Espacio de migración para aves boreales, australes y neotropicales; hogar de jaguares, pumas, primates, dantas, delfines y peces ornamentales; también refugio de paso de fauna acuática en constante éxodo; territorio con la mayor riqueza de mamíferos del país, y la más amplia diversidad de especies de escarabajos coprófagos (que se alimentan de heces) en el Escudo Guayanés; lugar con tres especies de plantas únicas en Colombia y el mundo; y punto geográfico con ocho nuevos registros de camarones y plantas. 

Eso es parte de lo que encontraron los más de 50 científicos que se "tomaron" el río Bita para realizar la primera gran evaluación biológica de esa joya natual ubicada en el departamento del Vichada.

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En la expedición, realizada por el Instituto Humboldt y la Fundación Omacha, con apoyo de la Gobernación del Vichada, participaron más de 50 investigadores de universidades, institutos del Sistema Nacional Ambiental (Sina), organizaciones no gubernamentales y comunidades locales, quienes evaluaron la flora y fauna del lugar, tanto en época seca como lluviosa.

Los resultados, compilados en la publicación Biodiversidad del río Bita, demuestran la gran diversidad biológica de la cuenca: 424 especies de plantas, 3 de esponjas de agua dulce nunca antes estudiadas en Colombia, 34 de escarabajos coprófagos, al menos 87 de macroinvertebrados acuáticos, 11 de crustáceos entre camarones y cangrejos, 254 de peces, 19 de anfibios, 38 de reptiles, 201 de aves y 63 de mamíferos.

La investigación en uno de los ríos colombianos catalogados como de integridad ecológica primitiva por su gran estado de conservación, cubrió un total de 200 kilómetros de los 710 que tiene de longitud. El Bita, que se alimenta de más de 5.000 quebradas y pequeños cauces que al confluir lo conforman nace en el municipio de La Primavera y desemboca en el río Orinoco.

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Esta zona geográfica se encuentra influenciada por el llamado Escudo Guayanés, una alineación geológica conformada por la Guayana Venezolana, la región norte de Brasil, GuyanaSurinamGuayana Francesa y en la región amazónica, en el departamento de Guainía, surgida hace cerca de 200 millones de años después de la ruptura del súper continente Pangea.

En la actualidad, el Bita presenta ecosistemas con alto grado de conservación: comunidades vegetales de palma de moriche y bosques en las riberas en los que habitan dantas y venados; en sus aguas se encuentran pavones, peces “bandera” (emblema del Vichada), arawanas azules y sapuaras; también rayas, esponjas de agua dulce y la tortuga charapa, características que permiten considerar a este afluente como el río de la vida y el de mejor estado de conservación en la cuenca del Orinoco con un total del 95 % de coberturas naturales, 2,5 % en procesos agrícolas y forestales, y un  3% en áreas urbanizadas.

Aun así, la cuenca es objeto de distintas amenazas, a diferentes escalas. Al respecto, la publicación menciona que los riesgos están relacionados “con la minería y agricultura en los páramos, la tala y deforestación en el piedemonte (uno de los cuatro ecosistemas más amenazados en Colombia, según los estudios de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia), las explotaciones agrícolas y pecuarias en los Llanos Orientales y los megadesarrollos agrícolas planeados o en curso en las erróneamente denominadas “sabanas mal drenadas de la altillanura”, las cuales no son otra cosa que remanentes del Escudo Guayanés que afloran en nuestro territorio, asimilándolos ecológicamente con el Cerrado, región brasileña con la que comparte algunas características pero que de ninguna manera puede equipararse”, dice el documento.

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Los resultados obtenidos demuestran que el Escudo Guayanés de la Orinoquia colombiana es mucho más diverso de lo pensado, y que cualquier intervención que se haga en él debe planearse de manera cuidadosa y responsable para no afectar la funcionalidad ecológica de sus ecosistemas.
 
En lo relacionado a flora y fauna silvestre, los datos generados servirán de insumo valioso para diseñar un plan de manejo de la cuenca e impulsar figuras de conservación y de toma de decisiones basadas en información científica que apoye, también, la construcción de indicadores de biodiversidad susceptibles de monitoreo a largo plazo.

Finalmente, la presencia de especies carismáticas, como los delfines de río, las nutrias, diferentes aves y peces como los pavones, permitirán consolidar procesos de turismo sostenible de naturaleza y fluvial que podrían constituir un importante aporte económico en la zona.