La iniciativa colombiana Conservamos la Vida, fue reconocida como uno de los mejores programas público-privados del mundo, ubicándose entre los cinco finalistas del premio P3 Impact, que realiza la organización Concordia, apoyada por la Universidad de Virginia y la oficina de los Estados Unidos para las Alianzas Globales.

El proyecto, que busca proteger al oso andino en el Valle del Cauca, Cauca, Risaralda y Chocó y es liderado por la Fundación Grupo Argos, WCS-Colombia, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y Parques Nacionales Naturales, fue reconocido en el marco de la Cumbre Mundial Anual de Concordia, en Nueva York.

El premio P3, que reconoce a las asociaciones público-privadas que trabajan para mejorar las condiciones de las comunidades y su entorno, resaltó la efectividad de la iniciativa para proteger a este mamífero y su capacidad para lograr que las familias campesinas en la región, ubicada entre los Parques Tatamá, Farallones de Cali y Munchique, se hayan involucrado de forma activa en la conservación de los recursos naturales y en la mejora de su calidad de vida. 

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“El hecho de que Conservamos la Vida haya quedado situado entre los cinco finalistas mundiales del P3 Impact, evidencia que cuando tenemos la capacidad de unir visiones y esfuerzos, es posible alcanzar grandes logros en beneficio del medio ambiente y de las comunidades. Este reconocimiento se convierte en una razón muy relevante para buscar más alianzas y cooperación a favor de la conservación ambiental a escala de país”, dijo María Camila Villegas, directora de Conservación de la Fundación Grupo Argos. 

Conservamos la Vida se desarrolla en zonas donde habitan familias campesinas que viven muy cerca de los bosques de los osos andinos. Debido a la deforestación y a la pérdida de su hábitat, este animal suele quedarse sin refugio y entrar a las fincas, afectando a las comunidades cercanas. Como mecanismo de defensa y por el desconocimiento, las personas han tratado de capturarlo y cazarlo.

Foto: Cortesía Argos

El proyecto, que hoy es reconocido a nivel internacional, se generó con el objetivo de sensibilizar e impulsar acuerdos voluntarios con los habitantes de estas zonas para que preserven el hábitat y la especie. 

Como resultado de la iniciativa, los campesinos han liberado áreas de sus terrenos y las han destinado exclusivamente a la conservación, lo que ha posibilitado la implementación de procesos de restauración activa mediante la siembra de árboles y la conversión de predios en corredores biológicos que le dan al oso andino más espacio para desplazarse y reproducirse, sin tener contacto con los humanos o con los animales domésticos.

Áreas de conservación

A la fecha, el proyecto ha logrado 58 acuerdos con familias campesinas, cifra que ha permitido alcanzar 1.567 hectáreas de conservación, todo dentro de un área priorizada de 10.000 kilómetros cuadrados. Esta labor se complementa con una etapa de monitoreo para identificar cómo esas zonas que fueron destinadas por los campesinos para la preservación, han aportado a la conservación de la especie.

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Hemos podido enseñarles a las personas cómo es el comportamiento del oso andino y que este ya no sea visto como una amenaza, sino como una oportunidad de progreso. Esto lo hacemos con jornadas de educación ambiental para explicar que si el hábitat del oso es deforestado, también es posible que él llegue a sus terrenos a buscar  alimento o a hacer sus recorridos naturales”, concluyó María Camila Villegas.

Por el momento, la iniciativa se ha llevado a cabo en los municipios de El Águila y Dagua, en el Valle; así como en El Tambo, Cauca y avanza en proyectos similares en Palmira y Buga, justo en zonas que están situadas sobre áreas de páramo y en áreas de influencia de los Parques Nacionales Naturales Munchique y Farallones de Cali.