A diario, los más de nueve millones de habitantes de Bogotá generan en promedio 7.000 toneladas de residuos sólidos: una montaña de basura equivalente al peso de 1.000 elefantes y con la que podría llenarse Monserrate en 12 años. Aunque la mayoría logra ingresar al relleno Doña Juana para su disposición final, algunos desechos quedan a la deriva en las calles bogotanas.

La colillas de cigarrillo son uno de los residuos que más abundan en la urbe capitalina. Según un estudio de la Universidad Piloto, a Bogotá ingresan al año cerca de 720 millones de ‘chicotes’, equivalentes a 122 toneladas, de los cuales casi 95 millones son arrojados en las vías y andenes de las zonas de bares y discotecas. 

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En época de lluvia, estos desechos ingresan al sistema de alcantarillado de la ciudad por los 250.000 sumideros que hay en la ciudad, conformado por 10.600 kilómetros de tuberías ubicados bajo los pies de los habitantes, una red que equivale a viajar 10 veces desde Bogotá hasta Cartagena. La mayoría nada por los 4.000 kilómetros de tubos de aguas lluvia, pero algunos logran ingresar a los 6.000 exclusivos para descargas residuales y combinadas.

El viaje de cada colilla por este sistema de tuberías puede oscilar entre las 10 y 28 horas, dependiendo el sitio donde sea arrojado. Si los chicotes no quedan retenidos en las 17 estaciones elevadoras con zonas de cribado, donde la Empresa de Acueducto realiza una retención de los sólidos grandes, terminan en el río Bogotá, luego en el río Magdalena y finalmente en el océano Atlántico. 

Algunas quedan confinadas en los 15 humedales del Distrito, residuos que son confundidos con alimentos por las aves y otros animales que allí habitan. Este es el viaje de las colillas en tres zonas de la capital:

Una colilla en Santa Ana oriental (norte)

  • Ingresa a uno de los sumideros de la séptima con 106. Una tubería de aguas lluvias la lleva hasta el canal Molinos, que fluye hacia occidente.
  • Llega al humedal de Córdoba.
  • Puede quedar retenida en la infraestructura de remoción de sólidos que controla los canales de Molinos, Callejas y Córdoba.
  • Si pasa derecho ingresa al humedal y afecta a fauna endémica, como las tinguas.
  • Si no queda retenida, sigue por un canal abierto de 600 metros, que va de la Avenida Boyacá a la calle 80.
  • Llega al río Salitre y sigue hasta la PTAR Salitre.
  • 60 por ciento del caudal del Salitre ingresa a la PTAR y 40 por ciento, al río Bogotá.
  • Algunas quedan en los lodos y van para el relleno Doña Juana.
  • La mayoría termina en el río Bogotá.

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Una colilla en la Plaza de Bolívar (centro)

  • Entra a un sumidero de 16 metros, de los más grandes de la ciudad, en el andén de la Casa del Florero.
  • Viaja por un tubo pequeño, que conduce las aguas por la carrera Séptima.
  • Llega al colector San Francisco, en el Eje Ambiental.
  • Pasa por el Canal Comuneros, cerca a la Estación Central de la Policía Nacional.
  • Llega al río Fucha en la avenida 68 con calle 3.
  • Sigue rumbo hacia el río Bogotá.
  • Explicación: el Fucha es el único río que no cuenta con estructuras de control para sedimentar los residuos. Por eso la colilla que le llegue ingresa al río Bogotá sin ningún control.

Una colilla al frente de Doña Juana (sur)

  • Ingresa a un sumidero.
  • Las tuberías la llevan directo al río Tunjuelo.
  • A lo largo del Tunjuelo, hay cuatro estructuras de remoción de sólidos.
  • La colilla puede quedar atrapada en alguna de las estructuras ubicadas cerca de los frigoríficos ilegales del barrio Guadalupe.
  • Si hay demasiados residuos acumulados y mucha lluvia, sigue por el río Tunjuelo y atraviesa Bosa.
  • Llega al río Bogotá.

* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.