En su segunda edición, el concurso de periodismo de la Cuenca del Río Magdalena, realizado en una alianza entre Cormagdalena y Semana Sostenible, abrió la posibilidad de participación a formatos no escritos y de ampliar la temática más allá de lo estrictamente ambiental. El resultado fue apasionante: en videos, audios y escritos, llegaron hasta los jurados propuestas que reflejan la diversidad del río, su gente y los retos que se presentan a ambos.

Con esos criterios en mente, el jurado compuesto por Cecilia Rodríguez, ex ministra de Ambiente, exsenadora y directora de la revista ambiental Catorce6, Diana Vargas, asesora en temas ambientales de Cormagdalena y Carolina Urrutia, directora de Semana Sostenible, escogió los trabajos de Juan Gonzalo Betancur, Carlos Mario Jiménez y Paul Alzate como los ganadores de esta edición del premio.

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Semana Sostenible buscó a cada uno de los autores para conversar sobre las motivaciones que los llevaron a realizar sus trabajos, el impacto que creen que lograron con ellos y la manera en que este tipo de contenidos pueden ayudar a visibilizar la situación del río más importante de Colombia. Esto fue lo que contestaron:

Juan Gonzalo Betancur - Las músicas del Magdalena

¿Cómo nació el proyecto?

Como periodista llevo andando mucho tiempo por el Magdalena, unos 27 o 28 años. Muchos de los viajes fueron para cubrir problemas de orden público, pero siempre tuve la idea de recorrer todo el río. En 2003, estando en Bucaramanga, escribí un libro que me acercó a la música del Magdalena y desde ahí empecé a investigar, centrado sobre todo en su cuenca media. Ya como profesor de periodismo pude cumplir ese viejo sueño de recorrerlo desde su nacimiento hasta la desembocadura. Me tomé un semestre sabático y lo hice en 80 días andando de pueblo en pueblo y recogiendo las músicas que existen en cada uno de ellos.

¿Cuál es la importancia de la música para la gente del río?

En la música uno podría rastrear la historia del Magdalena Medio. En ella se habla del poblamiento de la región porque contiene muy diversos ritmos e instrumentos como la tambora, el vallenato, décimas, carranguera, guasca, etc. Son músicas muy diversas porque la gente que pobló la zona procede de distintas partes del país. Además, las letras cuentan buena parte de la historia, hay cantos sobre la Guerra de los 1.000 días, sobre el asesinato de Gaitán. Uno podría conocer la historia de esta región a través de la música. Y si bien hay unas músicas tradicionales, también hay nuevos ritmos como el rap y el rock que están escuchando los jóvenes de hoy, las nuevas generaciónes que habitan el río.

¿Qué significa para usted haber obtenido el premio?

He venido trabajando regularmente sobre el Magdalena y muy atento a su realidad. Como profesor de periodismo digital tuve la oportunidad de emplear esa narrativa que potencia el relato, las fotos, los audios, los videos, etc. Ganar el premio fue muy importante porque soy un enamorado del río, aunque vivo en medellín y no nací en él mantengo conectado con él. Todos estos concursos que buscan que los colombianos miren al río son muy satisfactorios porque en el Magdalena está el pais, su historia y todo lo bueno y lo malo que ocurre en él.

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Miremos el río Cesar - Carlos Mario Jiménez

¿Cómo nació el proyecto?

Desde hace varios años, en el diario El Pilón de Valledupar venimos trabajando estos temas. El primero fue un especial sobre el río Guatapurí y en 2014 hicimos una investigación sobre el deshielo de los picos nevados de la Sierra Nevada de Santa Marta. En esta ocasión nos enfocamos el río Cesar por la grave problemática que está sucediendo. Valledupar vierte 2.000 litros de aguas residuales cada segundo a ese afluente. Antes era una emporio de riqueza para las personas gracias a la pesca, la agricultura y la ganadería y el agua ahora se volvió hasta abortiva para las reses. Por esto se ha ido dañando también la ciánga de Zapatoza, que es el espejo de agua dulce mas grande de Latinoamerica.

¿Qué encontraron en el recorrido que hicieron?

El río Cesar nace en la Sierra Nevada y atraviesa tres departamentos: Guajira, Cesar y Magdalena. Fuimos a su nacimiento, donde lo cuidan las comunidades indígenas, y luego recorrimos 11 municipios para ver la situación y buscar soluciones y alternativas. El primer problema es que en Cesar el río no tiene un Plan de Manejo de su cuenca, la ciudad le vierte 2.000 litros de aguas contaminadas cada segundo y además las que provienen de la zona minera empeoran todo. 

¿Y qué soluciones se plantean?

Es una problemática muy grande y tal vez la más difícil sea el vertimiento de las aguas de la ciudad sin tratamiento. El alcalde anterior firmó un contrato para construir una planta de tratamiento, pero el actual no le ha dado trámite y todo se convirtió en una pelea jurídica que continúa mientras el río se muere. Sí hay soluciones, pero falta voluntad política.

¿Qué lección deberían sacar los lectores de su trabajo?

Que es muy parecido a lo que pasa entre el río Bogotá y el Magdalena porque el primero desemboca en el segundo con una gran carga de sedimentación y contaminación que afecta a la vertiente más grande, la que nutre a casi todo el país. Me gustaría que la gente que vea el trabajo tome conciencia de que todo lo que hacemos a los ríos más pequeños repercute en el Magdalena y esto no solo lo perjudica a él, sino a toda Colombia porque es la fuente hídrica más importante que tenemos.

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Río Magdalena, constructor de ciudades - Paul Alzate

¿Cómo nació el proyecto?

Estoy desde hace un año recogiendo la historia de Barrancabermeja y la región aledaña. Se trata de municipios jóvenes que fueron fundados hace menos de un siglo y por eso es posible encontrar a sus protagonistas vivos. En el caso de Barranca y algunos pueblos cercanos como Puerto Wilches, Cantagallo y Yondó se poblaron a través del río Magdalena. Por ahí llegó gente de la sabana costeña, antioqueños y santandereanos y en el 90 % de los casos todos cuentan historias sobre el río. Llegaban en barcos a vapor y de combustible y cuentan cómo eran esos buques que tenían tres clases para los pobres, la gente media y los lujosos. De ahi me nació la idea de contarlo porque siento que estos pueblos le han dado la espalda al río, lo contaminan y no le dan la importancia necesaria siendo la única vía por donde se llegaba a todas las regiones del país. Entonces aprovechando esa memoria fresca, la cantidad de testimonios, decidí reunirlos y hacer este trabajo.

¿Cuál es la importancia de contar estas historias para el estado actual del río?

Los abuelos cuentan la riqueza biológica que tenía en esa época, cómo sus familias se alimentaban de la cantidad de peces, que había trabajo, transporte, etc. Nosotros le hemos dado la espalda al río, lo contaminamos, lo dejamos secar en algunas partes, está olvidado totalmente a pesar de la importancia que tiene esta arteria fluvial. En el caso de Barrancabermeja ni siquiera con la plata que ha habido por el petróleo tiene una planta de tratamiento de aguas residuales. Y aunque provee alimento a millones de personas, lo contaminamos de arriba abajo. La enseñanza de estos abuelos es que tenemos que volver a cuidarlo y consentirlo. 

¿Qué sintió cuando fue seleccionado como uno de los ganadores del premio?

Un orgullo total. Fueron casi 40 trabajos de todo el país realizados por periodistas de renombre con contenidos increibles. Es un honor, me siento contento, se logró contar estas historias que pueden servir para que se eche una mirada al río y dejar de contaminarlo.

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