Como si se tratara de una teoría filosófica o el componente inamovible de una ecuación matemática, a los colombianos nos han inculcado por años la idea de que la mitad del país está repleta de tupidos y frondosos bosques, una etiqueta que llena de orgullo patrio al corazón y que seguimos repitiendo mecánicamente.

Sin embargo, para Yolanda González Hernández, actual directora del Instituto de Hidrología y Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), esa aseveración ya no es del todo cierta.

Tenemos que quitarnos de la cabeza que la mitad del país es bosque. En los últimos ocho años hemos perdido casi 2 millones de hectáreas boscosas, un panorama crítico que sigue incrementándose con serias repercusiones en los suelos, ríos y en la biodiversidad nacional”.

Según la funcionaria, en la actualidad el país presenta una voracidad brutal en el tamaño de los parches de deforestación, un hecho que le permite asegurar que los bosques colombianos viven su peor momento, en especial los de la Amazonia, región que en 2017 concentró 65 por ciento de la pérdida boscosa de todo el territorio.

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En el primer trimestre de este año, el Ideam identificó parches de más de 200 hectáreas en el Parque Nacional Natural Tinigüa. Foto Rodrigo Botero, Director FCDS.

“El promedio de los parches deforestados en el territorio nacional era de dos hectáreas, con pocos casos de lotes superiores a las 50 hectáreas. Sin embargo, en el primer trimestre de este año identificamos terrenos pelados de más de 200 hectáreas, en especial en Tinigüa en el Meta, un Parque Nacional Natural donde se reportaron más de 20 parches de tamaños nunca antes vistos. Pareciera que una avalancha de brigadas deforestadoras estuvieran acabando con nuestros bosques”.

La Amazonia es la que más preocupa a González porque el país no ha dimensionado lo que conlleva acabar con los bosques. Recalca que por encima de estos hay corredores biológicos y fábricas de agua. La región provee de líquido vital a la cordillera oriental, a sus páramos y a los ríos que transitan por la Orinoquia y Amazonia. “La deforestación no solo impacta a los cuerpos de agua nacionales, sino a los ríos de Suramérica, los del trópico del planeta”, dijo.

Si no se toman medidas para blindar los bosques amazónicos, las consecuencias se verán reflejadas en el diario vivir de las urbes.

“Un día de estos no va a caer agua por el grifo. Vamos a tener que cambiar nuestro confort climático y cada vez habrá más eventos extremos que afectarán el diario vivir. Nos estamos quedando sin bosques riparios y secos para dar paso a viviendas, un crimen brutal para la naturaleza”.

González hizo énfasis en que el país debe tener claro que la deforestación es un problema que nos afecta a todos, y no solo a los que habitan en la alta montaña, los bosques de niebla o en la selva y en que las autoridades ambientales deben incluir las alertas tempranas de deforestación como una prioridad en sus estudios y análisis.

“Cada trimestre generamos en promedio 5 mil alertas, las cuales deben ser tenidas en cuenta de manera inmediata y socializadas con la comunidad”.

González también dio un mensaje de advertencia a las mafias deforestadoras.

“Estamos monitoreando a diario a todos los que están tumbando nuestros bosques, ya que la tecnología nos permite identificar en dónde y cuándo se deforesta. El mensaje es: los estamos viendo y no pararemos de alertar”.

Cambio en el clima por la deforestación

Entre 1971 y 2015, Colombia incrementó su temperatura en 0,8 grados centígrados, alcanzando así una cifra promedio de 22 grados.

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Según la Directora del Ideam, el país presenta una voracidad brutal en el tamaño de los parches de deforestación, en especial en la Amazonia. Parques Nacionales como La Macarena, Tinigüa y Chiribiquete los más críticos. Foto Rodrigo Botero, Director FCDS.

En 2100, según cálculos y proyecciones del Ideam, el país se calentaría 2,1 grados centígrados más si no se toman medidas de mitigación, lo que aumentaría la temperatura a los 24,3 grados.

La deforestación es uno de los tantos factores que inciden en el calentamiento global.

De continuar con ese rumbo, se verían afectados los dos extremos del país: por un lado, las zonas de alta montaña, glaciares, lagunas y bosques de niebla donde se concentra la mayor diversidad andina; y por otro las selvas amazónicas y del Pacífico.

El espacio entre las áreas de alta montaña y los pisos térmicos más bajos, sitio donde habita la mayor parte de la población nacional, empezaría a reducirse.

“Cada vez tendríamos climas más cálidos, lo que acelera el derretimiento de los glaciares, y podríamos ver la disminución de lagunas, humedales, turberas y grandes ríos de las cordilleras”, complementó González.

Bogotá se calienta

Ya hay evidencias de los impactos del calentamiento climático colombiano.

“Bogotá, al presentar un clima más cálido, ahora cuenta con presencia de aves migratorias de los Llanos Orientales. Todos los sistemas bióticos se desplazan a otros sitios en búsqueda de un nuevo hábitat donde no saben cómo sobrevivir. Ya hemos acabado con los ríos y ahora vamos por los bosques. No podemos quedarnos solo con la etiqueta de ser el segundo país más biodiverso del planeta, debemos concretar medidas”.

¿Cómo darle un vuelco a este panorama? La Directora del Ideam respondió que es un compromiso de todos.

“El clima cambia porque los seres humanos modificamos los patrones de vida. Antes no había tantos vehículos y electrodomésticos en cada vivienda, y no éramos una sociedad de consumo tan acelerada que contamina cada día los océanos con plásticos, bolsas y basura. Somos unos depredadores del planeta porque nos volvimos consumidores de recursos que dependen del deterioro de los ecosistemas”.

Todo es cuestión de hábitos. “Si miles de personas nos unimos en ejercicios como el apagón o el día sin carro, todo cambiaría. Pero no queremos dar, solo pedir de la naturaleza. Necesitamos que la educación ambiental haga parte de los programas formales en los colegios y universidades. ¿Por qué nos exigen un idioma para graduarnos y no hábitos de cuidado sostenibles?”, se pregunta esta funcionaria con título de ingeniería forestal.

Sin un cambio de comportamiento, los eventos climáticos extremos harán parte del diario vivir con mayor intensidad.

“Ya lo vemos. La Guajira tuvo siete meses sin lluvia, y luego, en un solo día, cayó un aguacero con la cantidad de agua promedio de cuatro meses. Estamos en una década de eventos extremos. No podemos desconocer más la problemática y seguir con los ojos cerrados y los oídos sordos ante lo que nos dice el clima. La naturaleza siempre avisa, nunca nos coge por sorpresa, pero ignoramos esos llamados”, concluyó González.

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa del Gobierno de Noruega, la Fundación Semana y el MADS que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.