Los océanos y mares vienen siendo amenazados por factores como el cambio climático, la contaminación, los derrames de petróleo, la acumulación de plásticos, la sobrepesca y los desarrollos turísticos, entre otros, causando daños irreversibles a su hábitat y sus ecosistemas.

Estas continuas y crecientes afectaciones han llevado a que más de 190 países hayan comenzado a trabajar para darle forma a un tratado mundial que permita proteger la vida en altamar.  El objetivo es, a través de cuatro rondas de negociaciones, aprobar para los océanos una especie de “Acuerdo de París”, con el fin de salvaguardar la riqueza natural que se encuentra en estas grandes extensiones de agua.

Es por esta razón que hasta el próximo 5 de abril, en la sede principal de Naciones Unidas en Nueva York, se llevará a cabo la segunda ronda de negociación en torno al tema con el fin de definir el contenido del Tratado Global de los Océanos.

La primera cita tuvo lugar en septiembre del año pasado. La  próxima será en el mismo mes de este año y la última en la primera mitad de 2020, momento en el cual deberá quedar cerrado el acuerdo.

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El camino para lograr este propósito no será fácil, pues se presentan posiciones muy dispares, dado que hay naciones que no están de acuerdo con ningún tipo de restricción a la hora de explotar el mar y otras que en realidad sí están preocupadas por la protección de la biodiversidad.

Por ejemplo, en el primer grupo se encuentran países como Rusia, Noruega e Islandia, cuyo interés se centra más en hacer un aprovechamiento de los recursos naturales del Ártico. En contraposición están la mayoría de los países miembros de la Unión Europea, que destacan por querer lograr un acuerdo que realmente ayude a proteger estos espacios naturales. Aquí también están buena parte de las naciones latinoamericanas, incluida Colombia.

Algunos de los puntos que hacen parte de las negociaciones tienen que ver con el establecimiento de áreas de protección marina y la creación de un marco legal para llevar a cabo estudios de impacto ambiental en aguas internacionales.

Decisiones con efecto global

Silvia Gómez, directora de Greenpeace Colombia, considera urgente lograr este acuerdo para facilitar la toma de decisiones con efecto global y de esta forma llevar a que países que son muy “depredadores” como España, Corea del Sur, Japón y China, comiencen a ajustarse a una normatividad internacional tendiente a lograr esa protección.

El tratado brindará herramientas de gestión para generar santuarios, para lograr transparencia en el uso de tecnologías y regular recursos genéticos, entre muchas otras.

Si bien reconoce que la implementación del acuerdo -una vez se logre- no será fácil, sí es importante dar estos pasos en momentos en que las condiciones mundiales en torno a los océanos ha venido cambiando y diferentes estudios muestran la afectación no solo por la acumulación de plástico y la contaminación, además de actividades extractivas; sino por los efectos generados por el cambio climático que ha provocado la acidificación, un fenómeno que puede producir graves impactos en los ecosistemas marinos.

Para los expertos, esta iniciativa es determinante si se quiere salvaguardar la vida silvestre y ayudar a evitar que el cambio climático genere mayores efectos. Uno de los objetivos es crear una red de santuarios oceánicos, que estén fuera del alcance de las actividades humanas para proteger los hábitats.

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Actualmente, está vigente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar), que fue aprobada en 1982, pero esta normatividad no incluye la biodiversidad marina en las áreas situadas fuera de la jurisdicción de los países, lo que implica que cerca de dos tercios de las aguas oceánicas estén desprotegidos.

En conclusión, el acuerdo busca evitar que se siga perdiendo la diversidad de los océanos que son clave en aspectos como la generación de oxígeno y la regulación del clima; dos aspectos clave para la supervivencia humana.