Los humedales de Bogotá podrían estar en peligro por la expansión de plantas, árboles y arbustos foráneos, que van en contra de los ecosistemas naturales de estas áreas; de las cuales sólo hay identificadas y reconocidas 15, por parte del Distrito.

Esta es una de las conclusiones a las que llegó Julián Esteban Díaz Triana, magíster en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional, quien analizó cómo se han dado estos procesos y cuantificó su grado de expansión, así como la frecuencia de las invasiones con las que se han instalado dichas plantas en estos ecosistemas.

A partir de la investigación se determinó, por ejemplo, que estas plantas invasoras ocupan diferentes hábitats del borde de los humedales y zonas de la franja terrestre de los mismos con la formación de parches de una sola especie y mixtos de diferentes tamaños, siendo el pasto kikuyo el que más se expande e invade contribuyendo a la reducción de los cuerpos de agua.

“Los humedales del Distrito Capital son áreas tan sumamente transformadas e intervenidas, que perdieron su carácter de ecosistemas naturales de la Sabana de Bogotá y se convirtieron en ecosistemas urbanos y periurbanos”, manifiesta el investigador.

En su concepto, las invasiones de plantas terrestres en los humedales son el resultado del legado histórico de transformación de estos espacios a escala del paisaje, debido al crecimiento y desarrollo del área urbana y a las presiones ambientales ejercidas desde el pasado.

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Uno de los aspectos que llama la atención de la investigación es que la presencia de estas especies aumenta de acuerdo con el tamaño de los humedales; es decir, que a mayor tamaño, mayor invasión; lo cual se logró establecer luego de validar algunas métricas de los humedales como su área de extensión, su perímetro exterior, el área de la franja terrestre, de la franja acuática y el perímetro del cuerpo acuático.

Sin embargo, el investigador hace énfasis en que, a pesar de las transformaciones que han sufrido estos ecosistemas, estos siguen siendo una fuente importante de servicios ambientales para las comunidades cercanas y considera necesario seguir con las investigaciones para demostrar exactamente cuál es el impacto de cada una de las especies invasoras.

En su concepto, es importante que se adopten políticas públicas y que haya voluntad en las comunidades aledañas para que se tomen medidas de control y manejo de estas especies, para evitar que su presencia en estos ecosistemas continúe aumentando.


Ecosistemas en extinción

Es de recordar que, según la Fundación Humedales de Bogotá, en la capital se han extinto cerca de 98 por ciento de estos ecosistemas; pues se estima que a principios del Siglo XX, el área ocupada por lagos y humedales en la sabana superaba las 50.000 hectáreas; mientras hoy apenas hay unas 3.000 hectáreas, de las cuales 727 hectáreas son reconocidas por el Distrito, a través de 15 Parques Ecológicos.

Sin embargo, a estos humedales se deben sumar otros que no están protegidos y de los cuales la Fundación ha venido realizando un inventario. Solo en la parte urbana han logrado identificar 65 adicionales a los ya mencionados. Está pendiente realizar el trabajo de identificación en las zonas rurales de la capital.

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Laura Daniela Sánchez, vocera de la Fundación, indica que la entidad realiza una clasificación en la que ubican a estos ecosistemas dependiendo de su condición de "salud": cuidados intensivos, observación y controles permanentes. En el primer grupo está el Humedal de Techo, ubicado al sur de la ciudad, en la localidad de Kennedy, el cual se ha visto muy afectado por las urbanizaciones de los últimos años, mientras el Tibanica está en graves problemas de sequía y el del Salitre está amenazado por los planes del Distrito de construir una cancha de BMX.

En observación están el Humedal Capellanía, El Burro y La Vaca, que en algún momento estuvieron en cuidados intensivos, pero que con el paso del tiempo se han venido recuperando y ya tienen un espejo de agua, luego de haberlo perdido hace unos años; mientras en controles permanentes están Córdoba, Conejera y Santa María del Lago.

Para la Fundación, estos tres últimos son los humedales que están más recuperados a pesar de que algunos de ellos perdieron su conectividad ecológica y aún enfrentan otra serie de problemáticas las cuales, su mayoría, son resultado del desconocimiento de la ciudadanía, acerca de la biodiversidad de la ciudad.