El río Bogotá, el cuerpo de agua más contaminado del país y que padece de una ingratitud y abandono por parte de la mayoría de colombianos, nace envuelto en el silencio perpetuo y ancestral del páramo de Guacheneque, una esponja de agua ubicada en la zona rural de Villapinzón, municipio de Cundinamarca.

En todo el centro del páramo, la laguna de Guacheneque le regala las primeras gotas al río Bogotá, que luego es inyectado por otro cuerpo de agua que tiene la forma del mapa de Colombia, sitios que en el pasado fueron utilizados por los muiscas para realizar sus ofrendas a la naturaleza.

Al ir serpenteando por las montañas, el Bogotá coge forma de río. Su cauce crece hasta los 10 metros, para luego perderse entre una espesa vegetación nativa de especies como manos de oso, romeros, encenillos y laureles. En los 11 kilómetros que recorre desde su nacimiento hasta el casco urbano del municipio, sus aguas son cristalinas.

El Movimiento Ambientalista Colombiano, pretende reverdecer hasta el año 2022 varias zonas del país con la siembra de 100.000 nuevos árboles nativos. Foto: Movimiento Ambientalista Colombiano.

Pero al ingresar a Villapinzón y Chocontá, las 120 curtiembres que albergan estos pueblos le arrojan vertimientos químicos que tiñen su pureza y transparencia de un color opaco y oscuro. De ahí en adelante, hasta desembocar en el río Magdalena, el Bogotá no para de recibir certeros golpes que lo tienen al borde de la muerte.

El páramo y las zonas aledañas a su nacimiento también han sido víctimas de la mano del hombre. Muchos árboles nativos fueron talados para convertirlos en madera, un panorama que hoy en día continúa vigente con fuerza, y el cual disminuye la cantidad de agua que fluye por el Bogotá.

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Por esta razón, el Movimiento Ambientalista Colombiano, organización que desde 2013 promueve la preservación y protección del ambiente desde una perspectiva territorial, escogió al páramo de Guacheneque como el primer sitio para iniciar su campaña ‘Todos plantamos’, que pretende reverdecer hasta el año 2022 varias zonas del país con la siembra de 100.000 nuevos árboles nativos.

"Comprendimos que como ciudadanos no podíamos quedarnos quietos, sino trabajar unidos para contrarrestar en algo la deforestación": Camilo Prieto, director del Movimiento. Foto: Movimiento Ambientalista Colombiano.

La primera jornada de siembra será el próximo sábado en cinco hectáreas de Guacheneque, un antiguo bosque alto andino que fue convertido en potrero para el pastoreo de las vacas, una actividad que predomina en la zona. En este lugar, más de 80 ciudadanos de Villapinzón plantarán 1.000 árboles nativos de cinco especies como siete cueros, raques, guaques, amargosos y alisos.

Camilo Prieto, director del Movimiento, aseguró que el río Bogotá es un cuerpo de agua que los colombianos tienen en el olvido y que ha venido muriendo por la indiferencia ciudadana. Afirma que pocos lo ven de frente, y prefirieron darle la espalda por su sobrecarga contaminante.

“A pesar de los vejámenes, maltrato y golpes que recibe a diario el río Bogotá, como aguas residuales y toda clase de basuras, nos sigue entregando diversos usos. Uno de ellos es el energético: con sus aguas son generadas alrededor de 600 megas de electricidad, fundamentales para la estabilidad del oriente del país. Por eso escogimos a Guacheneque, sitio donde nace, para lanzar la campaña y que así la gente recuerde la relevancia que tiene el Bogotá”.

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‘Todos plantamos’ nació en medio del acalorado debate que despertó la meta de deforestación propuesta por el gobierno del Presidente Iván Duque en su Plan de Desarrollo: no superar las 220.000 hectáreas deforestadas cada año, cifra registrada en 2017.

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“Nuestra primera reacción fue pedirle al gobierno la modificación de la meta. Hicimos presión en medios de comunicación y redes sociales, pero de nada sirvió. Cuando vimos que la meta era inmodificable, comprendimos que como ciudadanos no podíamos quedarnos quietos, sino trabajar unidos para contrarrestar en algo esa deforestación. En pocas palabras, untarnos de tierra y vincular al resto de la ciudadanía, en especial a los niños. Eso fue lo que motivó esta iniciativa”, apuntó Prieto.

Además de Guacheneque, esta campaña llegará a otros lugares del país como Tolima, Huila, La Guajira, Norte de Santander, Vichada y Guainía. Foto: Jhon Barros/Semana.

El director recalcó que el rechazo del gobierno en cambiar la polémica meta, primero generó una impotencia entre los más de 300 voluntarios que hacen parte de la organización. Pero luego despertó un fervor por incrementar las campañas de siembra que realizan en varios sitios del territorio nacional.

Además de Guacheneque, esta campaña llegará a otros lugares del país como Tolima, Huila, La Guajira, Norte de Santander, Vichada y Guainía. “Una de las prioridades será el bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más afectados por la actividad agropecuaria en Colombia y que hoy está prácticamente extinto. En Tolima, el epicentro de siembras será el municipio de Coello, donde ya hemos sembrado más 13.000 árboles”, dijo Prieto.

Donaciones ciudadanas

Cualquier ciudadano, nacional o extranjero, puede ser parte de esta campaña por reverdecer Colombia. Además de participar en las diferentes jornadas de siembra que el Movimiento realizará hasta 2022, la gente puede hacer donaciones para comprar el material vegetal.

Esto se hace al ingresar a la página https://tiendambiental.org/ para donar. Incluye plateo, fertilizantes, transporte y reposición de las especies. Hay diferentes categorías: 20.000 pesos para un árbol, 60.000 para tres y 120.000 para seis.

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“La donación comprende la siembra del árbol y su cuidado por un año. Además, todas las plántulas serán compradas en viveros locales y contrataremos personas de los municipios para las diferentes actividades. A la fecha, ya sumamos casi 3.900 árboles por las donaciones ciudadanas”, complementó el ambientalista.

Prieto concluye que esta campaña incluye factores como la protección ecosistémica e impulso de la economía local. “No solo le hacemos contrapeso a la deforestación, sino que generamos trabajo a la población local. Esto demuestra que sembrar es un buen negocio”.