de las aves a las cuales la deforestación le respira de frente. Otra sería el mochilero, que a pesar de adaptarse a paisajes transformados, no puede aparearse por ruidos como el de la motosierra.

Foto: Juan Pablo López

“Loros y tucanes también hacen parte de este grupo, ya que prefieren sitios altos para anidar o huecos de las palmas y árboles. Al talar sus hogares muchos de ellos morirán en el momento del corte. La deforestación rompe con la conectividad de los ecosistemas, disminuye la abundancia de especies y elimina las copas de los árboles donde habitan las aves”, complementa Noguera.

Anfibios, como las ranas venenosas, por depender de la cobertura boscosa y tener un alto grado de susceptibilidad a la pérdida de humedad, quedarían sin su hogar, que es todo el material que bota el árbol al suelo. Algunas depositan sus huevos y larvas en los charcos bajo los bosques, que dejarían de existir con la tala del bosque. Otras las ponen en las hojas de las bromelias que crecen en los árboles, otra especie que pasaría a la historia.

En cuanto a reptiles, serpientes talla equis y matiguaja, saldrían disparadas de sus refugios tras la tala, por lo cual serían atacadas por los humanos. Otra especie en peligro es la anaconda, ya que al transformar los pantanos y humedales donde viven, perderán su hábitat.

Foto: Sinchi-FCDS

Por último, Noguera recalca que entre las más de 2.700 especies de plantas en riesgo en la Amazonia, además de las especies maderables, están las zamias, un grupo primitivo de más de 300 millones de años en medio de las selvas del Putumayo que podría desaparecer por la nefasta motosierra.

Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.