El Salto del Tequendama, en el municipio de Soacha y a menos de dos horas de Bogotá (centro de Colombia), ha sido uno de los lugares más emblemáticos en la historia del país. Por él pasaron Gonzalo Jiménez de Quesada -fundador de la capital-, José Celestino Mutis en su gran Expedición Botánica e incluso el reconocido científico alemán Alexander von Humboldt. Todos quedaron maravillados ante la imponencia que adquiría el río Bogotá en una caída de agua de 157 metros de altura.

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Cerca del icónico lugar se inauguró, en 1928, un lujoso e imponente hotel de arquitectura francesa que terminó por impulsar el turismo en la zona. Sin embargo, la acelerada contaminación del río Bogotá fue desincentivando el interés de los visitantes. Además, la desviación del río para la generación de energía eléctrica disminuyó el caudal que cae por el Salto y la gigantesca cascada parecía completamente seca. Los malos olores y un río que perdía su intensidad terminaron por ahuyentar a los turistas. El hotel cerró sus puertas en la década de los 80 y el Salto del Tequendama empezó a transformarse en un simple recuerdo.

Rescatando un patrimonio del olvido

A pesar de que este patrimonio colombiano parecía estar condenado a la desaparición, había quienes se empeñaban en que esto no ocurriera. Ese es el caso de María Victoria Blanco, directora de la Fundación Granja Ecológica El Porvenir, quien desde hace más de 20 años trabaja en la restauración del bosque de niebla del lugar. Con el paso del tiempo se interesó en rescatar el viejo hotel abandonado y finalmente, en 2012, logró abrirlo al público como un museo: la Casa Museo Tequendama.

Blanco tuvo que encarar varios obstáculos, los cuales ha ido ganando poco a poco a pesar de que la lucha no ha sido fácil. “La restauración y conservación del Salto del Tequendama y la Casa Museo no son un ideal, hace mucho tiempo se convirtieron en mi proyecto de vida”, le dice a Mongabay Latam.

Así de seco luce el Salto del Tequendama en muchos momentos del año. Reclaman un mayor caudal ecológico. Foto: Wikimedia Commons.

Así de seco luce el Salto del Tequendama en muchos momentos del año. Reclaman un mayor caudal ecológico. Foto: Wikimedia Commons.

El primer reto para ella, su Fundación y quienes la apoyan, fue exigir que el Estado protegiera este patrimonio. El gran logro se dio el 20 de septiembre de 2018, cuando el Ministerio de Cultura emitió la resolución 3335“, por la cual se declara Bien de Interés Cultural del ámbito nacional el inmueble denominado ‘Casa Museo Salto del Tequendama’”. En segundo lugar, Blanco ha tenido que luchar contra el centenar de mitos que hablan de fantasmas y espantos en el Museo, lo cual ha hecho que muchos se abstengan de visitarlo o que quienes lo hacen, ingresen indebidamente en el lugar en busca de “contacto” con los espíritus de quienes se suicidaban en la cascada.  Finalmente, una de las batallas más fuertes que enfrenta es por el poco caudal que le han dejado al río Bogotá y que afecta el atractivo paisajístico y natural del Salto del Tequendama.

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El gran problema es que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) renovó la concesión de las aguas del río para generación eléctrica a la empresa Emgesa y, según dice Blanco, autorizó dejar un caudal ecológico de solo 1 metro cúbico por segundo (m3/s). “Se hizo una modificación a una resolución de 1997. Ni siquiera se hizo un nuevo estudio, y para nuestra sorpresa se concesionó a la multinacional un caudal de 34 metros cúbicos por segundo para generar energía y se dejó un caudal mínimo de solo un metro cúbico por segundo. Esto es absolutamente insólito, además que a la fecha no hay ningún plan de compensación”, comenta.

El tema del caudal ecológico es confirmado por Emgesa. La empresa le aseguró a Mongabay Latam que de acuerdo con la disponibilidad del recurso hídrico, se garantiza un mínimo de 1 m3/s como caudal ecológico y que “la concesión de aguas para la operación de nuestras centrales fue renovada hasta el año 2038”. La compañía además asegura que en la zona (las Cadenas Pagua y Casalaco del río Bogotá) generan en su conjunto 860 Megavatios (MW), alimentando el sistema de energía interconectado nacional, con una energía media equivalente a 53% de la demanda de Bogotá y que “garantiza la atención de más de 2,4 millones de clientes residenciales, comerciales, industriales y oficiales ubicados en Bogotá y su zona de influencia, bajo condiciones adecuadas de calidad y confiabilidad”.

El antiguo hotel del Salto del Tequendama es hoy un museo que acaba de ser declarado como Bien de Interés Cultural para Colombia. Foto: Wikimedia Commons.

A pesar de esto, el poco caudal ecológico para el Salto del Tequendama sigue preocupando. Para Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, no puede ser que el tema de generación eléctrica de una empresa privada prevalezca sobre la importancia paisajística y ecológica. “El Salto opera como un gran oxigenador del río Bogotá y en la medida en que no hay agua, todos los procesos biológicos abajo se ven tremendamente reducidos”, asegura. Además, Baptiste resalta el valor histórico nacional de este monumento colombiano que hasta estuvo presente en el billete de 1 peso en 1959. En cuanto al turismo, dice que una cascada sin agua no tiene mayor atractivo ni incentiva la visita del lugar.

Carlos Antonio Bello Quintero de la dirección de Evaluación, Seguimiento y Control Ambiental de la CAR comenta que la modificación de la concesión de aguas otorgada a Emgesa se hizo de acuerdo al informe Técnico 102 de 2016, en el que se determinó que el caudal ambiental en las compuertas de Alicachín -que se abren y cierran para permitir el paso de agua hacia el Salto- debía ser de 3,5 m3/s, pero que está sujeto a revisión una vez el Ministerio de Ambiente genere la metodología para su cálculo acorde con lo dispuesto en la Sentencia del Consejo de Estado de 2014 sobre el río Bogotá.

Puede leer la historia publicada originalmente en Mongabay Latam

https://es.mongabay.com/2019/01/salto-del-tequendama-riesgo-patrimonio-colombia/