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Las negociaciones durante la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, en Katowice, fueron una vez más extremadamente difíciles. Sin embargo, estas reuniones anuales a gran escala deben continuar, dice Jens Thurau.

Sí, la pregunta planteada estos días por el conocido investigador alemán del clima Hans Joachim Schellnhuber está justificada: ¿son estas gigantescas conferencias, con sus miles de participantes y sus interminables negociaciones, suficientes para enfrentarse realmente al problema climático global? Sobre todo, teniendo en cuenta que sus resultados solo los entienden los especialistas, y que las emisiones nocivas no han hecho más que crecer desde principios de la década de 1990, cuando estas cumbres empezaron a celebrarse.

Los Estados son reticentes

La contradicción entre las dramáticas advertencias de los científicos y lo que están haciendo los políticos sobre el cambio climático es para infartar. En muchos países con carbón, incluida Alemania, las energías renovables han alcanzado una alta proporción de la producción de electricidad. Pero, incluso así, el precio del carbón no tiene rival, siempre y cuando los gases de efecto invernadero no estén suficientemente gravados. Y frente a tales impuestos, incluso contra un progresivo abandono del carbón y el petróleo ordenado políticamente, se resisten los países árabes, los Estados Unidos, Rusia, los europeos del Este y, desafortunadamente, también Alemania.

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Y eso aunque todos los expertos saben que los días del carbón están contados, que las nuevas inversiones prácticamente no valen la pena. Sin embargo, negocios son negocios, y lo que cuenta es el frío cálculo del día a día. Por todos lados aumentan las emisiones del tráfico de automóviles, aviones, barcos. Por eso, la protección del clima no está marchando bien actualmente.

Reuniones sin alternativa

Entonces, ¿son positivas estas reuniones globales? Mejor preguntarles a los delegados de las Islas Marshall, Fiji y de muchos países africanos. Únicamente aquí, en las conferencias sobre el clima de las Naciones Unidas, ellos encuentran un foro que escuche sus denuncias contra la amenaza existencial que se cierne sobre sus países. Y, algo que no ha estado en primer plano en Katowice: hasta 2020 se pretende invertir entre todos 100.000 millones de dólares al año para la protección del clima. De ellos, 80.000, según los cálculos, están ya sobre la mesa. Un dinero que no aparecería sin estas conferencias.

Finalmente, las Cumbres del Clima de Naciones Unidas son uno de los pocos foros que quedan para el intento multilateral de resolver este tipo de problemas globales. Esta es una de las razones por las que el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha instado repetidamente a los delegados en Katowice a llegar a un acuerdo.

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Tal vez solo en unas pocas décadas quede claro lo que realmente han traído estas agónicas y tediosas reuniones maratonianas para el clima. El cambio climático es un problema global y solo se puede resolver de forma conjunta. Esto puede parecer una frase hecha, pero es, sencillamente, cierta. En 2020, el Tratado de París entrará en vigor. Y este es el único instrumento que queda para la protección internacional del clima. Es por eso que estas conferencias deben continuar, a pesar de todos sus defectos.

La próxima cumbre (COP 25) tendrá lugar en Chile, en fecha aún por definir, aunque sería a fines de diciembre de 2019 o inicios de enero de 2020.